Los
días iban pasando entre peleas y discusiones. Yo y Harry vivíamos para eso:
discutir, gritar, y solucionarlo con una especie de escena romántica. Exacto,
más que cónyuges éramos mejores amigos.
El invierno no tardó en llegar, y con él la navidad y todos los problemas con los regalos.
—Mañana es navidad -dijo ella al otro lado de la línea, ni que no lo supiera.
—Lo sé, Chloe. ¿Y qué con eso?
—¿Ya tienes el regalo de Harry?
—¿Qué regalo?
—¡El de navidad! ¿Estás idiota hoy, o qué?
—¿Para qué voy a regalarle algo?
—No me jodas, que mañana es navidad y no le has comprado nada.
—Pues no, la verdad es que no.
—Mañana a las diez estoy en tu casa, vamos a irnos de compras. ¿¡Qué clase de mujer eres tú!?
—Una con el sex appeal por las nubes.
—Yo puedo conseguirte un regalo, no sexo con Harry. Caliéntalo o algo... Bah, te dejo, mañana nos vemos.
—Folla bien.
—Creo que no puedo decir lo mismo.
Después de una sonora carcajada colgué el teléfono. Observé el tiempo por la ventana, estaba nevando. Desde aquí se podía ver perfectamente Central Park, entonces recordé que esta semana se celebraba la feria por navidad. Siempre había odiado el invierno, nunca puedes vestirte vestidos o ropa corta. Aunque eso nunca fue problema para mí.
Me levanté de la cama de Harry y corrí hasta el salón donde él estaba. Me dejé caer por el respaldo, quedando con los pies en éste y la cabeza en el asiento.
—¿Te apetece ir a la feria? -pregunté observando su cara del revés.
—¿Ahora?
—A menos, claro está, que prefieras quedarte en casa viendo esas películas típicas de la navidad con todos sus personajes chorra llenos de amor que me hacen vomitar con toda su felicidad.
—Eres cruel...-dijo y me encogí de hombros- Está bien. -Se levantó y cogió su abrigo.- ¿Te van las atracciones fuertes?
—¿Lo dudas? -dije con cara de niña con caramelos, y salimos por la puerta.
—¿Caminando o en coche?
—Caminando -dije- aprovechemos que nieva.
»NARRADOR«
La gente los veía pasar y sonreía, viendo en ellos a otra pareja feliz, pensando que en realidad estaban enamorados, y no solo eran dos personas juntas por una sentencia de juez. Y es que se habían acercado tanto que él le pasaba el brazo por los hombros y ella a él por la cintura. Curioso, ¿verdad? Que lo que empezó por un: “—¿Tú también quieres verme las tetas?”; haya acabado con dos personas caminando bajo el nevado cielo de Nueva York.
[...]
—¿Mañana tienes que trabajar? -le pregunté, mientras daba otro mordisco a la manzana de caramelo.
—No ¿Quién trabaja en navidad? -asentí, mi padre lo hacía.- ¿Quieres volver a casa? Ya hemos recorrido todo el parque.
—En realidad no. Nos queda esa -dije señalándola en el mapa.
—¿La casa del terror? -preguntó irónico.
—¿Tienes miedo?
—Yo no, ¿pero tú?
—Primero: yo no tengo miedo -primera mentira- Segundo: siempre llego al final en las casas del terror -segunda mentira- Tercero: nunca grito -mi nariz debía verse incluso en mi casa- Hagamos una apuesta.
—De acuerdo. Si gritas, o cierras los ojos, o te echas atrás en algún lugar del túnel, renunciarás a los tres millones. -en ese momento me quedé como una piedra. No sé qué me dolió más, el hecho de que Harry siga pensando en la maldita sentencia, o que me pidiera que renunciara a ella.
—¿Sabes? -logré decir después de recuperarme. Ni siquiera sé por qué me afecta- Ya no tengo ganas. Me largo.
—¿______?
—Adiós Styles -corrí, no sabía hacia dónde, solo corrí. Me apoyé en una pared blanca, intentando que me sirviera de apoyo pues mis piernas ya no respondían. Aun así acabé dejándome caer al suelo.
