domingo, 5 de mayo de 2013

CAPÍTULO 9.

—Y este es mi apartamento -dijo y me dejó entrar primera.
—¡Fiesta! Pide un par de pizzas, ¿Tienes alcohol? ¡Da igual! Pidamos a los vecinos, voy a llamar a un par de strippers y a unos amigos.
—Para el carro muñeca, no vas a destrozar mi casa.
—¡Aburrido! -exclamé decepcionada, guardando el móvil.
—¿Peli y palomitas?
—¿Puedo convencerte de que salgamos a beber y bailar?
—No.
—Entonces sí. ¿Tienes alguna de miedo?
—"Mamá", único.
—¡Perfecto! Ponla mientras me pongo el pijama -dije mientras sonreía internamente. Di vuelta a una de mis maletas en la primera habitación que encontré. Revolví entre mis picardías hasta que di con el body rojo. Con él haría que despidiese a su puta, y la rubia de Aylin se quedaría en la calle. Reí para mis adentros y dejé el liguero sobre la cama, ya tenía uno tatuado en la pierna izquierda, por lo que no me haría falta, entonces bajé tan pronto estuve lista.
—¿¡Ese es tu pijama!?
—Sí, es el de invierno.
—Creo que no quiero ver el de verano, entonces.
—No hay nada que no hayas visto ya.
—La verdad se me ha olvidado todo, ¿vuelves a enseñármelo? -sonrió pícaro. ____ 2 - Aylin 0.


—Idiota, eres idiota -grité por cuarta vez a la televisión de plasma que había en el salón. Cada vez las películas de miedo eran peores. Deberían llamarse, películas de idiotas suicidas.- Vaya mierda. -dije después del grito de la protagonista.
—¿Quieres ver algo que de verdad da miedo? -preguntó Harry, que estaba a mi lado.
—¿Vas a volver a enseñarme tu churro? -reí.
—Vete a la mierda. -dijo levantándose, seguramente cabreado y entonces empecé a reírme a más no poder en el sofá. Lo seguí escaleras arriba y entré tras de él a una habitación.
—Puedes dormir en el salón o en la habitación del fondo. Te recomiendo el salón.
—¿Por qué? ¿A caso guardas allí los juguetes sexuales que usas con Aylin?
—No, lo que pasa es que esa cama es súper incómoda.
—Me da igual, pienso dormir aquí.
—Ni loca duermes conmigo.
—Entonces no tienes más remedio que dormir tú en el salón.
—Es mi casa, son mis normas.
—"Para compartir, en la riqueza y en la pobreza" -recité- ¿recuerdas, cariño? -dije enseñándole mi dedo anular donde descansaba el anillo de plata.
—Córtate ese dedo.
—¿Te gusta más este? -cambié al dedo del medio. ____ gana, otra vez.
—De acuerdo -dijo levantándose y sacando del armario un par de mantas- Cógelas y escoge una esquina de la habitación. También te dejo dormir en la bañera.
—Te recuerdo que no hablas con Aylin.
—Cierto, a ella la dejaría dormir en mi cama.
—Ni quiero, ni necesito tu puto permiso para dormir en esa mierda de cama. Así que si no te gusta, te pudres. -dije acostándome en una de las esquinas.
—Pienso quejarme al juez.
—Como si vas y te lo follas.
—Oh mierda, parecemos un jodido matrimonio de verdad -dijo antes de salir, con las mantas, dando un portazo.
—¡______ gana, señores! -exclamé y empecé a saltar en la cama- Vamos a ver que tiene por aquí...
Rebusqué en todos los cajones y armarios. ¡Vaya! Este tío es más normal de lo que parece. Al lado del armario había una puerta de roble, debía ser el baño. Al entrar, me quedé impresionada. ¡Qué lujos se daba Styles! Solo la bañera de hidromasaje ocupaba la cuarta parte del baño. Observé la hora, 21:39, ¿me dejará darme un baño?
—Por supuesto que sí, mi amor -imité su ronca voz y llené la bañera. Me despojé de toda mi ropa y me hundí en ella. Tenía tres de estas en mi antigua casa y nunca las había usado, perdiéndome el placer que proporcionaban. Solté un suspiro y me hundí bajo la espuma. Unas ganas de fiesta y de sexo intenso me recorrieron desde la punta de los pies a la cabeza. ¡El sábado llamo a Chloe! Después de estar un buen rato en la bañera, salí hacia la habitación enrollada en la toalla. Entonces caí en la cuenta de que mis maletas se encontraban en la otra habitación.
—Tendré que usar tu ropa, Styles.
Rebusqué por su armario hasta topar unos pantalones de chándal holgados, grises. Me sentí rara al ponérmelos.
—Es como si no llevara nada -reí.
Antes de buscar una camiseta me observé en el espejo de armario que había. ¿Y si me hacía otro tatuaje? Podría ser sobre el ombligo, o sobre el pecho.
—¿Quizás en un brazo? -medité y entonces la puerta, se abrió.- Oye, ¿no te han enseñado a llamar antes de entrar? 

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