Un inconfundible olor a Ballentines hizo que mis ojos se abriesen lentamente. Volví a cerrarlos cuando noté un pinchazo en la cabeza. ¿Dónde estaba? En mi habitación de hotel, en Las Vegas. Vi a Chloe dormida en la cama de al lado, con una de las piernas por fuera, el rímel por la cara y, la dichosa botella de ron en mano. Sonreí, tenía un montón de lagunas sobre la noche pasada, pero como siempre, seguro habíamos dejado huella. Me desperecé y me giré.
—¡Joder! -no me molesté en ahogar el grito al encontrarme con un desconocido al lado. Miré bajo mis sábanas, ninguno de los dos llevaba ropa, y vaya, el tío estaba bien dotado. Me llevé la mano a los ojos. No me molesté en ahogar otro grito que volvió a salir de mi boca al ver el anillo de plata que llevaba en el dedo.
—¿Qué pasa? -oí susurrar a Chloe.
—Soy la señora de este tío.
—¿Tiene un buen...?
—Sí.
—¿Puedo verlo?
—¡Claro que no!
—Buenos días...-oí musitar al susodicho.
—¿Buenos días? ¿En serio?
—Es lo que se suele decir por las mañanas.
—Yo me vuelvo a la cama...-añadió Chloe, que no tenía ganas de presenciar una discusión a estas horas.
—Y tú, te vienes conmigo. Tenemos que hablar.
—Primero vístete, ¿no? -alzó el ceño.
—Touché.
Bajamos en silencio por el ascensor hasta llegar buffet del hotel. Nos servimos el desayuno y, en silencio sepulcral, caminamos a la mesa.
—Yo creo...-rompí el silencio- Que deberíamos hacer como que esto nunca ha pasado. Ya sabes, lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas.
—Estoy de acuerdo, no sé ni tu nombre.
—Entonces podemos librarnos de esto -dije señalando mi dedo anular.
—Yo me lo quedaré, para la colección.
Reí irónica, ¿pretendía dejarme como segundo plato? ¿O más bien como postre?
—Ya sé que sueñas con estar casado con alguien como yo... Así que si quieres masturbarte mirándolo, adelante. Soy inolvidable.
—¿Insinúas que el de ayer fue el polvo de mi vida? Porque no me acuerdo.
Salí de allí mostrándole mi dedo corazón y volví a recepción. Observé la televisión con las noticias nacionales. Oh, oh. Problemas.
Llamé al ascensor unas tres mil veces y no se daba abierto, corrí por las escaleras atropellando a todo el que bajaba por ellas, y recibiendo no palabras agradables por ello.
—¡A ver si miras por donde vas!
—¡Ve a follarte a tu madre, cabrón! -grité mostrándole mi dedo del medio y entré en el primer ascensor abierto que pillé. Tiré, literalmente, a Chloe de la cama tan pronto entré.
—¿¡Pero qué te pasa!? ¿El tío ese no quería darte más duro o qué?
—¡Hay que volver a Los Ángeles! ¡Ya!
—¿Qué? ¿Por qué?
—Por esto. -dije encendiendo la plasma de nuestra habitación en las noticias nacionales.
— "Quién habría dicho que ______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes e hija del magnate financiero George Smith, se desbocaría en la ciudad del pecado."
—Vaya...-dijo al oír el titular- ¡Somos noticia, tía!
—¿Y te pones a saltar? Te recuerdo que son las noticias nacionales, mis padres pueden estar viéndolas en este momento. ¿Cómo crees que será su cara al ver a su hija medio desnuda escapar de una masa de tíos por las calles de Las Vegas?
—Pues así -dijo imitando una cara de asombro, decepción, enfado, ira y la cara del mismísimo diablo.
—Haz las maletas, nos vamos ya.
—¿Volveremos?
—Antes tengo que sobrevivir al llegar a casa.
[ … ]
Me detuve en frente de la puerta de mi casa. Adiós fiesta, bebida, tajadas, correr desnuda por las calles, casinos, sexo, un tío con rizos, ojos verdes, adiós al anillo que llevo en el dedo, y adiós a los dos magníficos días que pasé en la ciudad del pecado. Hola a la amabilidad, adorabilidad, ojitos de niña buena y hola a la personalidad que tengo que interpretar y que para nada soy yo.
—¡Buenos días familia! -grité al entrar por la puerta.
—A mi despacho, ahora. -dijo mi padre al salir de la cocina, y se dirigió allí, seguido por mi madre. Indiqué con la cabeza que subiesen el equipaje a mi habitación y los seguí.
