domingo, 28 de abril de 2013

CAPÍTULO 8.

—¡Pienso incendiar este sitio! -grité dirigiéndome hacia Chloe- Consígueme gasolina, mucha, litros y litros.
—¡A la orden!
—¿Y qué piensas hacer después, pasar el resto de tu vida en la cárcel? -preguntó irónica una voz femenina a mis espaldas. Me giré y bufé al ver como Styles y su Aylin me miraban burlones.
—No. Después quemaré tu casa mientras duermas y bailaré sobre tus cenizas desnuda.
—Pienso hacer que mi cliente gane los tres millones y además una generosa indemnización de tu parte.
—¿Para que pueda pagarte los servicios, no? -la dejé roja de la rabia, seguro que ahora quería estrangularme.
—¡Arderás en el infierno por puta! -explotó.
—A mí no me quieren ahí -solté, diciéndole adiós con la mano, y saliendo sonriente por la puerta.

—¡La gasolina! -me señaló Chloe cuando salí- ¿Cómo la echamos por el edificio?
—Encontré otra cosa mejor que incendiar.
—¿El qué?
—¿Ves ese Aston Martin? -asintió- Es el coche de la puta de mi Styles.
—¿Tu Styles? -sonrió pícara.
—Es mi marido, no recuerdo su nombre.
—Harry.
—Pues ahora quemaremos el coche de la abogada de Harry.
—¡Fuego! -exclamó como una loca echando toda la gasolina de golpe sobre el coche- ¿Haces los honores? -preguntó tendiéndome un mechero. Lo deslicé lentamente por una de las ruedas y empezó a arder. Salimos corriendo y riendo de la plaza de aparcamiento hacia nuestra limusina. Chocamos las manos al ver desde el techo solar la explosión que provocaba el diesel del motor del coche.
—¿Cómo crees que se tomarán tus padres la sentencia? -preguntó sentándose de nuevo en los asientos.
—Ni idea, mi abogado se lo dirá. Ahora sí nos vamos a un hotelazo de lujo hasta que Styles acepte que tiene que cuidar de mí.
—¿Le harás la vida imposible?
—Cómo lo sabes, cariño.

[…]
—¿¡Quién coño te llama a las siete de la mañana!? -preguntó, furiosa Chloe, tapándose la cabeza con la almohada, debido al molesto ruido de mi móvil.
—Ni idea, pero que se prepare para morir.
El número era desconocido, pensaba cagarme en sus muertos como no fuese de vida o muerte.
—¡Hola!, soy _____ Smith y en este momento estoy en plena práctica del acto sexual. Por favor, no dejes tu mensaje después de oír el orgasmo. -dije imitando la voz del buzón.
—Pienso decirle al juez que me pones los cuernos. -oí al otro lado.
—¿Harry?
—¿Ya has acabado con el acto sexual?
—¿¡Qué mierda quieres!?
—Te recuerdo que tienes que venirte a vivir conmigo, ¿o te has olvidado?
—¿Hoy?
—Cuanto antes empecemos, antes se terminará el año que tenemos que pasar juntos. -suspiré, ¿no podía haberme casado con otro?
—Dónde y a qué hora.
—Delante del tribunal en media hora.
—¿Es tu Styles? -preguntó Chloe con sorna y una mirada pícara cuando colgué.
—Hoy me voy a vivir con él, ya sabes, la sentencia.
—Vais a tener tanto sexo que tus piernas no volverán a tocarse nunca.
—Tuve sexo con él un par de veces y acabé en un tribunal, creo que no repetiré.
—Te echaré de menos -dijo entre risas.
—Sal con Zayn, es amigo de Harry y así podrás venir a mi nueva casa sin que él piense que vienes a hacer una orgía o algo parecido -me levanté y alcancé las maletas. Si prestaba atención incluso podría oír a mi padre gritar. Seguramente el abogado ya le comentase la sentencia y mi accidente con el coche de Aylin no tardaría en salir en las noticias. Le iba a costar cara a papá.

[…]
—Follaré por ti y por mí -se despidió Chloe con un abrazo, antes de que me acercase a Styles.
—¿Lista? -preguntó, pero una rubia, seguramente teñida, contestó por mí.
—¡_____ Smith! ¡Vas a pagarme el coche! ¿Estás demente o qué? ¡Deberías ir a un manicomio!
—¿Qué le pasa a esta ahora? -pregunté a Harry al escuchar como Aylin deliberaba sola y se acercaba a nosotros.
—Le quemaste el coche, ¿qué esperabas?
—Yo le avisé de que iba a hacerlo y ella se lo tomó a broma, esto le enseñará que debe dormir con un extintor al lado.
—¡Estoy casado con una loca! -exclamó entrando en el coche.
—Las mejores personas lo están -dije imitándole.
—Tú no eres una persona, eres un diablo ¡con cuernos!
—¡Abre la puerta y da la cara! -oí desde fuera y bajé la ventanilla.
—¿Quieres ir al barro?
—¿Me estás vacilando? ¡Vas a pagarme el coche! O te denunciaré.
—¿Quieres que te enseñe por dónde pienso pasarme tus denuncias?
—¡Pienso arruinarte!
—Y yo quemarte viva, consigue un extintor.
—¡Demente!
—¡Tus insultos me valen mierda! -exclamé y subí de nuevo la ventanilla, Harry ya se había puesto en marcha.
—¿A dónde vamos? -pregunté por la localización de su casa.
—Destino Nueva York.
 

domingo, 21 de abril de 2013

CAPÍTULO 7.

—Qué sorpresa. -dijo irónico al verme.
—Nada agradable a la vista -respondí a su juego.
—Veo que necesitas desesperadamente ese dinero -sonrió de costado, ¿me vacilaba?
—La verdad es que no, pero prefiero quemarlos antes de que los tengas tú.
—Qué amable... Si mal no recuerdo no pagué tus servicios la última vez.
—Te pasaré la cuenta.
—¡Vaya! ¡La familia Styles! Me alegra ver que no se divorciaron a los dos días. -lo cortó el juez y reí por dentro con la última frase. No habíamos durado ni dos horas casados- Pasad, por favor. 
Chloe me guiñó un ojo y volvió a subir a la limusina. Siguió la ruta, seguramente hacia su amado Bellagio y yo seguí a mi "marido" y al juez. Una vez llegamos a su pequeño despacho, nos tendió el cheque, que los dos al mismo tiempo cogimos.
—Cariño, -dije- Yo llevaré el cheque, los dos sabemos lo torpe que eres. 
—Mi amor, -me siguió el juego de forma irónica- yo no fui el que perdió la ropa por medio de la ciudad. 
—¡Dame el jodido cheque antes de que te explote los huevos de un puñetazo! -exclamé. 
—Yo me lo quedaré, monada. 
—¿Ah sí? -pregunté sonriente- ¡Quiero el divorcio! -gritamos esta vez al unísono.
—¡Sepárenos pero ya! -obligué al juez. 
—Otra pena de matrimonio -suspiró- Verán, señores Styles, como todo lo que sucede en Las Vegas, vuestro matrimonio es oficial en los demás estados porque está firmado por un juez de paz, el problema, amigos míos, es que...
—¡Ve al grano, coño! -grité ya harta.
—Puedo unir, no separar. Si queréis la división de poderes debéis ir a juicio. Ya sabes, a uno de verdad. 
—¡Estás colmando mi paciencia, juez de mierda! ¡Firma el puto divorcio con el cheque a mi nombre o tendrás problemas con tu zona masculina hasta el final de tus días! -amenacé, pero para mi sorpresa el Styles me cogió del brazo y me sacó a fuera del establecimiento.
—Vuelve a tocarme y te jodo los dedos. 
—¡Deja de ser tan malhablada y escucha de una puta vez!
—Fue hablar el santo...
—Iremos a juicio.
—¿Qué?
—¿Quieres los tres millones o no? Nos divorciaremos como Dios manda y pelearemos por el dinero.
—Lo que acabas de decir, en una cama con esposas y látigo suena mejor -ronroneé. 
—No tienes remedio -rodó los ojos- Y eso que ni te conozco.
—Está bien, ¿quieres ir a juicio? Nos vemos en los altos tribunales de Chicago la semana que viene, campeón. 

