domingo, 4 de agosto de 2013

CAPÍTULO 21.

—Hecho. -me dejé caer en la cama, al lado de Harry.
—Gracias. –me despojé de mi ropa bajo las sábanas y la lancé por el suelo.
—No me des las gracias, dame sexo. –giré la cabeza hacia él y luego me centré en una revista que guardaba en la mesilla.  Él negó con la cabeza y siguió jugando con su móvil. – Si sigues mandando mensajitos a alguna de tus perras, te cortaré los dedos.
—Pero si no estoy…
—Venga ya, Harry. Solo te falta sonreír al leer el mensajito y ya será oficial.
—Me encanta la confianza que tienes en mí. –volvió a negar y siguió a lo suyo, mientras yo me entretenía con el horóscopo. Entonces, al leer la predicción de mi signo, solté una carcajada.
—¿Quién es ahora la de la sonrisa, eh? –vaciló.
—No creo en los horóscopos pero esta mierda acierta siempre. Escucha mi predicción sexual: “Su gran calidad a la hora de besar, hace que se le perdone todo, incluso su falta de fidelidad. Excelente besador. Zonas eróticas de su cuerpo: cuello y caderas.”
—Yo borraría lo del excelente besador y la gran calidad a la hora de besar, pero dejaría lo de la falta de fidelidad. –me echó la lengua y recibió un golpe de mi parte- ¿Solo te fijas en la parte sexual, verdad?
—Es la única que merece la pena. ¿Tú eres acuario, cierto? –asintió y busqué con la mirada hasta encontrarlo.– “Aunque es un gran besador, su carácter provoca que muchas veces no se conforme simplemente con los labios. Bueno en la cama. Zonas eróticas de su cuerpo: cabello y orejas”. –fui alzando el ceño ante la también verdad de aquellas palabras.
—Tienes razón, siempre aciertan. –soltó el ahora una carcajada y gruñí. Dejó de nuevo el móvil en la mesilla y se centró en la predicción.
—Vaya sarta de mentiras. –escupí, y pasé página, justo por el centro de la revista, donde siempre se dejaban ver anuncios para cuidar la línea y adelgazar. Uno de ellos vendía una especie de sobres de té con un efecto gastrointestinal para adelgazar…o eso decía el anuncio.– ¡Cómpramelo, Harry, cómpramelo! –puse la hoja delante de su cara y apartó la revista, mirándome irónico.
—¿No vas a parar con eso, verdad?
—Nop. –dije agenciando el sonido de una “p” al final de la palabra. Entonces rodó los ojos.
—No sé ni para qué hablo contigo.
—Tienes razón, deberías… –me lo pensé mejor y decidí callar.
—Debería, ¿Qué?
—Nada, sigue mensajeándote con Aylin y Marie y las que sean.
—Odio que empieces una frase y no la termines.
—Y yo odio las películas cursis de Navidad. Ambos odiamos algo, ¡cuántas cosas en común!, ¿no? Deberíamos casarnos. ¡Ah, no, espera! Si ya lo estamos. –lo miré con una sonrisa falsa y el soltó un gruñido, volví a centrarme en la revista.
—¿Escuchas eso? –dijo después de un rato y dejé caer la revista al suelo.
—N…-
—Shh. –puso su dedo sobre mi boca y ambos nos centramos en el oído. Era un golpe. Y otro, y otro, de nuevo. –¿Oyes ahora? –retiró su dedo y volvió a su posición, sentado en la cama a mi lado, apoyado en el cabezal.
—Sí. Es una cama, batiendo contra un tabique.
—¿Qué?
—Además creo que viene de la habitación que ocupan mis padres. –clavó su mirada en mí, como si no lo entendiese. ¡Más claro agua!– Mis padres, cama chocando contra una pared, ambos con menos de cuarenta años… ¿Unes las piezas o quieres que te resuelva yo el acertijo? –alcé el ceño, mirándolo también.
—¿Quieres decir que…? –cambié el semblante, a uno irónico. Me moví bajo las sábanas para quedar sentado sobre él.
—Están divirtiéndose, pasándolo en grande…
—Ahora tengo bien claro que mi teoría del proyecto fallido es falsa. Eres hija de ellos, sí o sí. –sus manos se amoldaron a mi cintura, acercándome más a él.
—¿Estás incitándome a hacerles competencia? -si es lo que quería... Acabé por pegarme de todo a él con un movimiento sobre su pelvis que me aseguraba que no iba a negarse.
—No hagas eso… -dijo mientras mis manos descendían por su pecho con la intención de quitarle la camiseta y me incliné hacia uno de sus oídos.
—Por supuesto que voy a hacerlo, cariño. –susurré– Voy a hacerlo hasta que no puedas resistirte. Y reza porque tus padres tengan un sueño profundo. –entonces conseguí quitarle la camiseta por la cabeza.
—Para. –soltó con la voz ronca por la excitación.
—Oblígame. –hizo caso revolviéndonos bajo las sábanas hasta hacerme quedar bajo su cuerpo.– O me atas, u olvídalo.  Sigo pudiendo hacer esto. –descendí mis manos, de nuevo, por su cuerpo hasta la banda elástica de sus bóxer y estos cayeron por sus piernas gracias a que las mías los deslizaban por ellas.
—Odio que siempre consigas lo que quieres. –aun así hundió su cabeza en el hueco de mi cuello, besando mis clavículas.
—Entonces tómatelo como un… “Voy a darle un poco de amor a mi mujer, así intento remendar haberla llamado gorda”. –soltó un suspiro y volvió a hablar, sin separarse de mi cuello.
—Voy a ignorar lo de que te llamé gorda, porque sabes que no iba en ese contexto. –hizo una pausa.– Qué bien suena lo de “mi mujer”. –otra pausa mientras se desplazaba hasta mi pecho, delineándolo con la lengua y colando sus manos bajo mi espalda para soltar el broche que mantenía el sujetador. Cuando este lo hizo, lo lanzó al otro lado de la habitación rápidamente.– Mía. –besos y besos en mis pechos mientras que sus manos avanzaban hacia mis caderas.
—Qué posesivo te me estás poniendo. –reí mientras mi culote se deslizaba por mis piernas a una velocidad de vértigo y se perdía entre las sábanas que nos envolvían. – Y normalmente esa soy yo. –cambié las posiciones de nuevo y me lamí los labios debido a la sensación de volver a estar desnuda sobre él. Posó sus brazos en mi espalda y tiró para pegarme a él, retirar mi pelo hacia un lado, y succionar una pequeña parte de piel en aquella zona.
—Ahora eres mía. –dijo al separarse y supe que en mi cuello había dejado una gran mancha rojiza y húmeda que tardaría lo suyo en desaparecer.
—Ya era tuya.
Me dejé caer a su lado para que se colocara entre mis piernas y no tardé en sentir el calor de su cuerpo eclipsar el mío. Sus labios se unieron a los míos, mientras yo tiraba de su cuerpo más hacia mí. Sus manos se colocaron a ambos lados de mi cabeza, y su primer movimiento me hizo morder su labio inferior.