—Mierda, este pantalón es nuevo, y aun por encima, blanco -musité levantándome y sentándome en un banco de piedra. ¿Qué mierdas? ¿Me lo parece a mí u olvidé quién soy? _______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes, la que se escapa a Las Vegas y se sale con la suya, y la que ahora está perdiendo el tiempo con un tío con rizos al que aun por encima solo le interesa el maldito dinero.
—Eres de lo peor, Sty– susurré hasta que sentí sus brazos en mi cintura y sus labios en mi oído.
—Quiero que sepas que no me importa el maldito dinero, solo quiero ir a esa atracción contigo y protegerte, que no tengas miedo de nada de lo que hay ahí, por el simple hecho de estar en mis brazos. Te quiero a ti... -dijo y entonces desperté.
—¿Eh? -musité al encontrarme su cara a dos centímetros de la mía. ¿Qué clase de ridícula fantasía acababa de tener?
—Que perdona si he dicho algo malo. ¿Aún quieres ir a esa atracción? -preguntó y asentí, mientras reprimía a mi cerebro por tener esas estúpidas ensoñaciones.
—Bien, la cosa está así, -dije cuando estuvimos delante de aquella casa-túnel del terror- Si yo gano, follamos. Si tú ganas, no voy contigo a tu querida reunión de la empresa.
—Hecho. No puedes cerrar los ojos, gritar, o echarte atrás en medio del túnel. -nos acercamos al Zombie que recogía las entradas, antes de acercarnos al grupo. La mirada que me echó, cuando le entregué la mía, no sabía si era su mirada normal, su mirada de depravado sexual, o su mirada que dice: ¡Voy a matarte tan pronto te des la vuelta!
El invierno no tardó en llegar, y con él la navidad y todos los problemas con los regalos.
—Mañana es navidad -dijo ella al otro lado de la línea, ni que no lo supiera.
—Lo sé, Chloe. ¿Y qué con eso?
—¿Ya tienes el regalo de Harry?
—¿Qué regalo?
—¡El de navidad! ¿Estás idiota hoy, o qué?
—¿Para qué voy a regalarle algo?
—No me jodas, que mañana es navidad y no le has comprado nada.
—Pues no, la verdad es que no.
—Mañana a las diez estoy en tu casa, vamos a irnos de compras. ¿¡Qué clase de mujer eres tú!?
—Una con el sex appeal por las nubes.
—Yo puedo conseguirte un regalo, no sexo con Harry. Caliéntalo o algo... Bah, te dejo, mañana nos vemos.
—Folla bien.
—Creo que no puedo decir lo mismo.
Después de una sonora carcajada colgué el teléfono. Observé el tiempo por la ventana, estaba nevando. Desde aquí se podía ver perfectamente Central Park, entonces recordé que esta semana se celebraba la feria por navidad. Siempre había odiado el invierno, nunca puedes vestirte vestidos o ropa corta. Aunque eso nunca fue problema para mí.
Me levanté de la cama de Harry y corrí hasta el salón donde él estaba. Me dejé caer por el respaldo, quedando con los pies en éste y la cabeza en el asiento.
—¿Te apetece ir a la feria? -pregunté observando su cara del revés.
—¿Ahora?
—A menos, claro está, que prefieras quedarte en casa viendo esas películas típicas de la navidad con todos sus personajes chorra llenos de amor que me hacen vomitar con toda su felicidad.
—Eres cruel...-dijo y me encogí de hombros- Está bien. -Se levantó y cogió su abrigo.- ¿Te van las atracciones fuertes?
—¿Lo dudas? -dije con cara de niña con caramelos, y salimos por la puerta.
—¿Caminando o en coche?
—Caminando -dije- aprovechemos que nieva.
»NARRADOR«
La gente los veía pasar y sonreía, viendo en ellos a otra pareja feliz, pensando que en realidad estaban enamorados, y no solo eran dos personas juntas por una sentencia de juez. Y es que se habían acercado tanto que él le pasaba el brazo por los hombros y ella a él por la cintura. Curioso, ¿verdad? Que lo que empezó por un: “—¿Tú también quieres verme las tetas?”; haya acabado con dos personas caminando bajo el nevado cielo de Nueva York.
[...]
—¿Mañana tienes que trabajar? -le pregunté, mientras daba otro mordisco a la manzana de caramelo.
—No ¿Quién trabaja en navidad? -asentí, mi padre lo hacía.- ¿Quieres volver a casa? Ya hemos recorrido todo el parque.