Localicé a Chloe, ya bebida, y con ayuda de la seguridad del aeropuerto, conseguimos subirla al helicóptero privado. 
—Tienes un problema con el alcohol, tía...
—Cuando tengas 80 años y no puedas beber por que los jodidos riñones no funcionan, te arrepentirás -dijo intentando parecer seria, pero con una botella en la mano, no lo conseguiría- ¿Y bien? Déjame ver esos millones.
—No los tengo...
—¡Sabía que el señor polla grande te ganaría! -me cortó.
—¿¡Pero tú de qué lado estás!? Vamos a ir a tribunales la semana que viene.
—Necesitamos un buen abogado... ¡Prepara el método de chantaje! Tanga rojo y condones con lubricante, necesitamos a uno con los dos cojones de frente.
—Ya sé que necesitamos un buen abogado, y se quién puede conseguirme uno. -sonreí y le hice ademán de que se callase, para hablar por teléfono. Me aclaré la voz y después de tres 'bips' descolgaron.
—¿_____? -oí la voz de mi padre.
—La misma, papi.
—¿Qué necesitas?
—¿Por qué insinúas que te llamo para pedirte algo? 
—Porque estás en Las Vegas y no te acordarías de que tienes familia a menos que necesites algo con urgencia. -Vaya, era bueno.
—Iré al grano. ¿Recuerdas que estoy casada?
—Cómo para olvidarlo...
—¡Pues voy a divorciarme! Pero necesito un buen abogado, uno que deje a la altura del betún a mi supuesto marido -oí un suspiro al otro lado.
—¿A dónde te lo envío y cuándo? 
—En un par de días, en el tribunal superior de Chicago. 
—Allí estará.
—Gracias, adiós "papi" 
Reí cual loca cuando colgué. Ese Styles se iba a enterar. 

~ TRES DÍAS DESPUÉS; LUNES 13 SEPTIEMBRE ~ 

Las voces se iban apagando a medida que yo subía las escaleras y todas y cada una de las personas que allí había se giraba para mirarme. En la entrada del tribunal me esperaba mi, pronto, ex marido. El ruido de mis tacones pasó a ser lo único que se escuchaba allí. Me acerqué a él con sorna, a su lado, el que supuse sería su abogado, observaba cada detalle de mi vestido embelesado.
—¡Te casas con este pedazo bombón y la dejas ir! ¿Estás borracho, tío? -dijo besándome la mano.
—Estuve borracho como para casarme con ella. 
—¿Este es tu abogado? -reí irónica, metiéndome en la conversación, el caso estaba ganado.
—Él es mi mejor amigo, Zayn.
—Malik -concluyó el moreno con una sonrisa.
—¡Qué culo tienes, me haría lesbiana por ti! -oí gritar a mi amiga y me fijé en ella, que subía las escaleras del tribunal. 
—Fue hablar la de las tetas grandes... -no pude acabar de decir mi frase. Un moreno me cortó.
—¿Quién es ella, Dios mío? Creo que me he enamorado.
—Hoy ya te has enamorado unas siete veces, por favor Zayn, controla a tu amigo.
—¿Ya tienes a otro más? -preguntó mi amiga al ver al moreno y sonrió. Mientras ellos solos empezaban a hablar como si de siempre se conociesen, nos escabullimos hacia dentro de la sala jurídica. Mi abogado estaba ya en la sala, y para mi sorpresa, la abogada de mi marido también. 
—¡Aylin! -oí como decía su nombre y se daban la mano, fijísimo que se la estaba tirando. 
—Buenos días Bruce -dije y di la mano a mi abogado. 
—Buenos días señorita Smith. 
El juicio no tardó en comenzar y el juez pronto hizo acto de presencia. 
Aylin, la puta, digo abogada de Styles, salió primero al estrado y expuso la historia, variando tantas cosas que seguramente ni mi nombre verdadero dijese. El primero en salir al estrado fue él, preguntado por su propia abogada.
—¿Es cierto, señor Styles, que usted se casó con conciencia y en completas condiciones físicas y mentales? 
—Cierto.
—¿¡No se supone que no se debe mentir!? -interrumpí. 
—Por favor, señora Styles, mantenga silencio -ordenó el juez. Le cortaría los testículos si volvía a llamarme así.
—Continuando, -volvió la "asombrosa" y extremadamente cara, puta de mi marido a hablar- ¿Es cierto que la señora Smith estaba en completo estado de ebriedad cuando aceptó casarse con usted?
—Cierto.
De todas las preguntas que siguió haciendo Aylin, no había una que él hubiese contestado con la verdad. Estaba empezando a aburrirme hasta que no tuvo mejor idea que llamarme a mí al estrado. 
—Suba al estrado la señorita ______ Smith. ¿Jura decir la verdad, y nada más que la verdad? -dijo acercándome un libro, el que no toqué mucho debido a la gran cantidad de polvo.
—Si Styles admite que se folla a esta prostituta y que la mitad de sus respuestas son mentira, sí. 
—¡Señorita Smith! 
—Que sí, ¡que lo juro!
—Bien, -intervino la rubia plana- ¿Es cierto que usted se encontraba en Las Vegas sin consentimiento paterno?
—Es cierto que soy mayor de edad y puedo ir legalmente a dónde quiera sin consentimiento paterno. 
—Señoría, he pedido un sí o un no -protestó. 
—Abogada Aylin, esa pregunta no es coherente, ni tiene que ver con el tema del dinero, queda invalidada. -mis neuronas empezaron a bailar y a gritar 'jódete, por puta' a la rubia que tenía delante. _____ 1 - Aylin 0. 
—Entonces, ¿es cierto que fue usted quien arrastró a mi cliente a aquel juez de paz, sin pedirle opinión?
—Eso es falso, él podía haberse negado.
—Pero, usted no preguntó... -quiso seguir hablando, pero la corté. 
—Espere, espere, ahora mi pregunta -quiso objetar algo, pero la hice callar- ¿Qué se siente al ser una tabla de planchar? -escuché una risa al fondo que provenía de Chloe, después la de Zayn, y también vi como Styles soltaba una pequeña sonrisa. La cara de "Aylin" estaba como un mapa, un mapa del infierno.
—¡Señoría! ¡Pido orden! ¡La pregunta no es coherente!                                                                             
—¡Tu falta de tetas sí que no es coherente! -me defendí.
La saqué de quicio y dejó las preguntas, durante el resto del juicio la interrumpí varias veces, haciéndole la vida imposible. Ella no era la única que se estaba hartando, el juez debía odiarme por provocar un escándalo en un tribunal. ¿Volveré a salir en las noticias? Reí solo de pensarlo.

