»NARRA HARRY«
Despegué las sábanas de mi cuerpo, para poder salir de la cama, lentamente e intentando no despertarla. Pero su piel desnuda quedó inmune a la luz reflejada a través de las cortinas, resplandeciendo con un brillo pálido. Entonces me fijé en lo que antes había tratado de ignorar, los huesos de su cadera se marcaban, sus costillas parecían querer salirse de su blanco torso y juraría poder guardar cosas en los huecos de sus clavículas. Y todo ello era mi culpa.
En los cuatro días que habían pasado desde nuestra última visita a la psicóloga matrimonial, ______ sólo había permanecido en la misma habitación que yo a la hora de dormir. Y me dirigía la palabra siempre que fuese estrictamente necesario. No habíamos vuelto a mantener relaciones hasta la pasada noche, cuando ella irrumpió en el cuarto cuando yo salí de darme un baño y el hecho de la poca ropa llevo de una cosa a otra. Otra diferencia fue el uso de protección. Nunca la había utilizado hasta ahora, ambos disfrutábamos más y en caso de embarazo lo decidiríamos juntos también. Pero esto era sólo sexo, porque sí, sin más.
Volví a cubrirla con las sábanas y me vestí un pantalón de chándal antes de bajar.
No iba a permitir que esto continuase así, desde luego. No comía por no estar en la misma habitación que yo y ponía en juego su salud como la caprichosa que es.
Debíamos arreglar las cosas entre nosotros por su bien, por el mío y porque la quiero.
»NARRA _______«
La luz de la pantalla me cegó cuando observé la hora. Casi las nueve de la mañana y yo no era capaz de volver a dormir. Lo bueno es que con suerte Harry ya se habría ido a trabajar, por lo tanto tendría hasta las dos de la tarde sin preocupaciones.
Ver a Harry sólo conseguía recordarme que se había acostado con otra. Y dolía, lo cual me cabreaba más poraue no entendía el porqué. ¿Qué más me daba si se acostaba con una o con mil? ¿Quiero a Harry o a un millon y medio de dólares?
La respuesta era obviamente Harry. ¡No! Lo que quiero es el dinero.
Por mi bien mental salí de la cama, o más bien me arrastré hasta conseguir ponerme de pie. La cabeza me daba vueltas y me temblaban las piernas, con dificultad para sujetar su propio peso. Busqué con la vista algo para vestirme, y me quedé mirando la camisa blanca que Harry había llevado al trabajo el día anterior. Al tocar la suave tela y cogerla me di cuenta de que aún olía a su colonia.
« Oh vamos, no lo hagas, ______, no lo hagas. No, no, Smith, no...»
Abotoné hasta que me cubrió el pecho, siendo consciente de que si aún quedaba algo de la gran ______ Smith acababa de morir por completo.
Salí de la habitación caminando a bandazos por el pasillo debido al cansancio que llevaba encima. Llegué al extremo de necesitar detenerme a descansar al final de las escaleras, y arrastrando los pies mientras frotaba los ojos continué hasta la cocina.
Primero creí ver mal, de segundo pensé que el hambre que tenía me hacía confundir los olores haciéndome imaginar ese aroma a vainilla y miel. Cuando Harry dijo 'Buenos días' volví a la realidad, comprendiendo que seguía en casa, que me había hablado, y que era consciente de que llevaba su camisa puesta y aún por encima mal abrochada.
—Hola. -musité antes de darme la vuelta con intención de volver a la cama.
—_______, espera. -soltando el aire de los pulmones, me di la vuelta y lo miré de nuevo.- Siéntate, por favor. -A pesar de que sonaba a que luego vendría una larga conversación sobre lo nuestro y que no tenía ganas de hablar, lo hice.- ¿Qué quieres para desayunar? -lo miré extrañada.
—No lo sé. -respondí pasando una mano por la cabeza. Al retirarla varios mechones de pelo se habían quedado enredados entre mis dedos.
Sabía que él quería decir algo pero se ahorró el comentario.
—Está bien, un poco de todo entonces.
Llenó la mesa de alimentos que sacaba de las alacenas y de otros que había preparado con anterioridad. Ms vi rodeada de café caliente, zumo, tortitas y gran variedad de cereales y frutas. Los cubiertos fueron lo último que colocó delante de mí.
—¿No deberías estar en el trabajo? -pregunté e intentando disimular la ansiedad que me producía el hambre cogí lentamente una de las tortitas.
—He avisado de que llegaría un poco tarde por asuntos personales. -contestó de espaldas, haciendo algo en el fregadero. Bonita espalda, vestida con arañazos rojos y músculos marcados.
Dejó delante de mí un tarro con miel para untar.
—¿Y esto se debe a? -me atreví a preguntar y me miró alzando el ceño.
—No lo sé, ¿tú que crees? -ironizó. Cuando no pude mantener más las costumbres dentro de mi, eché a comer con necesitad.- Mírate, _____, estás hambrienta, delgada hasta la médula, enferma. No puedes ni con tu propio peso. Ódiame si es lo que quieres, pero eso no implica que tengas hacerte esto a ti misma.
—No te odio. -dije, apurando el último bocado. Qué bien sienta comer, joder. Lo ayudé a recoger las cosas.
—Permíteme decir que parece que sí. -nos movimos al salón, él se sentó en el sofá y yo me dejé caer en el sillón. -¿Lo ves? Puedes venir aquí, estamos hablando y no voy a comerte.