—En realidad no. Nos queda esa -dije señalándola en el mapa.
—¿La casa del terror? -preguntó irónico.
—¿Tienes miedo?
—Yo no, ¿pero tú?
—Primero: yo no tengo miedo -primera mentira- Segundo: siempre llego al final en las casas del terror -segunda mentira- Tercero: nunca grito -mi nariz debía verse incluso en mi casa- Hagamos una apuesta.
—De acuerdo. Si gritas, o cierras los ojos, o te echas atrás en algún lugar del túnel, renunciarás a los tres millones. -en ese momento me quedé como una piedra. No sé qué me dolió más, el hecho de que Harry siga pensando en la maldita sentencia, o que me pidiera que renunciara a ella.
—¿Sabes? -logré decir después de recuperarme. Ni siquiera sé por qué me afecta- Ya no tengo ganas. Me largo.
—¿______?
—Adiós Styles -corrí, no sabía hacia dónde, solo corrí. Me apoyé en una pared blanca, intentando que me sirviera de apoyo pues mis piernas ya no respondían. Aun así acabé dejándome caer al suelo.
—Mierda, este pantalón es nuevo, y aun por encima, blanco -musité levantándome y sentándome en un banco de piedra. ¿Qué mierdas? ¿Me lo parece a mí u olvidé quién soy? _______ Smith, la adolescente perfecta, más deseada de los cinco continentes, la que se escapa a Las Vegas y se sale con la suya, y la que ahora está perdiendo el tiempo con un tío con rizos al que aun por encima solo le interesa el maldito dinero.
—Eres de lo peor, Sty– susurré hasta que sentí sus brazos en mi cintura y sus labios en mi oído.
—Quiero que sepas que no me importa el maldito dinero, solo quiero ir a esa atracción contigo y protegerte, que no tengas miedo de nada de lo que hay ahí, por el simple hecho de estar en mis brazos. Te quiero a ti... -dijo y entonces desperté.
—¿Eh? -musité al encontrarme su cara a dos centímetros de la mía. ¿Qué clase de ridícula fantasía acababa de tener?
—Que perdona si he dicho algo malo. ¿Aún quieres ir a esa atracción? -preguntó y asentí, mientras reprimía a mi cerebro por tener esas estúpidas ensoñaciones.
—Bien, la cosa está así, -dije cuando estuvimos delante de aquella casa-túnel del terror- Si yo gano, follamos. Si tú ganas, no voy contigo a tu querida reunión de la empresa.
—Hecho. No puedes cerrar los ojos, gritar, o echarte atrás en medio del túnel. -nos acercamos al Zombie que recogía las entradas, antes de acercarnos al grupo. La mirada que me echó, cuando le entregué la mía, no sabía si era su mirada normal, su mirada de depravado sexual, o su mirada que dice: ¡Voy a matarte tan pronto te des la vuelta!
Recogió
la de Harry, para después indicarnos que nos juntásemos con las otras seis
personas que formaban nuestro grupo. Abrió la puerta que había ante nosotros, y
por lo que pude ver sobre sus hombros, daba a un recibidor.
—Entrad y pegaos a la pared. -dijo para todos, pero sin dejar de mirarme. ¿Qué clase de problema tenía conmigo? Entré de última, siguiendo la espalda de Harry, y tan pronto puse un pié dentro, la puerta se cerró de golpe, haciendo que pegase un salto. Todos se pegaron a la pared, ¡yo a eso no me acercaba! ¿y si me tocaba algo por detrás? Miré a Harry, con intención de decirle algo, pero la cara de aquel zombie a dos escasos centímetros de la mía, hizo que me pegase un vuelco al corazón con el susto. Me mordí el labio intentando reprimir el grito, para no perder.
—He dicho, pegados a la pared. -repitió clavando sus ojos rojos por las lentillas, en los míos. Los miré hasta que sentí la mano de Harry tirar de mí y pegarme a la pared. Observé como ahora ellos dos se miraban entre sí, hasta que el guía zombie se colocó en frente de todos para dar las instrucciones.
—Bien, al cruzar esa cortina os encontraréis con una puerta en la que llamaréis tres veces. Sólo tres veces y esperaréis a que os abran. Hay tres partes en el túnel, la tercera es un laberinto, por nada del mundo os separéis del grupo. Si conseguís cruzar al laberinto os encontraréis dos puertas. Una de ellas es la salida, la otra lleva al infierno. Buena suerte. -rió antes de desaparecer.