—Corres desnuda por las calles, te emborrachas, destrozas un casino, insultas a parejas, ¡te casas! ¿Qué tienes que decir a eso? ¿Crees que no me daría cuenta? Y aún por encima, ¿Tengo que enterarme por las noticias?
—No es para tanto...
—¿¡No es para tanto!?
—Sí, te faltó el duelo sobre la tarima y la parte en la que me hice pasar por lesbiana.
—Estás
más que castigada, y de por vida.
Con la última frase me reí en su cara.
—Mira -dije echando sobre su mesa los papeles que certificaban mi mayoría de edad- Tu castigo me vale mierda. -sonreí victoriosa.
—Tus papeles me valen mierda a mí. Mientras vivas en esta casa, acatarás mis órdenes.
—¿Esas tenemos? Muy bien, papá. -salí de allí y subí a mi habitación gritando el nombre de las criadas.
—No os molestéis en deshacer las maletas, y traedme unas cuantas más. Meted en ellas todas mis pertenencias, en una hora las quiero todas a la puerta.
Escogí cuál de todos los coches llevarme, mientras esperaba por mis maletas. En poco tiempo todas me esperaban a la puerta.
—¿¡Qué es esto!? -exclamó mi padre al ver como subían las maletas a mi coche.
—¿No decías que mientras viviese aquí acataría tus órdenes? Pues ya no vivo aquí.
—Cancelaré todas tus tarjetas de crédito.
—No las necesito.
—¿Dónde vivirás? ¿Y de qué vivirás? -preguntó mi madre a punto de llorar, siempre había sido su niña consentida y no dejaría que me faltase de nada.
—Dónde me quieran -fingí llanto- papá ya no lo hace.
—¡Pero George! No crees que te estás pasando demasiado. ¡Es tu hija!
—¡Una hija que corre desnuda por la calle, se hace pasar por lesbiana y desacata una de mis órdenes!
—¡Tú y yo a su edad hacíamos cosas peores!
—¡Nunca en mi vida corrí desnudo por Las Vegas, ni por ninguna otra calle!
—¡Tú la engendraste, y se quedará aquí! -dijo haciendo que yo sonriese- Puedes quedarte, cariño. Yo me ocuparé de que tu padre se relaje un poco -se dirigió ahora a mí y entonces la abracé.
____ ganaba otra vez, como siempre.
Con la última frase me reí en su cara.
—Mira -dije echando sobre su mesa los papeles que certificaban mi mayoría de edad- Tu castigo me vale mierda. -sonreí victoriosa.
—Tus papeles me valen mierda a mí. Mientras vivas en esta casa, acatarás mis órdenes.
—¿Esas tenemos? Muy bien, papá. -salí de allí y subí a mi habitación gritando el nombre de las criadas.
—No os molestéis en deshacer las maletas, y traedme unas cuantas más. Meted en ellas todas mis pertenencias, en una hora las quiero todas a la puerta.
Escogí cuál de todos los coches llevarme, mientras esperaba por mis maletas. En poco tiempo todas me esperaban a la puerta.
—¿¡Qué es esto!? -exclamó mi padre al ver como subían las maletas a mi coche.
—¿No decías que mientras viviese aquí acataría tus órdenes? Pues ya no vivo aquí.
—Cancelaré todas tus tarjetas de crédito.
—No las necesito.
—¿Dónde vivirás? ¿Y de qué vivirás? -preguntó mi madre a punto de llorar, siempre había sido su niña consentida y no dejaría que me faltase de nada.
—Dónde me quieran -fingí llanto- papá ya no lo hace.
—¡Pero George! No crees que te estás pasando demasiado. ¡Es tu hija!
—¡Una hija que corre desnuda por la calle, se hace pasar por lesbiana y desacata una de mis órdenes!
—¡Tú y yo a su edad hacíamos cosas peores!
—¡Nunca en mi vida corrí desnudo por Las Vegas, ni por ninguna otra calle!
—¡Tú la engendraste, y se quedará aquí! -dijo haciendo que yo sonriese- Puedes quedarte, cariño. Yo me ocuparé de que tu padre se relaje un poco -se dirigió ahora a mí y entonces la abracé.
____ ganaba otra vez, como siempre.
Genial, como todos los capítulos, me encanta!
ResponderEliminarYa puedes disfrutar del capítulo 6, cielo^^
ResponderEliminarGracias mil, por leer. !!