—¿Qué
necesita la rubia tetona de Las Vegas?
—Un buen polvo, pero no te llamo para eso... Hagamos una de las nuestras.
—Y ya se me ocurre qué... -susurré- ¡Señores en busca de sexo! -exclamé para
llamar la atención de los hombres- ¡El primero que termine de una tirada una
botella de Brugal puede chuparle un pezón a mi amiga! -si antes fueron vítores,
ahora era una especie de orgasmo.
—¡Y también se promete una noche de sexo con mi amiga! -exclamó Chloe como
venganza.
Nos escabullimos entre la gente mientras ellos se abalanzaban sobre la barra
para conseguir una botella. Salimos de VooDoo entre risas y volvimos a
chocarnos las manos. Echamos a correr por medio de la carretera cuando una masa
de tíos bebidos reclamaba su premio. Parecíamos auténticas ebrias, entre risas
nos tambaleábamos entre los coches.
Entramos corriendo al casino del Bellagio, pensando en despistarlos, pero toda
la masa de hombres nos persiguió. Saltamos de mesa en mesa hasta que yo me paré
en la mesa de póker central y todos los tíos se situaron al rededor.
—¿Queréis ver tetas? -exclamé. Obvio que querían y obvio que respondieron que
sí- ¡Fuera pantalones! -todos los tíos se quitaron sus respectivos pantalones-
¡Fuera camisetas! -hicieron lo mismo- ¡A correr! -exclamé escapando por el
ascensor hacia las habitaciones. Me colé por todos los pasillos y escaleras que
encontré, me uní a Chloe que corría, tacones en mano, por la planta dos.
Subimos hacia la planta alta por uno de los ascensores, pero el otro, que
teníamos en frente, se abrió a la vez que el nuestro y de él salieron otros
diez tíos a mayores. Riendo corrimos, Chloe entró en una habitación cerrando la
puerta tras de sí y yo corrí hacia la puerta del ático.
—Hasta nunca hijos de puta barata. -musité mientras guiñaba un ojo y les
enseñaba mi bonito dedo del medio, cuando el elevador hacia el ático comenzaba
a subir. Reí cuando este se detuvo y entré en la única habitación que había.
Todo estaba apagado. Genial, ahora tendría que buscar el interruptor.
Un pequeño rayo de luz de luna se colaba entre las cortinas de la terraza y
decidí acercarme. Al mirar por la ventana sentí unos brazos rodearme y
empujarme contra el cristal. Me giré sobre mí misma quedando cara a cara con el
susodicho, podía sentir su mirada en la oscuridad.
—¿Tú también quieres verme las tetas? -pregunté graciosa.
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