domingo, 12 de mayo de 2013

CAPÍTULO 11.

»NARRA HARRY«
Me extrañó ver aquel Audi aparcado delante de mi apartamento, entonces recordé que los padres de ________ iban a traerle el coche hoy.
Volví a observar el sobre que tenía en la mano, ¿en serio debería plantearme llevarla?
Negué con la cabeza y entré en casa, mi primera visión fue un gran charco de algo rojo en la entrada, sin duda no me convendría adivinar de qué. Unos bóxer, que no eran míos, descansaban en el suelo, y ropa interior femenina colgaba de uno de los muebles. Entonces, oí un grito en la planta superior. Sin siquiera pasar por la cocina, subí lentamente por las escaleras hasta detenerme en la puerta de mi habitación.
—Te creía más inteligente -susurré al asegurarme de que los gritos provenían de allí y saqué el móvil del bolsillo- Acabas de perder tres millones de dólares, Smith.
Lentamente giré el pomo de la puerta hasta que sentí unos brazos rodearme la cintura y unos labios en mi oído.
—Podías haberme dicho que habías llegado a casa -oí su voz, entonces ¿quién estaba en mi habitación? Me di la vuelta para quedar frente a ella. Llevaba puesto el delantal y... nada. O por lo menos, ninguna prenda sobresalía. ¿Caminaba por casa en delantal y tacones rojos?- Ven -dijo tirando de mi brazo- ¡Te tengo una sorpresa! -exclamó y me arrastró escaleras abajo. Tan pronto se dio la vuelta descubrí lo que llevaba puesto. Un vestido rojo palabra de honor, bien corto y ajustado. O tan bien podía definirse como tela que tapaba lo justo.
—Una duda existencial, ¿quién está follando en mi habitación?
—Chloe y su nuevo ligue. La llamé para que me hiciera compañía y se presentó aquí con él.
—¿Y tenían que dejar su ropa interior por todo el salón?
—Es lo que hace la gente que practica sexo del bueno.
—¿Es lo que hacías tú antes de casarte conmigo? -añadí y se detuvo en medio del pasillo.
—¿Te digo la verdad o te miento?
—¿Sabes? Prefiero no saberlo, enséñame esa sorpresa -sonrió y la seguí hasta la cocina. Me obligó a sentarme en la mesa y segundos después, colocó ante mí un suculento plato con lo que parecía un chuletón de cerdo, recubierto con salsa de nata y una ensalada.
—Para que veas que soy buena esposa, te he cocinado la comida, y todo.
—¿Una buena esposa dejaría que su mejor amiga esté haciendo guarradas con su ligue en la habitación se su marido?
—Si quieres, podemos ir a hacer nosotros las nuestras a otra habitación -dijo pasando por mi lado, para acabar sentándose de un salto en la mesa. Negué con la cabeza y dudé un momento la cantidad de veneno que podía haberle echado a aquel plato, pero acabé probándolo igual.
—Hoy estás algo rara. -dije dejando el plato en el lavaplatos.
—¿Algo rara? ¿O no estás acostumbrado a ver a alguien tan sexy?
—No tiene nada que ver con el diminuto cacho de tela que cubre tu cuerpo... ¡Ah! Sí, déjame adivinar, ¿quieres sexo del bueno, no es así?
—No tiene nada que ver con eso, aunque no estaría nada mal...
—Pues déjame decirte, -comenté acercándome a ella y separándole las piernas para situarme entre ellas- que no tendrás sexo de ninguna de las maneras hasta dentro de un año, cuando acabe la sentencia. -susurré en su oído, como había hecho ella antes.
—¿Qué vas a esperar al último día para dármelo todo junto?
—No volverás a ver mi "churro" -dije utilizando una de sus expresiones- nunca. -le di dos palmaditas en la cabeza, como si fuera una niña pequeña y me dirigí al salón.
—Entonces, ¿tampoco me dirás qué es esto? -me di la vuelta para saber de qué hablaba y puse los ojos en blanco. Llevé la mano al bolsillo interior de mi chaqueta, el sobre ya no estaba allí.
—Eres increíble... Ahora dame eso, es del trabajo.
—Aquí dice: para el señor y -recalcó ese "y"- la señora Styles.
—No es nada, dame eso. -exclamé intentando quitárselo.
—Dime qué es. O puedo abrirlo, y adivinarlo yo misma -hizo amago de abrirlo y rodé los ojos.
—¡Está bien! -dije arrebatándoselo- Dentro de seis meses, mi jefe se jubila. Trabajo en una empresa que se encarga de importar y exportar productos de alta tecnología. Y soy vicepresidente de esa empresa...
—¡Vaya! Estoy casada con un alto cargo.
—Como he dicho, mi jefe se jubila, y dentro de seis meses celebrará su jubilación. Y en esa fiesta decidirá quién queda como presidente, si yo, o Liam Payne, el encargado de las finanzas.
—¿Y qué tengo yo que ver en todo eso?
—Pretende...-dudé por un momento si decírselo, u ocultárselo- Pretende que todos los trabajadores llevemos a nuestras esposas, para conocerlas. Dice que la responsabilidad de un hombre se ve en el tipo de mujer que escogió, o algo así.
—Oh, estaré encantada de ir.
—No, no. Eso sí que no. No irás. Pretendo que me asciendan, no que me echen.
—¡Si soy la mujer más responsable del mundo!
—Por supuesto; escaparse de casa para irse a Las Vegas, correr desnuda por las calles, un duelo en tarima, lluvia de vodka en una discoteca, casarse con un desconocido... Es lo más responsable del mundo.
—Que yo sepa, tu participaste en la mayoría de ellas.
—¿Será por eso que terminamos casados? -me llevé una mano a la cabeza, ¿¡Quién me mandaría ir de vacaciones!?
—¡No! Terminamos casados porque yo presioné al juez de paz. -soltó un suspiro- Echo de menos esos tiempos... la irresponsabilidad, la fiesta, el sexo desenfrenado en los baños de bares, con gente que probablemente no vuelva a ver en la vida...
—Ni de broma vienes a la reunión de la empresa.
—¿Ah no? -dijo con intención de acercarse, pero algo la detuvo- ¡Vaya masculinidad te gastas! -exclamó y, ante lo raro que me resultaba su cambio de tema, me di la vuelta, para encontrarme allí al que supuse sería el nuevo ligue de Chloe. En pelotas.

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