—¡Basta ya! -el grito del juez y el par de golpes que dio a la mesa me hicieron despertar de mi sueño- Estoy harto de esta pareja de jóvenes. Yo no tengo por qué aguantar a dos críos peleándose por un caramelo- un caramelo de tres millones de dólares- Cuando yo tenía vuestra edad, el matrimonio era algo respetable, y se hacía cuando estaba seguro de que amabas a esa persona, ¡pues no había vuelta atrás! ¡No te casabas después de correr desnuda por las calles y beberte tres botellas de alcohol de golpe! -algo me decía que había visto las noticias- Congelaré el dinero hasta que aprendáis lo que es el matrimonio. Ninguno de los dos verá un céntimo hasta que no sepáis lo que es compartirlo todo con otra persona. Conviviréis juntos y asistiréis a terapia de pareja semanal. Nada que objetar, así que... -¿nada que objetar? ¡Yo tenía tres millones de cosas que objetar!- ¡Yo os declaro marido y mujer! -fue lo último que dijo antes de abandonar la sala.

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Es otra novela de "Harry Styles y tú´" ¡No os arrepentiréis! ♥

domingo, 14 de abril de 2013

CAPÍTULO 6.

¿Os acordáis de aquel castigo que mi padre me había puesto al volver de Las Vegas? No había durado más de dos horas. Y hoy, tres meses después, sigo saliéndome con la mía.
—Buenos días -dije al sentarme en la mesa del comedor, mientras una de las criadas me servía el desayuno.
—Buenos días cariño... -dijo, ¿incómoda?, mi madre- Esto, ha llegado para ti. -me entregó un sobre blanco, con remitente Las Vegas. ¿Será del chico de rizos? ¡Sabía que no podría olvidarse de mí! Reí irónica y abrí el sobre. Cuál fue mi sorpresa al saber que no era suya, pero sí tenía que ver con él.
" Señor y señora Styles, como pareja 100 millones que se conyuga en nuestro juez de paz, os obsequiamos con 3 000 000$. Ambos deberán presentarse antes del día 10 de Septiembre en el juez de paz para recibir el cheque firmado por el mismo. Saludos. "
Reí al acabar de leer la carta, ¡era 3 000 000$ más rica!
—¿Se puede saber de qué se trata? -preguntó mi padre sacándome de mi celebración mental.
—Necesito un par de billetes para Las Vegas. Para mañana mismo.
—No crees que es un poco...-intentó decir delicadamente mi madre.
—¡Imposible!, ¡arriesgado!, ¡una locura! -empezó a decir mi padre.
—¿Recordáis que estoy casada? -dije mostrándoles mi anillo, del cual aún no me había desecho, por suerte- Pues la cosa es que...