Las embestidas, rápidas y profundas, me hicieron empezar a jadear. El primer golpe de nuestra cama contra la pared nos pilló de improviso, mientras yo mordía su lóbulo de la oreja, por lo que reí cerca de su oído y él dejó de morder uno de mis senos para sonreír sobre él. 
—Quiero estar encima. -susurré allí, en su oído, y él acercó sus labios a mi cuello.
—Tus deseos son órdenes, Smith. -en un movimiento ágil yo quedé sentada sobre él, bajo aquellas sábanas. Mis manos rápidamente viajaron al cabezal de la cama, el cual batía velozmente contra la pared cada vez que Harry aumentaba la velocidad de sus impulsos. Besé sus tatuajes intentando aguantar los gemidos que se retenían en mi garganta, hasta que el primero salió entre mis labios. Y detrás de él, otros tantos. Mi respiración estaba completamente acelerada y lamí mis labios cuando presioné el miembro de Harry entre los labios menores del mío cada vez que salía de mí, provocando que sus iris oscurecieran y sus gemidos sonasen altos. Conocía bien cómo hacer disfrutar a mi hombre.
 
No nos detuvimos hasta llegar juntos al clímax, cumbre de las sensaciones, a pesar de que esta vez contábamos con oyentes. La cama embistió por última vez contra la pared junto con el último movimiento de Harry antes de salir completamente de mi cuerpo.
 
Aun así no me bajé de su cuerpo. Enrollados bajo las sábanas blancas pegué mi frente a la suya y reímos. Reímos mientras él me acariciaba la zona baja de la espalda y yo dejaba breves besos sobre sus rosados labios. Su reparación, tanto como sus pupilas, seguían alteradas.
 
—Deberíamos hacer una lista. -susurré.
—¿De qué?
 
—De sexo, lugares y posturas en las que hacerlo. Y vamos tachando...
—¿Hablas en serio? -alzó el ceño.
 
— Sí. Siempre y cuando seas capaz de seguir mi ritmo. -vacilé e hizo un cambio de posiciones, haciéndome gemir y dejando mi cuerpo aprisionado entre la cama y el suyo.
 

—¿Decías, cariño?