« Ojalá lo hicieras. Ojalá me hicieses a mí todo lo que le has hecho a Ailyn aquí abajo mientras yo lloraba en el piso de arriba. Porque te necesito Harry, nos necesito...»
Cerré los ojos con fuerza, buscando acallar mi subconsciente.
—¿Estás bien?
—No.
—¿Quieres que llame a un médico? -creo que lo oí incorporarse rápidamente.
—No estoy mal de ese modo, imbécil. -entonces lo oí volver a sentarse.- Y no pienso volver a tocar ese sofá en mi vida.
—¿Por qué? -me miró extrañado. Es idiota.
—Porque no quiero sentarme donde te has tirado a la zorra de Ailyn a mis espaldas.
—¿Qué? -parecía no saber de lo que yo hablaba. Pero qué bien actúa.
—Que no voy a sentarme donde te has follado a tu abogada, punto.
—No me he acostado con ella en este sofá nunca.
—No me mientas a la cara, Harry. Que os he oído. -dije con sorna, mofándome de su intento por hacerme creer su excusa.
—¿¡Cuándo!?
—El sábado.
—¿Cuándo llegaste y nos viste en el sofá? ¡Por dios, ______! Estabas drogada perdida, y no sé lo que viste u oíste, pero no me acosté con ella. ¿Estás enfadada por eso? ¿Crees que me la tiraría para vengarme de ti? ¿Por haber salido? No lo hice, ___. No me follé a Ailyn, a pesar de que el día siguiente otro hombre llamase a tu puerta con uno de tus tacones en la mano. Sólo le faltaba darme tus bragas en bandeja con una nota de cortesía explicando todas las posturas que ha practicado contigo. Y si alguien debe decir "Gracias por ponerme los cuernos" ese soy yo.
—¡Ja! ¿Crees que soy tan estúpida como para creerme que no la has tocado? Cuando llegué estaba prácticamente sobre ti. Y la llamaste, Harry. A ella.
—Entonces perdoname por haber intentado pasarlo bien, tendré en cuenta a partir de ahora que si tú eres la infiel no pasa nada, pero si yo hablo con una mujer merezco el infierno.
—Estabais de todo menos hablando. ¿Por qué has tenido que llamarla a ella? Sabes que la odio, que la detesto con todo mi ser. ¿No tienes más números en tu teléfono o qué?
—Vaya, ahora el problema es Ailyn. Lo que importa pues, es que sólo debo relacionarme con las chicas que a ti te caen bien. -terminamos levantándonos y palntándonos cara.- No me gusta la gente con la que andas y no te he obligado a dejarlos, pero ¿¡tu problema es que no he llamado a otra!?
—¡No! ¡Mi problema es que no me has llamado a mí!
—¿A ti? Oh, claro, ¿habrías venido? ¿O me habrías cogido el teléfono desde la cama de otro diciendo 'lo siento, Haz, estoy follando, espera tu turno"? La segunda opción parece la más acertada diría yo.
—Eres gilipollas. No te he puesto los cuernos pedazo de paleto, y no creas que no he intentado bailar con hombres. ¿Para qué mentir? No he podido ni tocarlos, aun drogada hasta la médula de la repulsión que me daba que ellos no fuesen tú.
—No creo que el narco del otro día y tu zapato piensen lo mismo.
Genial, ambos nos habíamos cerrado en banda y ahora no aceptaríamos nada que no fuese nuestra propia opinión.
—¡Si eso es lo que crees plántate ante el juez y ponme una denuncia por desacato al tribunal! Tienes "pruebas" ¿no? -entrecomillé la palabra con las manos.- ¡Pues venga! ¡Terminaríamos con esto y tendrías el camino libre para irte con la puta de tu abogada! Porque eso es lo que quieres, ¿eh? ¡Adelante!
—¡Claro que no es eso lo que quiero! -bufé de rabia, a punto de echarme a llorar de impotencia al mirarlo en ese estado.
—¿Entonces qué, Harry? Estás aquí por el dinero, y lo tienes en la palma de tu mano. Con una supuesta testigo de mi llegada y la prueba de que un hombre vino a traerme un zapato. ¡Vamos, acúsame! No es eso lo que pretendes, ¿librarte de mí? ¿De tu mujer adolescente de dieciocho años? ¡Si quieres volver a juicio estoy dispuesta, con tal de sacarte de delante! -grité una gran mentira en su cara. Pero él no se la tragó, simplemente bajó los hombros y dio otro paso hacia mí.
—No quiero librarme de ti, _____. Por nada del mundo.
—¡Podrías conseguir el dinero, y aun por encima librarte de mí por un hecho falso!
—Podría. Pero prefiero ser yo el que tenga que pagar tres millones durante el resto de mi vida antes que perderte.
________________
Siento la tardanza, y no sé si todavía quedan lectoras, pero a esas que lleguen aquí quiero deciros que no tengo explicación que daros para el casi medio año que he estado sin publicar.
Intentaré retomar la subida por lo menos una vez al mes.
¡Gracias por leer!
Jo Ally, me encanta, ya te lo he dicho por Tuenti. Ya sabes,cuando subas otro capitulo avísame, siempre seré tu lectora fiel(:
ResponderEliminar¿La seguirás?Acabo de leerla y ya me obsesione. Siguela
ResponderEliminar