—¿Quién
eres?
—La puta que has mandado llamar, venga, suelta la pasta.
—Qué graciosa la chica.
—Los chistes se cobran a parte. -expliqué y de repente las luces se
encendieron. Ante mí, un tío que me sacaba un par de centímetros, me observaba
curioso. Sus ojos verdes se encontraron con los míos. Uno de sus rizos le caía por
la frente.
—¿Qué haces aquí?
—Lo que yo dije, he venido a divertirte.
—Tú no podrías divertir a nadie ni aunque te vistieses de mono y empezases a
hacer malabares.
—¿Eres un rarito aburrido? Deberías soltarte el pelo -dije revolviéndole los
rizos.
—No toques mis rizos -susurró, peinándoselos con un movimiento. El tío, muy a
mi pesar, era sexy. Un buen candidato para añadir a mi lista.
—¿Quieres divertirte o no?
—Estaba divirtiéndome hasta que una loca en pelotas entró en mi
habitación.
—No estoy en...-dije, pero callé al ver el estado de mi ropa. El vestido,
ahora, tenía una abertura lateral, del segundo par de medias que llevaba solo
quedaban algunos rastros y mi sujetador estaba desaparecido- Lo que sea. Vamos,
sé que alguien como tú tiene que tener algo de diablo dentro. Bah, no voy a
pedir tu opinión ¡Vámonos! -dije tirando de su brazo hacia la puerta.
—¿Quién ha dicho que yo quiera ir contigo?
—Voy a cobrarte, así que aprovecha tus servicios.
—Quiero pases VIP. -exigí al llegar a la recepción del hotel Flamingo, en el
que hicimos una pequeña parada.
—Pero...
—Mire señor, este es el incómodo momento en el que usted me dice que no puede
dármelos, pero tú y yo sabemos que sí que puede. Así que quiero una gran
variedad de pases VIP ya en mi mano, o tendré que grabarle a fuego en la piel
de los huevos la importancia de tenerme contenta. -sonreí cuando me los entregó
y volví junto de mi nuevo compañero de
noche.
—Voilà, pases VIP's.
—¿Me cobrarás un plus por ellos?
—Por supuesto. -sonreí socarronamente. Había empezado a pillar lo de soltarse
el pelo.
Llegamos en limusina a una nueva discoteca en Las Vegas. Nos sirvieron dos
copas de Bacardi nada más entrar. Escogimos una mesa apartada para hablar.
Empezaría despacio, luego, cuando estuviera bien tajado, haría que comiese de
mi mano. Me encargué de que, en nuestra mesa nos esperasen varias botellas de licor
y Vodka.
—¿Y bien? ¿Puedo saber cómo se llama mi "acompañante"? -preguntó.
—Empezaremos por hablar normal, estamos de fiesta. Y segundo, soy ______. _____
Smith.
—Harry Styles.
—Bien Harry, ¡a beber sea dicho!
Nuestra pequeña fiesta privada fue subiendo de tono a medida que yo le hacía
beber de más. Pero incluso yo bebía demasiado y cuando ya ambos estuvimos bien
idos de conciencia salimos de allí hacia la barra.
—¡Ayúdame a subir! -exclamé cuando llegamos y así hizo. Él estuvo atento, en
primera fila, al espectáculo que yo iba a dar- ¡A ver drogadictos y perras! La
cosa funciona así -dije y gané la atención de todo el pub- ¡toca beber por nosotros!
Y pondremos a parir a todo aquel que un día nos jodió y nos criticó. Cuando yo
diga "Qué os..." Vosotros gritáis "follen" ¿De acuerdo?
-propuse y aceptaron- Bien... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritó todo el pub, incluso Harry.
—No oigo... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritaron más alto y luego miles de risas y aclamaciones sonaron. Yo
también grité y levanté mi vaso, para acabar bebiéndolo todo de golpe. Salté de
la barra y corrí entre los brazos de la gente antes de acabar en los brazos de
Harry. Me dejó en el suelo y entre risas corrimos a bailar.
—¿Sabes? No suelo divertirme tanto -aseguró.