—Entrad y pegaos a la pared. -dijo para todos, pero sin dejar de mirarme. ¿Qué clase de problema tenía conmigo? Entré de última, siguiendo la espalda de Harry, y tan pronto puse un pié dentro, la puerta se cerró de golpe, haciendo que pegase un salto. Todos se pegaron a la pared, ¡yo a eso no me acercaba! ¿y si me tocaba algo por detrás? Miré a Harry, con intención de decirle algo, pero la cara de aquel zombie a dos escasos centímetros de la mía, hizo que me pegase un vuelco al corazón con el susto. Me mordí el labio intentando reprimir el grito, para no perder.
—He dicho, pegados a la pared. -repitió clavando sus ojos rojos por las lentillas, en los míos. Los miré hasta que sentí la mano de Harry tirar de mí y pegarme a la pared. Observé como ahora ellos dos se miraban entre sí, hasta que el guía zombie se colocó en frente de todos para dar las instrucciones.
—Bien, al cruzar esa cortina os encontraréis con una puerta en la que llamaréis tres veces. Sólo tres veces y esperaréis a que os abran. Hay tres partes en el túnel, la tercera es un laberinto, por nada del mundo os separéis del grupo. Si conseguís cruzar al laberinto os encontraréis dos puertas. Una de ellas es la salida, la otra lleva al infierno. Buena suerte. -rió antes de desaparecer.
—¿Quién
será el líder que llame a la puerta? -preguntó una de las rubias. Quitando a
las cuatro rubias que se negaban, y a la otra pareja que no debían tener más de
quince años, quedábamos yo y Harry.
—Yo llamo. -dijo Harry, que fue el primero en cruzar la cortina. Lo seguí y detrás mía, los otros seis. Dio tres toques en aquella puerta, y en seguida apareció el zombie de antes a mi lado.
—¿Tú no te habías largado, o qué? -exclamé maldiciendo a todos sus muertos por meterme el susto de mi vida.
—Yo llamo. -dijo Harry, que fue el primero en cruzar la cortina. Lo seguí y detrás mía, los otros seis. Dio tres toques en aquella puerta, y en seguida apareció el zombie de antes a mi lado.
—¿Tú no te habías largado, o qué? -exclamé maldiciendo a todos sus muertos por meterme el susto de mi vida.
—Eso
también creía yo...-oí susurrar a Harry y en unos segundos, la puerta se abrió.
Un molesto ruido salió del interior de aquella puerta.
—Entrad, y no os olvidéis de gritar. -se mofó el guía. ¿Era idiota o algo? La pareja de quinceañeros fueron los primeros en entrar, seguidos de las cuatro rubias. Harry entró el último, después de mí. ¿A quién quería engañar? ¡Odiaba las casas del terror! Pero ahora no había marcha atrás y no iba a perder.
Caminaba delante de él, mirando a ambos lados, estaba ambientado como si fuese una cárcel, a cada lado había celdas vacías.
—Si solo están vacías no pasa nada. -pensé observando las jaulas de la izquierda.
Me llevé la mano a la boca, para no gritar, al mirar hacia la derecha. Separado de mí únicamente por unos barrotes de mierda, una cabeza quemada respiraba cerca de mi cara. Caminé rápidamente para alejarme de ella.
—Con lo que a ti te gusta quemar, y un trozo de plástico te da miedo... -susurró Harry sobre mi oído. Giré sobre mis talones, rozando sin querer sus labios.
—Yo no... -comencé a decir, pero la cabeza esa de antes me interrumpió, volviendo a colocarse a nuestra derecha, esta vez disfrutando del espectáculo.- Yo no tengo miedo.-dije firme y seguí caminando a la vez que le enseñaba a aquella cabeza toca pelotas mi dedo de en medio. -No deberíamos separarnos del grupo.
Alcanzamos al resto ya saliendo de aquellas cárceles infernales. Estaba todo completamente oscuro por lo que empezamos a caminar en fila india. Pronto sentí una mano bajo mi suéter, húmeda y fría.
—Harry, si eres tú, no me hace ni puta gracia.-dije intentando librarme de aquella mano.
