—No
están haciendo nada, ¡Qué raro! –las tres mujeres que ocupábamos la cocina
reímos ante el comentario de mi “suegra”. Nosotras servíamos la cena de fin de
año mientras Harry, su padre y el mío veían la televisión en el salón.
—¿Puedes
ir a avisarlos, ______? A ver si a ti te hacen caso. –asentí a mi madre y
atravesé el arco que daba al salón donde los hombres reían y bebían cerveza en
el sofá.
—La
mesa está puesta. Y no precisamente gracias a vuestra generosa ayuda.
-interrumpí su diversión cruzándome de brazos y mirándolos expectantemente.
Todos bufaron y se levantaron a regañadientes, entrando al comedor.
Harry
se detuvo delante de mí, mientras yo retrocedía hasta toparme con la pared.
—Alguien
tiene ganas de esta noche, ¿eh? -susurré
mientras él se pegaba a mi cuerpo y besaba mi cuello. No hizo falta que
contestase cuando se puso a jugar con la boca, entre mis pechos, con el
colgante que me había regalado en nochebuena.
Plantó
un señor beso en mis labios, que lo hizo apretarme más contra la pared y yo
empecé a jugar con sus rizos. Un gemido se escapó de entre mis labios antes de
oír una tos fingida.
—¿Papá?
–puse los ojos en blanco cuando nos separamos rápidamente.
—Creí
que igual os gustaría saber que lo que deberíais estar comiendo es lo que hay
sobre la mesa de la cocina. Pero si eso pasaros cara el postre. -rodó los ojos
antes de volver a entrar en la cocina. Luego Harry y yo soltamos una carcajada
para después seguirlo. Él se sentó en uno de los lugares presidenciales, y yo
en el otro, justo en frente de él. Mis padres estaban a mi izquierda y los
suyos a mi derecha.
La
cena no resultó tan incómoda como creí. Nuestros padres parecieron caerse bien,
pero no estaba segura de si eso era bueno o malo. En cambio, fue a la hora del
postre cuando sus padres me hicieron una pregunta que logró que me atragantase
con el turrón de chocolate.
—¿Cómo
conociste a Harry, ______? Él nunca nos lo quiere contar, dice que es una
historia muy larga. –mis suegros me miraban esperando una respuesta y yo aún
intentaba librarme del trozo de chocolate que se había estancado en mi
garganta.
A
diferencia, Harry me miraba nervioso y mis padres con una mueca que decía algo
cómo... «a ver que sueltas ahora.»
—Pues...
-comencé intentando crear una excusa convincente.- Lo conocí estando de
vacaciones. –me mordí la mandíbula interiormente evitando mirar a Harry por
encima de todo.
—Unas
buenas vacaciones, definitivamente. –sonrió Anne. Luego ambos siguieron
mirándome y me di cuenta de que querían más historia.
—Él…
Él estaba saliendo de la habitación mientras yo intentaba abrirla. Fue… fue una
equivocación… nos habían dado la misma suite… –tartamudeaba. Sí señores, ____
Smith estaba tartamudeando y deseando que sus suegros se tragasen la excusa.-
Luego nos conocimos más y… –vamos, ____, puedes decirlo– Se pude decir que fue…
–solo es una palabra, ¡no significa nada!– ¿amor a primera vista? –mi tono sonó
más a duda que afirmación. Mis ojos se clavaron en mi plato y no se movieron de
allí.– Supongo que cuando lo tienes claro has de hacerlo, ¿no? Te casas y
formas una familia. -tragué saliva sonoramente. E aquí la razón por la que no
me van los novios. Sus padres y sus dichosas preguntas incómodas.
—Vaya,
hijo, no sabía que podías sacar tan buen provecho de un viaje. –Vi por el
rabillo del ojo que su padre lo miraba con una sonrisa. No solo se lo habían
tragado, sino que a ambos parecía haberles gustado y conmovido la historia.
Pero Harry no estaba mirándoles para darse cuenta de ello.
—Sí.
Aunque quizás debería haber escogido otro maldito hotel. –Eso hizo callar a
Anne y a Robin, e incluso mis padres se giraron para verlo después de su comentario.
Yo tampoco aparté la vista de él, de hecho, mi cerebro se lo estaba imaginando
ardiendo por idiota. Pero por desgracia para Harry, yo no era como los demás,
no iba a quedarme callada.
—¡Y
yo por una maldita vez en la vida debería haberle hecho caso a mis padres y haberme quedado en casa! -medio grité.
