domingo, 31 de marzo de 2013

CAPÍTULO 4.

—¿Quién eres?
—La puta que has mandado llamar, venga, suelta la pasta.
—Qué graciosa la chica.
—Los chistes se cobran a parte. -expliqué y de repente las luces se encendieron. Ante mí, un tío que me sacaba un par de centímetros, me observaba curioso. Sus ojos verdes se encontraron con los míos. Uno de sus rizos le caía por la frente.
—¿Qué haces aquí?
—Lo que yo dije, he venido a divertirte.
—Tú no podrías divertir a nadie ni aunque te vistieses de mono y empezases a hacer malabares.
—¿Eres un rarito aburrido? Deberías soltarte el pelo -dije revolviéndole los rizos.
—No toques mis rizos -susurró, peinándoselos con un movimiento. El tío, muy a mi pesar, era sexy. Un buen candidato para añadir a mi lista.
—¿Quieres divertirte o no?
—Estaba divirtiéndome hasta que una loca en pelotas entró en mi habitación.
—No estoy en...-dije, pero callé al ver el estado de mi ropa. El vestido, ahora, tenía una abertura lateral, del segundo par de medias que llevaba solo quedaban algunos rastros y mi sujetador estaba desaparecido- Lo que sea. Vamos, sé que alguien como tú tiene que tener algo de diablo dentro. Bah, no voy a pedir tu opinión ¡Vámonos! -dije tirando de su brazo hacia la puerta.
—¿Quién ha dicho que yo quiera ir contigo?
—Voy a cobrarte, así que aprovecha tus servicios.

—Quiero pases VIP. -exigí al llegar a la recepción del hotel Flamingo, en el que hicimos una pequeña parada.
—Pero...
—Mire señor, este es el incómodo momento en el que usted me dice que no puede dármelos, pero tú y yo sabemos que sí que puede. Así que quiero una gran variedad de pases VIP ya en mi mano, o tendré que grabarle a fuego en la piel de los huevos la importancia de tenerme contenta. -sonreí cuando me los entregó y volví  junto de mi nuevo compañero de noche.
Voilà, pases VIP's.
—¿Me cobrarás un plus por ellos?
—Por supuesto. -sonreí socarronamente. Había empezado a pillar lo de soltarse el pelo.
Llegamos en limusina a una nueva discoteca en Las Vegas. Nos sirvieron dos copas de Bacardi nada más entrar. Escogimos una mesa apartada para hablar. Empezaría despacio, luego, cuando estuviera bien tajado, haría que comiese de mi mano. Me encargué de que, en nuestra mesa nos esperasen varias botellas de licor y Vodka.
—¿Y bien? ¿Puedo saber cómo se llama mi "acompañante"? -preguntó.
—Empezaremos por hablar normal, estamos de fiesta. Y segundo, soy ______. _____ Smith.
—Harry Styles.
—Bien Harry, ¡a beber sea dicho!
Nuestra pequeña fiesta privada fue subiendo de tono a medida que yo le hacía beber de más. Pero incluso yo bebía demasiado y cuando ya ambos estuvimos bien idos de conciencia salimos de allí hacia la barra.
—¡Ayúdame a subir! -exclamé cuando llegamos y así hizo. Él estuvo atento, en primera fila, al espectáculo que yo iba a dar- ¡A ver drogadictos y perras! La cosa funciona así -dije y gané la atención de todo el pub- ¡toca beber por nosotros! Y pondremos a parir a todo aquel que un día nos jodió y nos criticó. Cuando yo diga "Qué os..." Vosotros gritáis "follen" ¿De acuerdo? -propuse y aceptaron- Bien... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritó todo el pub, incluso Harry.
—No oigo... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritaron más alto y luego miles de risas y aclamaciones sonaron. Yo también grité y levanté mi vaso, para acabar bebiéndolo todo de golpe. Salté de la barra y corrí entre los brazos de la gente antes de acabar en los brazos de Harry. Me dejó en el suelo y entre risas corrimos a bailar.
—¿Sabes? No suelo divertirme tanto -aseguró.
—¡Me gusta estar contigo!
—¡Y a mí! Porque eres la última persona a la que me...
—¿Sexo? Jamás. -dije, sin pensar. Bajo los efectos de la botella de Ron que había arrebatado al camarero al llegar.
—¡Nunca!
—¡Nunca! -aseguré.

