domingo, 24 de marzo de 2013

CAPÍTULO 3.

—¿Qué necesita la rubia tetona de Las Vegas?
—Un buen polvo, pero no te llamo para eso... Hagamos una de las nuestras.
—Y ya se me ocurre qué... -susurré- ¡Señores en busca de sexo! -exclamé para llamar la atención de los hombres- ¡El primero que termine de una tirada una botella de Brugal puede chuparle un pezón a mi amiga! -si antes fueron vítores, ahora era una especie de orgasmo.
—¡Y también se promete una noche de sexo con mi amiga! -exclamó Chloe como venganza.
Nos escabullimos entre la gente mientras ellos se abalanzaban sobre la barra para conseguir una botella. Salimos de VooDoo entre risas y volvimos a chocarnos las manos. Echamos a correr por medio de la carretera cuando una masa de tíos bebidos reclamaba su premio. Parecíamos auténticas ebrias, entre risas nos tambaleábamos entre los coches.
Entramos corriendo al casino del Bellagio, pensando en despistarlos, pero toda la masa de hombres nos persiguió. Saltamos de mesa en mesa hasta que yo me paré en la mesa de póker central y todos los tíos se situaron al rededor.
—¿Queréis ver tetas? -exclamé. Obvio que querían y obvio que respondieron que sí- ¡Fuera pantalones! -todos los tíos se quitaron sus respectivos pantalones- ¡Fuera camisetas! -hicieron lo mismo- ¡A correr! -exclamé escapando por el ascensor hacia las habitaciones. Me colé por todos los pasillos y escaleras que encontré, me uní a Chloe que corría, tacones en mano, por la planta dos. Subimos hacia la planta alta por uno de los ascensores, pero el otro, que teníamos en frente, se abrió a la vez que el nuestro y de él salieron otros diez tíos a mayores. Riendo corrimos, Chloe entró en una habitación cerrando la puerta tras de sí y yo corrí hacia la puerta del ático.
—Hasta nunca hijos de puta barata. -musité mientras guiñaba un ojo y les enseñaba mi bonito dedo del medio, cuando el elevador hacia el ático comenzaba a subir. Reí cuando este se detuvo y entré en la única habitación que había. Todo estaba apagado. Genial, ahora tendría que buscar el interruptor.
Un pequeño rayo de luz de luna se colaba entre las cortinas de la terraza y decidí acercarme. Al mirar por la ventana sentí unos brazos rodearme y empujarme contra el cristal. Me giré sobre mí misma quedando cara a cara con el susodicho, podía sentir su mirada en la oscuridad.
—¿Tú también quieres verme las tetas? -pregunté graciosa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario