lunes, 9 de septiembre de 2013

CAPÍTULO 22.

—No están haciendo nada, ¡Qué raro! –las tres mujeres que ocupábamos la cocina reímos ante el comentario de mi “suegra”. Nosotras servíamos la cena de fin de año mientras Harry, su padre y el mío veían la televisión en el salón.
—¿Puedes ir a avisarlos, ______? A ver si a ti te hacen caso. –asentí a mi madre y atravesé el arco que daba al salón donde los hombres reían y bebían cerveza en el sofá.
—La mesa está puesta. Y no precisamente gracias a vuestra generosa ayuda. -interrumpí su diversión cruzándome de brazos y mirándolos expectantemente. Todos bufaron y se levantaron a regañadientes, entrando al comedor.  
Harry se detuvo delante de mí, mientras yo retrocedía hasta toparme con la pared.
—Alguien tiene ganas de esta noche, ¿eh?  -susurré mientras él se pegaba a mi cuerpo y besaba mi cuello. No hizo falta que contestase cuando se puso a jugar con la boca, entre mis pechos, con el colgante que me había regalado en nochebuena.
Plantó un señor beso en mis labios, que lo hizo apretarme más contra la pared y yo empecé a jugar con sus rizos. Un gemido se escapó de entre mis labios antes de oír una tos fingida.  
—¿Papá? –puse los ojos en blanco cuando nos separamos rápidamente.
—Creí que igual os gustaría saber que lo que deberíais estar comiendo es lo que hay sobre la mesa de la cocina. Pero si eso pasaros cara el postre. -rodó los ojos antes de volver a entrar en la cocina. Luego Harry y yo soltamos una carcajada para después seguirlo. Él se sentó en uno de los lugares presidenciales, y yo en el otro, justo en frente de él. Mis padres estaban a mi izquierda y los suyos a mi derecha.
La cena no resultó tan incómoda como creí. Nuestros padres parecieron caerse bien, pero no estaba segura de si eso era bueno o malo. En cambio, fue a la hora del postre cuando sus padres me hicieron una pregunta que logró que me atragantase con el turrón de chocolate.
—¿Cómo conociste a Harry, ______? Él nunca nos lo quiere contar, dice que es una historia muy larga. –mis suegros me miraban esperando una respuesta y yo aún intentaba librarme del trozo de chocolate que se había estancado en mi garganta.
A diferencia, Harry me miraba nervioso y mis padres con una mueca que decía algo cómo... «a ver que sueltas ahora.»
—Pues... -comencé intentando crear una excusa convincente.- Lo conocí estando de vacaciones. –me mordí la mandíbula interiormente evitando mirar a Harry por encima de todo.
—Unas buenas vacaciones, definitivamente. –sonrió Anne. Luego ambos siguieron mirándome y me di cuenta de que querían más historia.
—Él… Él estaba saliendo de la habitación mientras yo intentaba abrirla. Fue… fue una equivocación… nos habían dado la misma suite… –tartamudeaba. Sí señores, ____ Smith estaba tartamudeando y deseando que sus suegros se tragasen la excusa.- Luego nos conocimos más y… –vamos, ____, puedes decirlo– Se pude decir que fue… –solo es una palabra, ¡no significa nada!– ¿amor a primera vista? –mi tono sonó más a duda que afirmación. Mis ojos se clavaron en mi plato y no se movieron de allí.– Supongo que cuando lo tienes claro has de hacerlo, ¿no? Te casas y formas una familia. -tragué saliva sonoramente. E aquí la razón por la que no me van los novios. Sus padres y sus dichosas preguntas incómodas.
—Vaya, hijo, no sabía que podías sacar tan buen provecho de un viaje. –Vi por el rabillo del ojo que su padre lo miraba con una sonrisa. No solo se lo habían tragado, sino que a ambos parecía haberles gustado y conmovido la historia. Pero Harry no estaba mirándoles para darse cuenta de ello.
—Sí. Aunque quizás debería haber escogido otro maldito hotel. –Eso hizo callar a Anne y a Robin, e incluso mis padres se giraron para verlo después de su comentario. Yo tampoco aparté la vista de él, de hecho, mi cerebro se lo estaba imaginando ardiendo por idiota. Pero por desgracia para Harry, yo no era como los demás, no iba a quedarme callada.