—¡Me gusta estar contigo!
—¡Y a mí! Porque eres la última persona a la que me...
—¿Sexo? Jamás. -dije, sin pensar. Bajo los efectos de la botella de Ron que
había arrebatado al camarero al llegar.
—¡Nunca!
—¡Nunca! -aseguré.
•Cinco minutos después•
Solté un pequeño gemido al chocarme contra la pared del pasillo. Estaba en los
brazos de Harry y él me besaba el cuello mientras intentaba abrir la habitación
de mi hotel con las llaves que le había dado. Dejé caer mis tacones, mientras
él se quitaba sus zapatos de camino a la cama. No me bajé de sus brazos en
ningún momento. Me lanzó sobre la cama y saltó sobre mí. Literalmente arrancó
mi vestido y todo rastro de ropa que quedaba por mi cuerpo. Yo no me quedé
atrás, lancé sus pantalones y su camiseta por el aire y con las piernas hice
desaparecer sus bóxers. Con un intercambio de posiciones me quedé sobre él y le
arañé el pecho. Volvimos a revolcarnos y me aprisionó entre él y la cama,
adentrándose en mí con fuerza. Sentí sus embestidas hasta en el pecho, mis uñas
se clavaban en su espalda con fuerza y suspiros y gemidos salían de ambas
bocas. Entre revolcones, saltos, embestidas y besos acabamos rendidos uno al lado
del otro. Nuestras respiraciones iban rápidas y cerré los ojos por un
minuto.
—¡La madre qu…! -Oí un estrepitoso grito
de mi compañera, Chloe, y rápidamente me levanté enrollada en las sábanas- Tía
solo son las tres de la mañana y ya te estás revolcando. Vengo a buscarte y
mira cómo te encuentro. ¡Vamos a otra disco!
—Harry, a vestirse. -añadí.
Me enfundé uno de mis cortos vestidos y salimos hacia la discoteca del hotel.
Chloe haciendo zig zag delante de nosotros, que íbamos cogidos de ganchete y
con su respectiva botella en la mano.
Echó un grito al subirse a una de las barras y yo entré tan campante a ella,
seguida por Harry. Me ayudó a subirme una vez hube seleccionado una de las
botellas.
—¡Lluvia de Martini, por favor! -exclamó Chloe corriendo a lo largo de la
barra. Yo destapé la botella, dispuesta a complacerla- ¡Sí! -gritó deslizándose
por ella y yo reí, hasta que cayó al suelo y un 'Ohh' resonó. Me mordí el
labio- ¡Estoy bien! -exclamó levantándose y todo el mundo volvió a gritar, por
lo que empecé a esparcir el Martini sobre la gente. Harry me secuestró y
salimos a correr de allí hacia la calle, Chloe nos siguió y empezó a quitarse
la ropa.
—¿Chloe?
—Me hace ilusión correr en bolas por ahí -rió y empezó a correr. Yo la imité y
Harry corrió detrás de nosotras riendo también. Compartimos la última botella
que teníamos y nos detuvimos delante de la oficina de un juez de paz. Nos
miramos y entramos.
—¡Madrina! -gritó Chloe y arrancó un ramo de flores de un jarrón que había a
los lados de los bancos. Yo arranqué otro y, apoyándome en el brazo de Harry
para no tambalearme, caminamos hacia el altar.
—¡Cásenos! -exclamé arrancando una de las cortinas y colocándomela como
velo.
—Pero...
—¡Que nos case de una puta vez para que podamos seguir follando! ¡Venga!
—Bien... Estamos aquí para unir en un matrimonio de locura, mucho sexo y
seguramente, otro futuro divorcio al señor...
—¿Quiere ir al jodido grano? ¡Declárenos marido y mujer de una vez! -rodó los
ojos y añadió-:
—Y por el poder que me ha otorgado el estado de Nevada… Yo os declaro, marido y
mujer. Puedes besar a la novia.
La rubia, que ya estaba encima de un moreno en uno de los bancos, exclamó y rió
como una loca y yo me eché encima de Harry, fundiéndonos en un beso.