—¿Qué se supone que no te hace gracia?
—Que tengas tu mano bajo mi...-empecé, pero si no era él, ¿quién? Sentí un gélido aliento al lado derecho de mi cuello. ¡Algo me estaba tocando y me iba a cagar en su puta madre! No dudé un segundo en propinar un puñetazo con todas mis fuerzas en aquella dirección, impactando contra algo o alguien. Todos se detuvieron y las luces volvieron a encenderse, para luego ser acompañadas por el grito de las rubias al ver la nueva habitación en la que nos encontrábamos. Ignorando la estancia, que parecían las paredes de un manicomio y todas ellas estaban pintadas con sangre, me centré en lo que había en el suelo. Aquel pañuelo blanco formaba parte del disfraz del guía zombie.
—¿Qué haces con eso? -preguntó Harry, que parecía también haber reconocido el objeto, y ya no estaba tan contento como en nuestra pequeña escena romántica de la cabeza flotante.
—El dueño de esto me estaba metiendo mano hace unos segundos.
—¿¡Qué!?
—Pensé que eras tú...-dije, y los demás nos llamaron.- ¿Qué pasa?
—Ricitos, tú eres el líder. -dijo una de las rubias señalando con la cabeza la puerta que seguramente daba acceso al laberinto.- Tú la abres.
Harry no dudó un momento, se acercó a la puerta y la abrió rápidamente. Por lo menos esta habitación estaba iluminada, por desgracia.
Este no era un laberinto de eses en los que yo jugaba de pequeña, con flores y árboles. Esto era el infierno para los aracnofóbicos, para mí. La primera de las arañas se dejó ver, colocándose sobre una de las telas. Las piernas empezaron a temblarme ¡nadie había hablado de arañas!
Todos empezaron a caminar hacia el camino que marcaban las telas de araña, menos yo, yo no fui capaz.
—Harry...-susurré. No soy mujer de miedo, de las que le tiemblan las piernas, tengo más huevos que la mayoría de hombres... siempre que no haya arañas de por medio.
—¿Vas a rendirte? ¿A cerrar los ojos, a gritar, _____? -susurró él también.
—No. -me mantuve fuerte y seguí al grupo. Los caminos que en los que nos adentrábamos eran túneles hechos de telas de araña, y miles de estas, diminutas e incluso del tamaño de mi cabeza, caminaban por mi lado. ¡Y yo no podía cerrar los ojos! Respirando profundamente observé hacia los lados. Me detuve en seco al mirar al frente, una araña colgaba del techo, justo delante de mi cara y me miraba con todos sus repugnantes ojos. No dejé de mirarlos, mis piernas empezaron a flaquear, la respiración se me aceleró, no podía gritar, ni huir, ni siquiera cerrar los ojos. Mis piernas iban a dejarme caer al suelo cuando sentí unos brazos sujetarme fuerte por la cintura, una mano rompió la tela en la que la araña se sujetaba, haciendo que cayese y se largase.
—Gracias. -conseguí decir al notar sus labios rozar mi oído.
—Estoy aquí, para ti. -susurró y sin soltarme caminamos hacia donde estaban los demás.
Esquivábamos las extrañas trampas, por así llamarles, que las arañas tejían.
Apreté las manos de Harry, que me aferraban por debajo del pecho, para evitar cerrar los ojos o gritar. Aspiré rápida y profundamente cuando miles de diminutas arañas empezaron a salir del suelo y recubrir las paredes. Solté todo el aire de golpe al sentir las manos, esta vez de Harry, colarse bajo mi camiseta. Seguimos caminando a pesar de todo, aunque él llevaba su peso más el mío. Vimos al resto correr y entonces suspiré de alivio al descubrir que ya llegábamos casi al final.
—Creo que la puerta que lleva al final es la de la izquierda. -dijo una de las rubias.
—Es la otra, la de la derecha. -musité fijándome en ambas cerraduras.
—El pomo de esa está lleno de sangre, no pienso tocarlo, vamos por la izquierda. -las demás rubias secundaron la idea y se adentraron por aquella puerta.-¡Vamos, entrad! -gritaron desde dentro, y los quinceañeros las siguieron.
—¿Tú no vas? -pregunté a Harry, y esperaba un no, puesto que no quería separarme.
