—¿Quién
eres?
—La puta que has mandado llamar, venga, suelta la pasta.
—Qué graciosa la chica.
—Los chistes se cobran a parte. -expliqué y de repente las luces se
encendieron. Ante mí, un tío que me sacaba un par de centímetros, me observaba
curioso. Sus ojos verdes se encontraron con los míos. Uno de sus rizos le caía por
la frente.
—¿Qué haces aquí?
—Lo que yo dije, he venido a divertirte.
—Tú no podrías divertir a nadie ni aunque te vistieses de mono y empezases a
hacer malabares.
—¿Eres un rarito aburrido? Deberías soltarte el pelo -dije revolviéndole los
rizos.
—No toques mis rizos -susurró, peinándoselos con un movimiento. El tío, muy a
mi pesar, era sexy. Un buen candidato para añadir a mi lista.
—¿Quieres divertirte o no?
—Estaba divirtiéndome hasta que una loca en pelotas entró en mi
habitación.
—No estoy en...-dije, pero callé al ver el estado de mi ropa. El vestido,
ahora, tenía una abertura lateral, del segundo par de medias que llevaba solo
quedaban algunos rastros y mi sujetador estaba desaparecido- Lo que sea. Vamos,
sé que alguien como tú tiene que tener algo de diablo dentro. Bah, no voy a
pedir tu opinión ¡Vámonos! -dije tirando de su brazo hacia la puerta.
—¿Quién ha dicho que yo quiera ir contigo?
—Voy a cobrarte, así que aprovecha tus servicios.
—Quiero pases VIP. -exigí al llegar a la recepción del hotel Flamingo, en el
que hicimos una pequeña parada.
—Pero...
—Mire señor, este es el incómodo momento en el que usted me dice que no puede
dármelos, pero tú y yo sabemos que sí que puede. Así que quiero una gran
variedad de pases VIP ya en mi mano, o tendré que grabarle a fuego en la piel
de los huevos la importancia de tenerme contenta. -sonreí cuando me los entregó
y volví junto de mi nuevo compañero de
noche.
—Voilà, pases VIP's.
—¿Me cobrarás un plus por ellos?
—Por supuesto. -sonreí socarronamente. Había empezado a pillar lo de soltarse
el pelo.
Llegamos en limusina a una nueva discoteca en Las Vegas. Nos sirvieron dos
copas de Bacardi nada más entrar. Escogimos una mesa apartada para hablar.
Empezaría despacio, luego, cuando estuviera bien tajado, haría que comiese de
mi mano. Me encargué de que, en nuestra mesa nos esperasen varias botellas de licor
y Vodka.
—¿Y bien? ¿Puedo saber cómo se llama mi "acompañante"? -preguntó.
—Empezaremos por hablar normal, estamos de fiesta. Y segundo, soy ______. _____
Smith.
—Harry Styles.
—Bien Harry, ¡a beber sea dicho!
Nuestra pequeña fiesta privada fue subiendo de tono a medida que yo le hacía
beber de más. Pero incluso yo bebía demasiado y cuando ya ambos estuvimos bien
idos de conciencia salimos de allí hacia la barra.
—¡Ayúdame a subir! -exclamé cuando llegamos y así hizo. Él estuvo atento, en
primera fila, al espectáculo que yo iba a dar- ¡A ver drogadictos y perras! La
cosa funciona así -dije y gané la atención de todo el pub- ¡toca beber por nosotros!
Y pondremos a parir a todo aquel que un día nos jodió y nos criticó. Cuando yo
diga "Qué os..." Vosotros gritáis "follen" ¿De acuerdo?
-propuse y aceptaron- Bien... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritó todo el pub, incluso Harry.
—No oigo... ¿¡Qué os...!?
—¡Follen! -gritaron más alto y luego miles de risas y aclamaciones sonaron. Yo
también grité y levanté mi vaso, para acabar bebiéndolo todo de golpe. Salté de
la barra y corrí entre los brazos de la gente antes de acabar en los brazos de
Harry. Me dejó en el suelo y entre risas corrimos a bailar.
—¿Sabes? No suelo divertirme tanto -aseguró.
—¡Me gusta estar contigo!
—¡Y a mí! Porque eres la última persona a la que me...
—¿Sexo? Jamás. -dije, sin pensar. Bajo los efectos de la botella de Ron que
había arrebatado al camarero al llegar.
