—¿Y
a ti no te han enseñado que no deberías andar desnuda en casas ajenas?
—Ahora también es mi casa.
—Por lo menos utiliza tus cosas.
—Tranquilo, luego te las devuelvo para que puedas masturbarte con ellas.
—Eres... asquerosa.
—¿Cómo tu Aylin en la cama?
—¿Qué problema tienes con ella? ¡Ah!, ya sé. Estás celosa -añadió y fingí una carcajada.
—De esa no tengo que tener celos, si no estarías en su casa haciendo guarradas con ella en vez de estar ahí plantado mirándome las tetas.
—Eres increíble.
—¿¡Por eso te casaste conmigo!? -exclamé cuando él salió de la habitación.
—Buenos días -bostecé al entrar en la cocina- ¿Despierto tan temprano?
—Tengo que ir a trabajar.
—¿Ir a trabajar?
—Ya sabes, esas cosas que hacemos las personas con estudios que servimos para algo.
Le propiné un puñetazo en el brazo cuando pasé por su lado.
—Tengo dieciocho años, ¿qué mierda quieres que haga?
—Hay gente con menos edad que tú, que ya trabaja -dijo mientras yo me servía el café y me sentaba a su lado.
—A los veinticinco años heredaré la empresa de mi padre. Hasta entonces, disfrutaré de la vida. Cosa que tú no harías ni con tres mil putas en una isla desierta.
—A los veintitrés años, se tiene un poco más de cabeza. -oí y escupí todo el café que estaba tragando- ¿Ves? Esa es otra de las cosas que no se hacen a mi edad.
—¿Tienes veintitrés? -lo miré atónita. Asintió- ¡Sáquenme de aquí! ¡Papá! ¡Estoy casada con un viejo! -fingí deprimirme ahí, sobre la mesa.
—¿Enserio tienes dieciocho? ¿O tienes cinco? -se mofó y le di el guantazo más grande de su vida.
—Ahora también es mi casa.
—Por lo menos utiliza tus cosas.
—Tranquilo, luego te las devuelvo para que puedas masturbarte con ellas.
—Eres... asquerosa.
—¿Cómo tu Aylin en la cama?
—¿Qué problema tienes con ella? ¡Ah!, ya sé. Estás celosa -añadió y fingí una carcajada.
—De esa no tengo que tener celos, si no estarías en su casa haciendo guarradas con ella en vez de estar ahí plantado mirándome las tetas.
—Eres increíble.
—¿¡Por eso te casaste conmigo!? -exclamé cuando él salió de la habitación.
—Buenos días -bostecé al entrar en la cocina- ¿Despierto tan temprano?
—Tengo que ir a trabajar.
—¿Ir a trabajar?
—Ya sabes, esas cosas que hacemos las personas con estudios que servimos para algo.
Le propiné un puñetazo en el brazo cuando pasé por su lado.
—Tengo dieciocho años, ¿qué mierda quieres que haga?
—Hay gente con menos edad que tú, que ya trabaja -dijo mientras yo me servía el café y me sentaba a su lado.
—A los veinticinco años heredaré la empresa de mi padre. Hasta entonces, disfrutaré de la vida. Cosa que tú no harías ni con tres mil putas en una isla desierta.
—A los veintitrés años, se tiene un poco más de cabeza. -oí y escupí todo el café que estaba tragando- ¿Ves? Esa es otra de las cosas que no se hacen a mi edad.
—¿Tienes veintitrés? -lo miré atónita. Asintió- ¡Sáquenme de aquí! ¡Papá! ¡Estoy casada con un viejo! -fingí deprimirme ahí, sobre la mesa.
—¿Enserio tienes dieciocho? ¿O tienes cinco? -se mofó y le di el guantazo más grande de su vida.
—Habló
el irresponsable que contrata una puta y no paga sus servicios –le recordé.
—¿Qué
más da que lo tenga yo, o la tengas tú? “Para compartir, en la riqueza y en la
pobreza” –recitó- ¿Recuerdas, cariño? –me mostró su dedo anular y yo a él el
mío corazón. —Ve
con cuidado –comencé a decir, apoyándome en el marco de la puerta de la cocina,
mientras observaba como él se ponía la corbata frente a un espejo en el recibidor.
—¿Ahora
te preocupas por mí? –se anticipó.
—Para
nada. Lo digo, por si cuando vuelvas la casa está incendiada, o se está
celebrando la fiesta más grande del siglo, que sepas, que soy inocente.
—Lo
tendré en cuenta ante un tribunal –sonrió y se acercó a mí. ¿Qué pretendía
acercándose tanto?- Aunque no te conviene hacerlo –susurró en mi oído- el
dinero sería completamente para mí –añadió e hizo el amago de separarse, pero
por el contrario propinó un beso en la comisura de mis labios. Intenté
protestar, pero no me dio tiempo- ¡Adiós cariño! –se burló y salió por la
puerta.
—¿Te
crees que con eso puedes amansar a una fiera, Styles? –me mofé mientras hacía
un par de llamadas- El dinero será para mí, antes de lo que crees –añadí.
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