—No. Si dices que es la derecha, entonces por ahí iremos. -me alentó. Alcancé yo la cerradura de la puerta para que él no tuviese que soltarme. Tan pronto entramos, la puerta se cerró de golpe y oímos un grito, que reconocimos como a las rubias y los quinceañeros. El mismo guía zombie volvió a aparecer.
—Bien, habéis encontrado el camino correcto, esa puerta es la salida. -dijo riendo socarronamente.
—Eh, esto es tuyo, cabrón. -le lancé a la cara el pañuelo blanco que se había dejado y yo y Harry no tardamos un minuto más en salir de allí.
—¡Por fin fuera! -exclamé acurrucándome entre los brazos de Harry.
—Sí...-susurró.
—Bien, has ganado. -dije dándome la vuelta entre sus brazos y mirándole a los ojos.
—No.
—Pero yo...
—Que yo te haya abrazado no implica que perdieras, la apuesta decía no cerrar los ojos ni gritar. Y no lo has hecho.
—Eso quiere decir que...
—Entrad, y no os olvidéis de gritar. -se mofó el guía. ¿Era idiota o algo? La pareja de quinceañeros fueron los primeros en entrar, seguidos de las cuatro rubias. Harry entró el último, después de mí. ¿A quién quería engañar? ¡Odiaba las casas del terror! Pero ahora no había marcha atrás y no iba a perder.
Caminaba delante de él, mirando a ambos lados, estaba ambientado como si fuese una cárcel, a cada lado había celdas vacías.
—Si solo están vacías no pasa nada. -pensé observando las jaulas de la izquierda.
Me llevé la mano a la boca, para no gritar, al mirar hacia la derecha. Separado de mí únicamente por unos barrotes de mierda, una cabeza quemada respiraba cerca de mi cara. Caminé rápidamente para alejarme de ella.
—Con lo que a ti te gusta quemar, y un trozo de plástico te da miedo... -susurró Harry sobre mi oído. Giré sobre mis talones, rozando sin querer sus labios.
—Yo no... -comencé a decir, pero la cabeza esa de antes me interrumpió, volviendo a colocarse a nuestra derecha, esta vez disfrutando del espectáculo.- Yo no tengo miedo.-dije firme y seguí caminando a la vez que le enseñaba a aquella cabeza toca pelotas mi dedo de en medio. -No deberíamos separarnos del grupo.
Alcanzamos al resto ya saliendo de aquellas cárceles infernales. Estaba todo completamente oscuro por lo que empezamos a caminar en fila india. Pronto sentí una mano bajo mi suéter, húmeda y fría.
—Harry, si eres tú, no me hace ni puta gracia.-dije intentando librarme de aquella mano.
—¿Qué se supone que no te hace gracia?
—Que tengas tu mano bajo mi...-empecé, pero si no era él, ¿quién? Sentí un gélido aliento al lado derecho de mi cuello. ¡Algo me estaba tocando y me iba a cagar en su puta madre! No dudé un segundo en propinar un puñetazo con todas mis fuerzas en aquella dirección, impactando contra algo o alguien. Todos se detuvieron y las luces volvieron a encenderse, para luego ser acompañadas por el grito de las rubias al ver la nueva habitación en la que nos encontrábamos. Ignorando la estancia, que parecían las paredes de un manicomio y todas ellas estaban pintadas con sangre, me centré en lo que había en el suelo. Aquel pañuelo blanco formaba parte del disfraz del guía zombie.
—¿Qué haces con eso? -preguntó Harry, que parecía también haber reconocido el objeto, y ya no estaba tan contento como en nuestra pequeña escena romántica de la cabeza flotante.
—El dueño de esto me estaba metiendo mano hace unos segundos.
—¿¡Qué!?
—Pensé que eras tú...-dije, y los demás nos llamaron.- ¿Qué pasa?
—Ricitos, tú eres el líder. -dijo una de las rubias señalando con la cabeza la puerta que seguramente daba acceso al laberinto.- Tú la abres.
Harry no dudó un momento, se acercó a la puerta y la abrió rápidamente. Por lo menos esta habitación estaba iluminada, por desgracia.
Este no era un laberinto de eses en los que yo jugaba de pequeña, con flores y árboles. Esto era el infierno para los aracnofóbicos, para mí. La primera de las arañas se dejó ver, colocándose sobre una de las telas. Las piernas empezaron a temblarme ¡nadie había hablado de arañas!