—¡Y yo por una maldita vez en la vida debería haberle hecho caso a mis padres  y haberme quedado en casa! -medio grité. Después nuestras miradas se encontraron y estaba segura de que la mía ardía tanto, o más que la suya.
—Creo… creo que deberíamos irnos ya. Sino Times Square estará inaccesible. –fue mi supuesta suegra la que rompió el silencio incómodo. Me levanté rápidamente e igual de veloz recogí toda la mesa, dejando los platos en el fregadero.
Subí a la habitación a por una chaqueta y empujé la puerta con fuerza, la cual no llegó a cerrarse ya que Harry venía por detrás a coger la suya. Cerré la puerta de mi armario al mismo tiempo que él, después de coger el abrigo, lo que hizo que nos quedásemos cara a cara.
—Eres… –habló, furioso. Hola guerra.
—Soy qué, ¿ah? Perdona por no superar tus expectativas, cariño. –ironicé.
—De todas las excusas que podías haberte inventado, vas y sueltas la verdad decorada con indirectas.
—Ah no, he hablado de amor a primera vista ¡y yo a ti no te querría ni regalado! Aunque creo que tus padres se lo han tragado perfectamente. ¿Sabes? Creo que podrán vivir con ello.
—Con esto demuestras lo que valen tus promesas. –me fulminó con la mirada antes de salir cerrando la puerta de golpe.
“Vete a la gran mierda, Styles.”
Nuestros padres nos esperaban dentro del coche familiar de Robin. Él y mi padre fueron delante y yo me senté con mi madre, mientras que Harry lo hizo con la suya.
A tres calles de la Times, los coches ya empezaban a agolparse, pero mi padre indicó a mi suegro el lugar que nos tenían reservado.
—A ver cómo nos colamos entre la gente. –la manzana estaba llena a reventar de personas. Estaba segura de que no cogía ni una más.
—George lo tiene todo listo. –nos informó mi madre y dos gigantes vestidos de negro nos guiaron entre la gente hacia el lugar que mi padre había comprado, casi en primera fila, reservándolo para nosotros. La magia del dinero.
Estaban a punto de dar las doce. Mis padres y mis suegros hablaban rezagados más atrás mientras yo y Harry estábamos cruzados de brazos.
No entendía el hecho de que se hubiese enfadado. Era a mí a quién habían puesto bajo presión, no a él. Yo tuve que inventarme una excusa en treinta segundos, no él.
Yo había hecho que sus padres quedasen conformes, ¡no él!
Nuestros padres acercándose me hicieron dejar de frustrarme mentalmente para escucharlos.
—Queda un minuto, ¡empieza la cuenta atrás! –celebró mi madre.– ¿Listos para el beso? –los padres de Harry asintieron y yo me giré, mirándola confusa.– Cuando el Ball Drop llegue abajo, tienes que besar a alguien. Sea tu pareja o no, es una tradición obligatoria.
—Ah. –volví a clavar la vista en la gran bola, aún no llegaba por la mitad. No iba a besar a nadie que no fuese Harry y en este momento las cosas no estaban bien con él. Así que no iba a cumplir la tradición, iba a saltarme las reglas.
Solo tuve que ladear la cabeza hacia un lado para encontrarme sus ojos posados en mí. Preguntándose qué debía hacer. Sus iris ya no reflejaban la furia contenida.
—No tienes que hacerlo si no quieres. –susurré y no llegué a oír su respuesta gracias a los gritos, todos decían lo mismo.
—¡Diez segundos! –la multitud comenzó a gritar y a celebrar. Las parejas empezaban a acercarse.– ¡Cinco segundos! –volví a mirar a Harry, que ahora especulaba la bajada del Ball Drop. –¡Tres segundos! –observé la bola con los ojos entrecerrados. ¿¡Quieres dejar de bajar tan rápido!? ¡Intento saber si debo besarle, ¿sabes?! – ¡Dos! –maldita sea.– ¡Uno! –la bola tocó la base y cientos de luces iluminándose formaban el año “2013” en la fachada del edificio.
—¡Feliz año nuevo! –oí por parte de mis suegros y mis padres e impresionantemente todo el mundo besó a alguien. Era jodidamente increíble.
—Feliz año nuevo. –la voz de Harry hizo que volviese a mirarlo, ¿desde cuándo estaba tan cerca?

—Feliz añ…–no pude terminar la frase antes de sentir sus labios sobre los míos.