—Espera, falta algo... -Recordó. Miró al cura seriamente y este lo entendió.
—Claro, tenemos algo para estos casos... -dijo y trajo dos anillos de plata.
Harry me colocó el mío y yo a él el suyo.
—A la suite, ahora. -susurré en su oído y él me cogió en brazos. Seguramente lo
que le haría ahora no fuese legal, pero el problema estaría cuando al
levantarme, no recordase nada.
domingo, 31 de marzo de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
CAPÍTULO 3.
—¿Qué
necesita la rubia tetona de Las Vegas?
—Un buen polvo, pero no te llamo para eso... Hagamos una de las nuestras.
—Y ya se me ocurre qué... -susurré- ¡Señores en busca de sexo! -exclamé para llamar la atención de los hombres- ¡El primero que termine de una tirada una botella de Brugal puede chuparle un pezón a mi amiga! -si antes fueron vítores, ahora era una especie de orgasmo.
—¡Y también se promete una noche de sexo con mi amiga! -exclamó Chloe como venganza.
Nos escabullimos entre la gente mientras ellos se abalanzaban sobre la barra para conseguir una botella. Salimos de VooDoo entre risas y volvimos a chocarnos las manos. Echamos a correr por medio de la carretera cuando una masa de tíos bebidos reclamaba su premio. Parecíamos auténticas ebrias, entre risas nos tambaleábamos entre los coches.
Entramos corriendo al casino del Bellagio, pensando en despistarlos, pero toda la masa de hombres nos persiguió. Saltamos de mesa en mesa hasta que yo me paré en la mesa de póker central y todos los tíos se situaron al rededor.
—¿Queréis ver tetas? -exclamé. Obvio que querían y obvio que respondieron que sí- ¡Fuera pantalones! -todos los tíos se quitaron sus respectivos pantalones- ¡Fuera camisetas! -hicieron lo mismo- ¡A correr! -exclamé escapando por el ascensor hacia las habitaciones. Me colé por todos los pasillos y escaleras que encontré, me uní a Chloe que corría, tacones en mano, por la planta dos. Subimos hacia la planta alta por uno de los ascensores, pero el otro, que teníamos en frente, se abrió a la vez que el nuestro y de él salieron otros diez tíos a mayores. Riendo corrimos, Chloe entró en una habitación cerrando la puerta tras de sí y yo corrí hacia la puerta del ático.
—Hasta nunca hijos de puta barata. -musité mientras guiñaba un ojo y les enseñaba mi bonito dedo del medio, cuando el elevador hacia el ático comenzaba a subir. Reí cuando este se detuvo y entré en la única habitación que había. Todo estaba apagado. Genial, ahora tendría que buscar el interruptor.
Un pequeño rayo de luz de luna se colaba entre las cortinas de la terraza y decidí acercarme. Al mirar por la ventana sentí unos brazos rodearme y empujarme contra el cristal. Me giré sobre mí misma quedando cara a cara con el susodicho, podía sentir su mirada en la oscuridad.
—¿Tú también quieres verme las tetas? -pregunté graciosa.
—Un buen polvo, pero no te llamo para eso... Hagamos una de las nuestras.
—Y ya se me ocurre qué... -susurré- ¡Señores en busca de sexo! -exclamé para llamar la atención de los hombres- ¡El primero que termine de una tirada una botella de Brugal puede chuparle un pezón a mi amiga! -si antes fueron vítores, ahora era una especie de orgasmo.
—¡Y también se promete una noche de sexo con mi amiga! -exclamó Chloe como venganza.
Nos escabullimos entre la gente mientras ellos se abalanzaban sobre la barra para conseguir una botella. Salimos de VooDoo entre risas y volvimos a chocarnos las manos. Echamos a correr por medio de la carretera cuando una masa de tíos bebidos reclamaba su premio. Parecíamos auténticas ebrias, entre risas nos tambaleábamos entre los coches.
Entramos corriendo al casino del Bellagio, pensando en despistarlos, pero toda la masa de hombres nos persiguió. Saltamos de mesa en mesa hasta que yo me paré en la mesa de póker central y todos los tíos se situaron al rededor.