[…]

Papá y mamá no se lo habían tomado tan mal como yo había pensado, aun que, después de explicárselo todo, saltándome alguna que otra figura del kamasutra, no habían tenido otro remedio que conseguirme los billetes.
—¡Volvemos a Las Vegas! -exclamó Chloe en primera clase cuando el avión se elevó en el aire- ¡Cubatas por favor!
—¿Dónde te has ganado el título de rubia? -pregunté rodando los ojos. Me propinó un suave codazo y rió- Además, no vamos de fiesta, llegaremos allí lo antes posible, diré que mi "marido" está en una reunión de trabajo y me largaré con los tres millones de dólares.
—Qué falsa eres, ¡me encantas!

Chloe se lanzó a besar el suelo tan pronto aterrizamos, literalmente. Sin hacer ninguna otra parada nos dirigimos al juez de paz. Observaba las calles pasar mientras Chloe, con la cabeza por fuera del techo solar, gritaba como una loca. No podía creer que se pasase de fiesta las veinticuatro horas del día.
Volví a observar el bonito anillo de mi dedo mientras ideaba una especie de plan. Llegaría y me largaría con el dinero sin darle tiempo siquiera al castaño a aparecer.
—¿Y bien? Cuéntame tu maravilloso plan -dijo Chloe metiendo la cabeza dentro, cuando la limusina llegó a su destino.
—Diré que él está en un congreso de trabajo porque es un empresario muy importante y que, lamentándolo mucho, no va a poder asistir.
—¿Y cómo sabes que no vendrá? O mejor dicho, ¿cómo sabes que no se está riendo de ti con el cheque entre las manos?
—¡Vamos! Es imposible que le diese tiempo a llegar a Las Vegas antes que a mí. Además deberías saber que _____Smith, siempre se sale con la suya. -dije saliendo tras de ella de la limusina.
Cuál fue mi sorpresa al ver otra limusina parada en delante de la nuestra y una mata de rizos salir de ella. 

domingo, 7 de abril de 2013

CAPÍTULO 5.


Un inconfundible olor a Ballentines hizo que mis ojos se abriesen lentamente. Volví a cerrarlos cuando noté un pinchazo en la cabeza. ¿Dónde estaba? En mi habitación de hotel, en Las Vegas. Vi a Chloe dormida en la cama de al lado, con una de las piernas por fuera, el rímel por la cara y, la dichosa botella de ron en mano. Sonreí, tenía un montón de lagunas sobre la noche pasada, pero como siempre, seguro habíamos dejado huella. Me desperecé y me giré.
—¡Joder! -no me molesté en ahogar el grito al encontrarme con un desconocido al lado. Miré bajo mis sábanas, ninguno de los dos llevaba ropa, y vaya, el tío estaba bien dotado. Me llevé la mano a los ojos. No me molesté en ahogar otro grito que volvió a salir de mi boca al ver el anillo de plata que llevaba en el dedo.
—¿Qué pasa? -oí susurrar a Chloe.
—Soy la señora de este tío.
—¿Tiene un buen...?
—Sí.
—¿Puedo verlo?
—¡Claro que no!
—Buenos días...-oí musitar al susodicho.
—¿Buenos días? ¿En serio?
—Es lo que se suele decir por las mañanas.
—Yo me vuelvo a la cama...-añadió Chloe, que no tenía ganas de presenciar una discusión a estas horas.
—Y tú, te vienes conmigo. Tenemos que hablar.
—Primero vístete, ¿no? -alzó el ceño.
—Touché.