—¡Nunca!
—¡Nunca! -aseguré.
•Cinco minutos después•
Solté un pequeño gemido al chocarme contra la pared del pasillo. Estaba en los
brazos de Harry y él me besaba el cuello mientras intentaba abrir la habitación
de mi hotel con las llaves que le había dado. Dejé caer mis tacones, mientras
él se quitaba sus zapatos de camino a la cama. No me bajé de sus brazos en
ningún momento. Me lanzó sobre la cama y saltó sobre mí. Literalmente arrancó
mi vestido y todo rastro de ropa que quedaba por mi cuerpo. Yo no me quedé
atrás, lancé sus pantalones y su camiseta por el aire y con las piernas hice
desaparecer sus bóxers. Con un intercambio de posiciones me quedé sobre él y le
arañé el pecho. Volvimos a revolcarnos y me aprisionó entre él y la cama,
adentrándose en mí con fuerza. Sentí sus embestidas hasta en el pecho, mis uñas
se clavaban en su espalda con fuerza y suspiros y gemidos salían de ambas
bocas. Entre revolcones, saltos, embestidas y besos acabamos rendidos uno al lado
del otro. Nuestras respiraciones iban rápidas y cerré los ojos por un
minuto.
—¡La madre qu…! -Oí un estrepitoso grito
de mi compañera, Chloe, y rápidamente me levanté enrollada en las sábanas- Tía
solo son las tres de la mañana y ya te estás revolcando. Vengo a buscarte y
mira cómo te encuentro. ¡Vamos a otra disco!
—Harry, a vestirse. -añadí.
Me enfundé uno de mis cortos vestidos y salimos hacia la discoteca del hotel.
Chloe haciendo zig zag delante de nosotros, que íbamos cogidos de ganchete y
con su respectiva botella en la mano.
Echó un grito al subirse a una de las barras y yo entré tan campante a ella,
seguida por Harry. Me ayudó a subirme una vez hube seleccionado una de las
botellas.
—¡Lluvia de Martini, por favor! -exclamó Chloe corriendo a lo largo de la
barra. Yo destapé la botella, dispuesta a complacerla- ¡Sí! -gritó deslizándose
por ella y yo reí, hasta que cayó al suelo y un 'Ohh' resonó. Me mordí el
labio- ¡Estoy bien! -exclamó levantándose y todo el mundo volvió a gritar, por
lo que empecé a esparcir el Martini sobre la gente. Harry me secuestró y
salimos a correr de allí hacia la calle, Chloe nos siguió y empezó a quitarse
la ropa.
—¿Chloe?
—Me hace ilusión correr en bolas por ahí -rió y empezó a correr. Yo la imité y
Harry corrió detrás de nosotras riendo también. Compartimos la última botella
que teníamos y nos detuvimos delante de la oficina de un juez de paz. Nos
miramos y entramos.
—¡Madrina! -gritó Chloe y arrancó un ramo de flores de un jarrón que había a
los lados de los bancos. Yo arranqué otro y, apoyándome en el brazo de Harry
para no tambalearme, caminamos hacia el altar.
—¡Cásenos! -exclamé arrancando una de las cortinas y colocándomela como
velo.
—Pero...
—¡Que nos case de una puta vez para que podamos seguir follando! ¡Venga!
—Bien... Estamos aquí para unir en un matrimonio de locura, mucho sexo y
seguramente, otro futuro divorcio al señor...
—¿Quiere ir al jodido grano? ¡Declárenos marido y mujer de una vez! -rodó los
ojos y añadió-:
—Y por el poder que me ha otorgado el estado de Nevada… Yo os declaro, marido y
mujer. Puedes besar a la novia.
La rubia, que ya estaba encima de un moreno en uno de los bancos, exclamó y rió
como una loca y yo me eché encima de Harry, fundiéndonos en un beso.
—Espera, falta algo... -Recordó. Miró al cura seriamente y este lo entendió.
—Claro, tenemos algo para estos casos... -dijo y trajo dos anillos de plata.
Harry me colocó el mío y yo a él el suyo.
—A la suite, ahora. -susurré en su oído y él me cogió en brazos. Seguramente lo
que le haría ahora no fuese legal, pero el problema estaría cuando al
levantarme, no recordase nada.
Tienes que seguir la novela cielo, está genial
ResponderEliminarYa puedes leer el capítulo 5. ¡Espero que te guste! :)
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