—¿Queréis ver tetas? -exclamé. Obvio que querían y obvio que respondieron que sí- ¡Fuera pantalones! -todos los tíos se quitaron sus respectivos pantalones- ¡Fuera camisetas! -hicieron lo mismo- ¡A correr! -exclamé escapando por el ascensor hacia las habitaciones. Me colé por todos los pasillos y escaleras que encontré, me uní a Chloe que corría, tacones en mano, por la planta dos. Subimos hacia la planta alta por uno de los ascensores, pero el otro, que teníamos en frente, se abrió a la vez que el nuestro y de él salieron otros diez tíos a mayores. Riendo corrimos, Chloe entró en una habitación cerrando la puerta tras de sí y yo corrí hacia la puerta del ático.
—Hasta nunca hijos de puta barata. -musité mientras guiñaba un ojo y les enseñaba mi bonito dedo del medio, cuando el elevador hacia el ático comenzaba a subir. Reí cuando este se detuvo y entré en la única habitación que había. Todo estaba apagado. Genial, ahora tendría que buscar el interruptor.
Un pequeño rayo de luz de luna se colaba entre las cortinas de la terraza y decidí acercarme. Al mirar por la ventana sentí unos brazos rodearme y empujarme contra el cristal. Me giré sobre mí misma quedando cara a cara con el susodicho, podía sentir su mirada en la oscuridad.
—¿Tú también quieres verme las tetas? -pregunté graciosa.
domingo, 17 de marzo de 2013
CAPÍTULO 2.
—¡Fiesta!
-exclamó Chloe al salir del baño ya lista, mientras yo acababa de ponerme las
picardías.
—Qué rápida eres.
—Lo s... ¡WOW! -exclamó al ver el vestido que descansaba sobre mi cama- ¿Vas a salir con eso? -preguntó y asentí- ¿Y te cubre algo más que una teta?
—Exagerada -dije y entré ahora yo al baño.
—¿Dinero? -pregunté una vez estuvimos en frente de la limusina.
—Teta derecha.
—¿Móvil?
—Teta izquierda.
—Genial, está todo.
Nos dirigíamos a una de las discotecas más famosas de Las Vegas, VooDoo, pero teníamos que pasar antes por la calle que atravesaba la ciudad, dónde miles de parejas enamoradas paseaban de la mano. Puse cara de asco al verlo por la ventanilla, y Chloe y yo sacamos la cabeza por el techo. Íbamos a divertirnos un poco.
—¡Te es infiel con la perra que camina detrás vuestra! -grité a la primera pareja que vi, y las dos tías empezaron a darse de ostias.
—¡Me chupó un pezón anoche! -gritó Chloe, participando en el juego y haciendo que otra pareja empezase a discutir. Chocamos las cinco y reímos como locas.
—¡Me lo follé unas seis veces esta mañana!
—¡Bien grande la tiene tu novio!
—¡Deberías ponerle correa, tiene unas seis perras oliéndole el trasero cada noche!
—¡Siempre ha preferido a tu hermana!
Seguimos gritando y riendo al ver como miles de parejas empezaban a pelearse.
—¡A darlo todo! -exclamó cuando pusimos un pié dentro de la discoteca.
—Vodka Barbie, guapo -pedí en la barra. Ya había perdido a Chloe de vista.
—¿Copa o vaso de tubo?
—Botella.
—Pero...
—¡Que me des la puta botella, joder! -arrebaté la botella de las manos del sexy camarero y bebí la mayor cantidad de vodka hasta que llegué a la tarima. Caballerosamente un tipo me ayudó a subir a la más alta y empecé a bailar con la tía de pelo verde que se quitaba poco a poco la ropa.
—¡Duelo! -oí por encima de la música y todos empezaron a gritar lo mismo. Repetían dicha palabra ente aplausos, querían que yo también me quitase la ropa.
—Me habéis convencido.