Después nuestras miradas se encontraron y estaba segura de que la mía ardía
tanto, o más que la suya.
—Creo…
creo que deberíamos irnos ya. Sino Times Square estará inaccesible. –fue mi
supuesta suegra la que rompió el silencio incómodo. Me levanté rápidamente e
igual de veloz recogí toda la mesa, dejando los platos en el fregadero.
Subí
a la habitación a por una chaqueta y empujé la puerta con fuerza, la cual no
llegó a cerrarse ya que Harry venía por detrás a coger la suya. Cerré la puerta
de mi armario al mismo tiempo que él, después de coger el abrigo, lo que hizo
que nos quedásemos cara a cara.
—Eres…
–habló, furioso. Hola guerra.
—Soy
qué, ¿ah? Perdona por no superar tus expectativas, cariño. –ironicé.
—De
todas las excusas que podías haberte inventado, vas y sueltas la verdad
decorada con indirectas.
—Ah
no, he hablado de amor a primera vista ¡y yo a ti no te querría ni regalado!
Aunque creo que tus padres se lo han tragado perfectamente. ¿Sabes? Creo que
podrán vivir con ello.
—Con
esto demuestras lo que valen tus promesas. –me fulminó con la mirada antes de
salir cerrando la puerta de golpe.
“Vete
a la gran mierda, Styles.”
Nuestros
padres nos esperaban dentro del coche familiar de Robin. Él y mi padre fueron
delante y yo me senté con mi madre, mientras que Harry lo hizo con la suya.
A
tres calles de la Times, los coches ya empezaban a agolparse, pero mi padre
indicó a mi suegro el lugar que nos tenían reservado.
—A
ver cómo nos colamos entre la gente. –la manzana estaba llena a reventar de
personas. Estaba segura de que no cogía ni una más.
—George
lo tiene todo listo. –nos informó mi madre y dos gigantes vestidos de negro nos
guiaron entre la gente hacia el lugar que mi padre había comprado, casi en
primera fila, reservándolo para nosotros. La magia del dinero.
Estaban
a punto de dar las doce. Mis padres y mis suegros hablaban rezagados más atrás
mientras yo y Harry estábamos cruzados de brazos.
No
entendía el hecho de que se hubiese enfadado. Era a mí a quién habían puesto
bajo presión, no a él. Yo tuve que inventarme una excusa en treinta segundos,
no él.
Yo había
hecho que sus padres quedasen conformes, ¡no él!
Nuestros
padres acercándose me hicieron dejar de frustrarme mentalmente para
escucharlos.
—Queda
un minuto, ¡empieza la cuenta atrás! –celebró mi madre.– ¿Listos para el beso?
–los padres de Harry asintieron y yo me giré, mirándola confusa.– Cuando el
Ball Drop llegue abajo, tienes que besar a alguien. Sea tu pareja o no, es una
tradición obligatoria.
—Ah.
–volví a clavar la vista en la gran bola, aún no llegaba por la mitad. No iba a
besar a nadie que no fuese Harry y en este momento las cosas no estaban bien
con él. Así que no iba a cumplir la tradición, iba a saltarme las reglas.
Solo
tuve que ladear la cabeza hacia un lado para encontrarme sus ojos posados en
mí. Preguntándose qué debía hacer. Sus iris ya no reflejaban la furia
contenida.
—No
tienes que hacerlo si no quieres. –susurré y no llegué a oír su respuesta
gracias a los gritos, todos decían lo mismo.
—¡Diez
segundos! –la multitud comenzó a gritar y a celebrar. Las parejas empezaban a acercarse.–
¡Cinco segundos! –volví a mirar a Harry, que ahora especulaba la bajada del
Ball Drop. –¡Tres segundos! –observé la bola con los ojos entrecerrados.
¿¡Quieres dejar de bajar tan rápido!? ¡Intento saber si debo besarle, ¿sabes?!
– ¡Dos! –maldita sea.– ¡Uno! –la bola tocó la base y cientos de luces
iluminándose formaban el año “2013” en la fachada del edificio.
—¡Feliz
año nuevo! –oí por parte de mis suegros y mis padres e impresionantemente todo
el mundo besó a alguien. Era jodidamente increíble.
—Feliz
año nuevo. –la voz de Harry hizo que volviese a mirarlo, ¿desde cuándo estaba
tan cerca?
—Feliz
añ…–no pude terminar la frase antes de sentir sus labios sobre los míos.