•Cinco minutos después•
Solté un pequeño gemido al chocarme contra la pared del pasillo. Estaba en los brazos de Harry y él me besaba el cuello mientras intentaba abrir la habitación de mi hotel con las llaves que le había dado. Dejé caer mis tacones, mientras él se quitaba sus zapatos de camino a la cama. No me bajé de sus brazos en ningún momento. Me lanzó sobre la cama y saltó sobre mí. Literalmente arrancó mi vestido y todo rastro de ropa que quedaba por mi cuerpo. Yo no me quedé atrás, lancé sus pantalones y su camiseta por el aire y con las piernas hice desaparecer sus bóxers. Con un intercambio de posiciones me quedé sobre él y le arañé el pecho. Volvimos a revolcarnos y me aprisionó entre él y la cama, adentrándose en mí con fuerza. Sentí sus embestidas hasta en el pecho, mis uñas se clavaban en su espalda con fuerza y suspiros y gemidos salían de ambas bocas. Entre revolcones, saltos, embestidas y besos acabamos rendidos uno al lado del otro. Nuestras respiraciones iban rápidas y cerré los ojos por un minuto.
—¡La madre qu…! -Oí  un estrepitoso grito de mi compañera, Chloe, y rápidamente me levanté enrollada en las sábanas- Tía solo son las tres de la mañana y ya te estás revolcando. Vengo a buscarte y mira cómo te encuentro. ¡Vamos a otra disco!
—Harry, a vestirse. -añadí.
Me enfundé uno de mis cortos vestidos y salimos hacia la discoteca del hotel. Chloe haciendo zig zag delante de nosotros, que íbamos cogidos de ganchete y con su respectiva botella en la mano.
Echó un grito al subirse a una de las barras y yo entré tan campante a ella, seguida por Harry. Me ayudó a subirme una vez hube seleccionado una de las botellas.
—¡Lluvia de Martini, por favor! -exclamó Chloe corriendo a lo largo de la barra. Yo destapé la botella, dispuesta a complacerla- ¡Sí! -gritó deslizándose por ella y yo reí, hasta que cayó al suelo y un 'Ohh' resonó. Me mordí el labio- ¡Estoy bien! -exclamó levantándose y todo el mundo volvió a gritar, por lo que empecé a esparcir el Martini sobre la gente. Harry me secuestró y salimos a correr de allí hacia la calle, Chloe nos siguió y empezó a quitarse la ropa.
—¿Chloe?
—Me hace ilusión correr en bolas por ahí -rió y empezó a correr. Yo la imité y Harry corrió detrás de nosotras riendo también. Compartimos la última botella que teníamos y nos detuvimos delante de la oficina de un juez de paz. Nos miramos y entramos.
—¡Madrina! -gritó Chloe y arrancó un ramo de flores de un jarrón que había a los lados de los bancos. Yo arranqué otro y, apoyándome en el brazo de Harry para no tambalearme, caminamos hacia el altar.
—¡Cásenos! -exclamé arrancando una de las cortinas y colocándomela como velo.
—Pero...
—¡Que nos case de una puta vez para que podamos seguir follando! ¡Venga!
—Bien... Estamos aquí para unir en un matrimonio de locura, mucho sexo y seguramente, otro futuro divorcio al señor...
—¿Quiere ir al jodido grano? ¡Declárenos marido y mujer de una vez! -rodó los ojos y añadió-:
—Y por el poder que me ha otorgado el estado de Nevada… Yo os declaro, marido y mujer. Puedes besar a la novia.
La rubia, que ya estaba encima de un moreno en uno de los bancos, exclamó y rió como una loca y yo me eché encima de Harry, fundiéndonos en un beso.
—Espera, falta algo... -Recordó. Miró al cura seriamente y este lo entendió.
—Claro, tenemos algo para estos casos... -dijo y trajo dos anillos de plata. Harry me colocó el mío y yo a él el suyo.
—A la suite, ahora. -susurré en su oído y él me cogió en brazos. Seguramente lo que le haría ahora no fuese legal, pero el problema estaría cuando al levantarme, no recordase nada.
 

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