Elevé una de mis piernas hacia la barra lateral que había en la pared y deslicé mi liguero derecho lentamente hasta quitarlo por el pié. Jugué con él hasta que lo lancé al público. Miles de vítores resonaron por la estancia. La chica de pelo verde que seguía bailando a mi lado reclamó su turno y se desabrochó la camisa, lanzándola después al público y quedándose simplemente en falda y unos tacones del color de su pelo. Mi turno, deslicé mis medias y las quité después de quitarme los tacones. La tía no esperó para empujarme con un golpe de cadera y con su mejor movimiento sexy se quitó la falda quedándose en ropa interior. ¿Qué problema tenía con el verde? Quise bajarme el vestido, pero mi "compañera" de tarima me empujó haciendo que cayese de ella, en brazos de alguien.
—Que poco pesas. -dijo el susodicho, pero no me molesté en mirarle a la cara. Subí a la tarima como alma que lleva al diablo y propiné un puñetazo en su bonita cara. El local se quedó en silencio mientras ella se recomponía. Luego reaparecieron los vítores.
—¿Qué coño te pasa tía? -exclamé.
—¡Te vas a enterar maldita zorra de mierda!
—¿En serio? ¿Qué vas a hacerme tú? -dije; la cosa empezaba a calentarse. Intentó acercarse para tirarme del pelo o de cualquier cosa a su alcance pero recibió otro puñetazo de mi parte. La gente parecía divertirse y yo ya empezaba a hartarme de su juego.
—Si tienes problemas mentales te buscas un manicomio, a mí no vengas a joderme. -la chica del pelo verde echaba chispas después de oír eso.
—¡Envidia! ¡Me tienes envidia! -gritó.
—Por lo menos conservas el sentido del humor. Debe ser lo único que te quede.
—¿¡Por qué no te buscas otra tarima!?
—¿Por qué no te das cuenta de que sobras?
—¡Puta! ¡Eso es lo que eres!
—A mí no me vendas tu oficio, publicidad a debajo de un puente.
—"Se solicita la presencia de la señorita _____ Smith en la barra, por favor" -oí a mi amiga rubia hablar por los altavoces.
—Tienes suerte, puedes quedarte con tu esquina...-susurré- ¡El puticlub está en la calle de al lado! -grité antes de meterme entre la gente.
—Qué rápida eres.
—Lo s... ¡WOW! -exclamó al ver el vestido que descansaba sobre mi cama- ¿Vas a salir con eso? -preguntó y asentí- ¿Y te cubre algo más que una teta?
—Exagerada -dije y entré ahora yo al baño.
—¿Dinero? -pregunté una vez estuvimos en frente de la limusina.
—Teta derecha.
—¿Móvil?
—Teta izquierda.
—Genial, está todo.
Nos dirigíamos a una de las discotecas más famosas de Las Vegas, VooDoo, pero teníamos que pasar antes por la calle que atravesaba la ciudad, dónde miles de parejas enamoradas paseaban de la mano. Puse cara de asco al verlo por la ventanilla, y Chloe y yo sacamos la cabeza por el techo. Íbamos a divertirnos un poco.
—¡Te es infiel con la perra que camina detrás vuestra! -grité a la primera pareja que vi, y las dos tías empezaron a darse de ostias.
—¡Me chupó un pezón anoche! -gritó Chloe, participando en el juego y haciendo que otra pareja empezase a discutir. Chocamos las cinco y reímos como locas.
—¡Me lo follé unas seis veces esta mañana!
—¡Bien grande la tiene tu novio!
—¡Deberías ponerle correa, tiene unas seis perras oliéndole el trasero cada noche!
—¡Siempre ha preferido a tu hermana!
Seguimos gritando y riendo al ver como miles de parejas empezaban a pelearse.
—¡A darlo todo! -exclamó cuando pusimos un pié dentro de la discoteca.
—Vodka Barbie, guapo -pedí en la barra. Ya había perdido a Chloe de vista.
—¿Copa o vaso de tubo?
—Botella.
—Pero...
—¡Que me des la puta botella, joder! -arrebaté la botella de las manos del sexy camarero y bebí la mayor cantidad de vodka hasta que llegué a la tarima. Caballerosamente un tipo me ayudó a subir a la más alta y empecé a bailar con la tía de pelo verde que se quitaba poco a poco la ropa.