Bajamos en silencio por el ascensor hasta llegar buffet del hotel. Nos servimos el desayuno y, en silencio sepulcral, caminamos a la mesa.
—Yo creo...-rompí el silencio- Que deberíamos hacer como que esto nunca ha pasado. Ya sabes, lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
—Estoy de acuerdo, no sé ni tu nombre.
—Entonces podemos librarnos de esto -dije señalando mi dedo anular.
—Yo me lo quedaré, para la colección.
Reí irónica, ¿pretendía dejarme como segundo plato? ¿O más bien como postre?
—Ya sé que sueñas con estar casado con alguien como yo... Así que si quieres masturbarte mirándolo, adelante. Soy inolvidable.
—¿Insinúas que el de ayer fue el polvo de mi vida? Porque no me acuerdo.
Salí de allí mostrándole mi dedo corazón y volví a recepción. Observé la televisión con las noticias nacionales. Oh, oh. Problemas.
Llamé al ascensor unas tres mil veces y no se daba abierto, corrí por las escaleras atropellando a todo el que bajaba por ellas, y recibiendo no palabras agradables por ello.
—¡A ver si miras por donde vas!
—¡Ve a follarte a tu madre, cabrón! -grité mostrándole mi dedo del medio y entré en el primer ascensor abierto que pillé. Tiré, literalmente, a Chloe de la cama tan pronto entré.
—¿¡Pero qué te pasa!? ¿El tío ese no quería darte más duro o qué?
—¡Hay que volver a Los Ángeles! ¡Ya!
—¿Qué? ¿Por qué?
—Por esto. -dije encendiendo la plasma de nuestra habitación en las noticias nacionales.
— "Quién habría dicho que ______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes e hija del magnate financiero George Smith, se desbocaría en la ciudad del pecado."
—Vaya...-dijo al oír el titular- ¡Somos noticia, tía!
—¿Y te pones a saltar? Te recuerdo que son las noticias nacionales, mis padres pueden estar viéndolas en este momento. ¿Cómo crees que será su cara al ver a su hija medio desnuda escapar de una masa de tíos por las calles de Las Vegas?
—Pues así -dijo imitando una cara de asombro, decepción, enfado, ira y la cara del mismísimo diablo.
—Haz las maletas, nos vamos ya.
—¿Volveremos?
—Antes tengo que sobrevivir al llegar a casa.

[ … ]

Me detuve en frente de la puerta de mi casa. Adiós fiesta, bebida, tajadas, correr desnuda por las calles, casinos, sexo, un tío con rizos, ojos verdes, adiós al anillo que llevo en el dedo, y adiós a los dos magníficos días que pasé en la ciudad del pecado. Hola a la amabilidad, adorabilidad, ojitos de niña buena y hola a la personalidad que tengo que interpretar y que para nada soy yo.
—¡Buenos días familia! -grité al entrar por la puerta.
—A mi despacho, ahora. -dijo mi padre al salir de la cocina, y se dirigió allí, seguido por mi madre. Indiqué con la cabeza que subiesen el equipaje a mi habitación y los seguí.
—Corres desnuda por las calles, te emborrachas, destrozas un casino, insultas a parejas, ¡te casas! ¿Qué tienes que decir a eso? ¿Crees que no me daría cuenta? Y aún por encima, ¿Tengo que enterarme por las noticias?
—No es para tanto...
—¿¡No es para tanto!?
—Sí, te faltó el duelo sobre la tarima y la parte en la que me hice pasar por lesbiana.

—Estás más que castigada, y de por vida.
Con la última frase me reí en su cara.
—Mira -dije echando sobre su mesa los papeles que certificaban mi mayoría de edad- Tu castigo me vale mierda. -sonreí victoriosa.
—Tus papeles me valen mierda a mí. Mientras vivas en esta casa, acatarás mis órdenes.
—¿Esas tenemos? Muy bien, papá. -salí de allí y subí a mi habitación gritando el nombre de las criadas.
—No os molestéis en deshacer las maletas, y traedme unas cuantas más. Meted en ellas todas mis pertenencias, en una hora las quiero todas a la puerta.
Escogí cuál de todos los coches llevarme, mientras esperaba por mis maletas. En poco tiempo todas me esperaban a la puerta.
—¿¡Qué es esto!? -exclamó mi padre al ver como subían las maletas a mi coche.
—¿No decías que mientras viviese aquí acataría tus órdenes? Pues ya no vivo aquí.
—Cancelaré todas tus tarjetas de crédito.
—No las necesito.
—¿Dónde vivirás? ¿Y de qué vivirás? -preguntó mi madre a punto de llorar, siempre había sido su niña consentida y no dejaría que me faltase de nada.
—Dónde me quieran -fingí llanto- papá ya no lo hace.
—¡Pero George! No crees que te estás pasando demasiado. ¡Es tu hija!
—¡Una hija que corre desnuda por la calle, se hace pasar por lesbiana y desacata una de mis órdenes!
—¡Tú y yo a su edad hacíamos cosas peores!
—¡Nunca en mi vida corrí desnudo por Las Vegas, ni por ninguna otra calle!
—¡Tú la engendraste, y se quedará aquí! -dijo haciendo que yo sonriese- Puedes quedarte, cariño. Yo me ocuparé de que tu padre se relaje un poco -se dirigió ahora a mí y entonces la abracé.
____ ganaba otra vez, como siempre.