—¡Duelo! -oí por encima de la música y todos empezaron a gritar lo mismo. Repetían dicha palabra ente aplausos, querían que yo también me quitase la ropa.
—Me habéis convencido.
Elevé una de mis piernas hacia la barra lateral que había en la pared y deslicé mi liguero derecho lentamente hasta quitarlo por el pié. Jugué con él hasta que lo lancé al público. Miles de vítores resonaron por la estancia. La chica de pelo verde que seguía bailando a mi lado reclamó su turno y se desabrochó la camisa, lanzándola después al público y quedándose simplemente en falda y unos tacones del color de su pelo. Mi turno, deslicé mis medias y las quité después de quitarme los tacones. La tía no esperó para empujarme con un golpe de cadera y con su mejor movimiento sexy se quitó la falda quedándose en ropa interior. ¿Qué problema tenía con el verde? Quise bajarme el vestido, pero mi "compañera" de tarima me empujó haciendo que cayese de ella, en brazos de alguien.
—Que poco pesas. -dijo el susodicho, pero no me molesté en mirarle a la cara. Subí a la tarima como alma que lleva al diablo y propiné un puñetazo en su bonita cara. El local se quedó en silencio mientras ella se recomponía. Luego reaparecieron los vítores.
—¿Qué coño te pasa tía? -exclamé.
—¡Te vas a enterar maldita zorra de mierda!
—¿En serio? ¿Qué vas a hacerme tú? -dije; la cosa empezaba a calentarse. Intentó acercarse para tirarme del pelo o de cualquier cosa a su alcance pero recibió otro puñetazo de mi parte. La gente parecía divertirse y yo ya empezaba a hartarme de su juego.
—Si tienes problemas mentales te buscas un manicomio, a mí no vengas a joderme. -la chica del pelo verde echaba chispas después de oír eso.
—¡Envidia! ¡Me tienes envidia! -gritó.
—Por lo menos conservas el sentido del humor. Debe ser lo único que te quede.
—¿¡Por qué no te buscas otra tarima!?
—¿Por qué no te das cuenta de que sobras?
—¡Puta! ¡Eso es lo que eres!
—A mí no me vendas tu oficio, publicidad a debajo de un puente.
—"Se solicita la presencia de la señorita _____ Smith en la barra, por favor" -oí a mi amiga rubia hablar por los altavoces.
—Tienes suerte, puedes quedarte con tu esquina...-susurré- ¡El puticlub está en la calle de al lado! -grité antes de meterme entre la gente.
sábado, 9 de marzo de 2013
CAPÍTULO 1.
Comenzaré
desde el principio, mucho antes de aquel viaje en el que acabé casada con un
desconocido y con el que ahora estoy en juicio. Todo se remonta tres meses
atrás, un 28 de mayo, cuatro días antes de mi dieciocho cumpleaños:
—¡Papá! -grité desde el recibidor- ¡Papá!
—¿Qué pasa, cariño?
—A ver si adivinas quién cumple dieciocho años en cuatro días.
—Ya te me haces mayor… ¿Y bien? ¿Qué quieres por tu cumpleaños?
—Quiero irme de vacaciones a Las Vegas. Con Chloe.
—Pero cariño… puedes pedirme lo que quieras, ¿no hay nada que te apetezca? No puedo dejarte ir sola con Chloe a Las Vegas.
—Pero ¡yo quiero ir allí!
—Lo siento, piensa en otra cosa, eres demasiado joven.
—¡Tú no me quieres! ¡Nunca me haces caso ni me das nada de lo que te pido! ¡Eres el peor de los padres! ¡Ya no te quiero!
—¡Entiende que una niña de dieciocho años recién cumplidos no puede ir sola por las calles de Las Vegas! He dicho no. -dijo dando por finalizada la discusión.
Y ese fue mi primer intento por conseguir viajar a Las Vegas, pero se quedó en un capricho más, no consentido. Mi cumpleaños lo pasaron sin saber de mí en todo el día, como si no supieran que _____Smith siempre se salía con la suya. Mientras mis padres pensaban que estaba enfadada y me había ido durante una semana a casa de mis tíos lejanos para aclarar las ideas, yo y mi amiga Chloe cogíamos un vuelo hacia la ciudad del pecado. Mis padres me habían enseñado demasiado bien, y con una generosa cantidad de dinero que me permitiría vivir cual reina durante la semana que pasaría allí, me despedí de mi ciudad natal.
—¡Eres la puta ostia, tía! -exclamó ella cuando llegamos a primera clase- ¿Pero tus padres no se darán cuenta de tanto gasto?
—Estoy pagando en efectivo, cariño.
—Te han enseñado demasiado bien -rió.
Eso había sido su error número uno, debían haberse imaginado que lo podría haber utilizado para escaparme.
Después de un par de horas de vuelo, aterrizamos. Con las maletas en la mano, subimos a la limusina que había mandado reservar.
—¡Rumbo al Bellagio! -exclamó mi amiga nombrando uno de los hoteles más lujosos del lugar.
—Lo siento guapa, pero me temo que no iremos a ese hotel -dije y la limusina se detuvo. Guiñé un ojo al guapo conductor y este nos dejó el viaje gratis.
—Pero... ¿entonces dónde nos hospedaremos? -se mostró desilusionada mi rubia amiga.
—Buscaremos un hotel en el que mis padres no sospecharían que me hospedaría. Y acaba de ocurrírseme uno perfecto.
—Oh, no. Creo que te estoy leyendo la mente, no te referirás al...
—Flamingo.
—Lo sabía -dijo llevándose una mano a la cabeza- ¡Pero es un jodido hotel de lesbianas!
—Y espero que sepas actuar como tal.
—Estás de broma.
—Vamos "cariñín". -añadí guiñándole un ojo.
Con una cara de horror, fingida, entramos en el llamativo hotel cogidas de la mano.
—Buenos días señor -dije apoyándome en el mostrador- Mi pareja y yo queremos una suite.
—Ahora les asigno una habitación -dijo tecleando en el ordenador.
—No sé si no me ha escuchado bien, pero a menos que no quiera que le corte el pene y le quite los ojos con el, quiero una suite, con vistas a todo Las Vegas, un gran balcón y todos los lujos imaginables.
—Supongo que la suite presidencial será de su gusto... señorita. Y déjeme adivinar, registro anónimo, ¿cierto?
—Veo que es inteligente, y si puede darse prisa, mucho mejor -exigí buscando con la mirada un botones que llevase nuestro equipaje a la habitación.
No me imaginaba todo lo que iba a pasar en aquella habitación esa misma noche, y las consecuencias que desencadenaría ello.
—¡Papá! -grité desde el recibidor- ¡Papá!
—¿Qué pasa, cariño?
—A ver si adivinas quién cumple dieciocho años en cuatro días.
—Ya te me haces mayor… ¿Y bien? ¿Qué quieres por tu cumpleaños?
—Quiero irme de vacaciones a Las Vegas. Con Chloe.
—Pero cariño… puedes pedirme lo que quieras, ¿no hay nada que te apetezca? No puedo dejarte ir sola con Chloe a Las Vegas.
—Pero ¡yo quiero ir allí!
—Lo siento, piensa en otra cosa, eres demasiado joven.
—¡Tú no me quieres! ¡Nunca me haces caso ni me das nada de lo que te pido! ¡Eres el peor de los padres! ¡Ya no te quiero!
—¡Entiende que una niña de dieciocho años recién cumplidos no puede ir sola por las calles de Las Vegas! He dicho no. -dijo dando por finalizada la discusión.
Y ese fue mi primer intento por conseguir viajar a Las Vegas, pero se quedó en un capricho más, no consentido. Mi cumpleaños lo pasaron sin saber de mí en todo el día, como si no supieran que _____Smith siempre se salía con la suya. Mientras mis padres pensaban que estaba enfadada y me había ido durante una semana a casa de mis tíos lejanos para aclarar las ideas, yo y mi amiga Chloe cogíamos un vuelo hacia la ciudad del pecado. Mis padres me habían enseñado demasiado bien, y con una generosa cantidad de dinero que me permitiría vivir cual reina durante la semana que pasaría allí, me despedí de mi ciudad natal.
—¡Eres la puta ostia, tía! -exclamó ella cuando llegamos a primera clase- ¿Pero tus padres no se darán cuenta de tanto gasto?
—Estoy pagando en efectivo, cariño.
—Te han enseñado demasiado bien -rió.
Eso había sido su error número uno, debían haberse imaginado que lo podría haber utilizado para escaparme.
Después de un par de horas de vuelo, aterrizamos. Con las maletas en la mano, subimos a la limusina que había mandado reservar.
—¡Rumbo al Bellagio! -exclamó mi amiga nombrando uno de los hoteles más lujosos del lugar.
—Lo siento guapa, pero me temo que no iremos a ese hotel -dije y la limusina se detuvo. Guiñé un ojo al guapo conductor y este nos dejó el viaje gratis.
—Pero... ¿entonces dónde nos hospedaremos? -se mostró desilusionada mi rubia amiga.
—Buscaremos un hotel en el que mis padres no sospecharían que me hospedaría. Y acaba de ocurrírseme uno perfecto.
—Oh, no. Creo que te estoy leyendo la mente, no te referirás al...
—Flamingo.
—Lo sabía -dijo llevándose una mano a la cabeza- ¡Pero es un jodido hotel de lesbianas!
—Y espero que sepas actuar como tal.
—Estás de broma.
—Vamos "cariñín". -añadí guiñándole un ojo.
Con una cara de horror, fingida, entramos en el llamativo hotel cogidas de la mano.
—Buenos días señor -dije apoyándome en el mostrador- Mi pareja y yo queremos una suite.
—Ahora les asigno una habitación -dijo tecleando en el ordenador.
—No sé si no me ha escuchado bien, pero a menos que no quiera que le corte el pene y le quite los ojos con el, quiero una suite, con vistas a todo Las Vegas, un gran balcón y todos los lujos imaginables.
—Supongo que la suite presidencial será de su gusto... señorita. Y déjeme adivinar, registro anónimo, ¿cierto?
—Veo que es inteligente, y si puede darse prisa, mucho mejor -exigí buscando con la mirada un botones que llevase nuestro equipaje a la habitación.
No me imaginaba todo lo que iba a pasar en aquella habitación esa misma noche, y las consecuencias que desencadenaría ello.
martes, 5 de marzo de 2013
PRÓLOGO.
“ —Y por el poder que me ha otorgado el estado de Nevada…Yo os declaro, marido y mujer ”
Esa frase había sido lo último que recordaba de mis vacaciones en la cuidad de mis sueños, más conocida como Las Vegas.
« Quién habría dicho que ______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes e hija del magnate financiero George Smith, se desbocaría en la ciudad del pecado. » —Este era uno de los muchos titulares que publicaba la prensa mundial en el día de hoy.
¿Y es que qué iba a hacer si unas copas de más en aquel bar darían comienzo a una noche de locura, sexo y pasión? ¿Quién me iba a decir que acabaría casándome?
No había contado con la aparición de aquel hombre que con una simple mirada me llevaría al tercer cielo y que me demostró los resultados de pasarse con las copas de Bacardi.
Pero, como dice el dicho, lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
Esa frase había sido lo último que recordaba de mis vacaciones en la cuidad de mis sueños, más conocida como Las Vegas.
« Quién habría dicho que ______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes e hija del magnate financiero George Smith, se desbocaría en la ciudad del pecado. » —Este era uno de los muchos titulares que publicaba la prensa mundial en el día de hoy.
¿Y es que qué iba a hacer si unas copas de más en aquel bar darían comienzo a una noche de locura, sexo y pasión? ¿Quién me iba a decir que acabaría casándome?
No había contado con la aparición de aquel hombre que con una simple mirada me llevaría al tercer cielo y que me demostró los resultados de pasarse con las copas de Bacardi.
Pero, como dice el dicho, lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
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