Todos empezaron a caminar hacia el camino que marcaban las telas de araña, menos yo, yo no fui capaz.
—Harry...-susurré. No soy mujer de miedo, de las que le tiemblan las piernas, tengo más huevos que la mayoría de hombres... siempre que no haya arañas de por medio.
—¿Vas a rendirte? ¿A cerrar los ojos, a gritar, _____? -susurró él también.
—No. -me mantuve fuerte y seguí al grupo. Los caminos que en los que nos adentrábamos eran túneles hechos de telas de araña, y miles de estas, diminutas e incluso del tamaño de mi cabeza, caminaban por mi lado. ¡Y yo no podía cerrar los ojos! Respirando profundamente observé hacia los lados. Me detuve en seco al mirar al frente, una araña colgaba del techo, justo delante de mi cara y me miraba con todos sus repugnantes ojos. No dejé de mirarlos, mis piernas empezaron a flaquear, la respiración se me aceleró, no podía gritar, ni huir, ni siquiera cerrar los ojos. Mis piernas iban a dejarme caer al suelo cuando sentí unos brazos sujetarme fuerte por la cintura, una mano rompió la tela en la que la araña se sujetaba, haciendo que cayese y se largase.
—Gracias. -conseguí decir al notar sus labios rozar mi oído.
—Estoy aquí, para ti. -susurró y sin soltarme caminamos hacia donde estaban los demás.
Esquivábamos las extrañas trampas, por así llamarles, que las arañas tejían.
Apreté las manos de Harry, que me aferraban por debajo del pecho, para evitar cerrar los ojos o gritar. Aspiré rápida y profundamente cuando miles de diminutas arañas empezaron a salir del suelo y recubrir las paredes. Solté todo el aire de golpe al sentir las manos, esta vez de Harry, colarse bajo mi camiseta. Seguimos caminando a pesar de todo, aunque él llevaba su peso más el mío. Vimos al resto correr y entonces suspiré de alivio al descubrir que ya llegábamos casi al final.
—Creo que la puerta que lleva al final es la de la izquierda. -dijo una de las rubias.
—Es la otra, la de la derecha. -musité fijándome en ambas cerraduras.
—El pomo de esa está lleno de sangre, no pienso tocarlo, vamos por la izquierda. -las demás rubias secundaron la idea y se adentraron por aquella puerta.-¡Vamos, entrad! -gritaron desde dentro, y los quinceañeros las siguieron.
—¿Tú no vas? -pregunté a Harry, y esperaba un no, puesto que no quería separarme.
—No. Si dices que es la derecha, entonces por ahí iremos. -me alentó. Alcancé yo la cerradura de la puerta para que él no tuviese que soltarme. Tan pronto entramos, la puerta se cerró de golpe y oímos un grito, que reconocimos como a las rubias y los quinceañeros. El mismo guía zombie volvió a aparecer.
—Bien, habéis encontrado el camino correcto, esa puerta es la salida. -dijo riendo socarronamente.
—Eh, esto es tuyo, cabrón. -le lancé a la cara el pañuelo blanco que se había dejado y yo y Harry no tardamos un minuto más en salir de allí.
—¡Por fin fuera! -exclamé acurrucándome entre los brazos de Harry.
—Sí...-susurró.
—Bien, has ganado. -dije dándome la vuelta entre sus brazos y mirándole a los ojos.
—No.
—Pero yo...
—Que yo te haya abrazado no implica que perdieras, la apuesta decía no cerrar los ojos ni gritar. Y no lo has hecho.
—Eso quiere decir que...
—Anda, vámonos a casa. -susurró rozando mi lóbulo.
Que amooor de capítulo <3
ResponderEliminarOH DIOS es ajdbsksj Soy nueva lectora ¿Saves?JAJAJA me ha encantado dios agregame al Tuenti ¿Si? Y me avisas y eso claro si tu quieres si no pues ea, Un beso de tu nueva Lectora Mi tuenti es:
ResponderEliminarNiall Adorotusonrisa
¡Hola!
ResponderEliminarSiento deciros que me han denunciado, así que me he hecho un nuevo tuenti.
http://www.tuenti.com/#m=Profile&func=index&user_id=79491244
"Ally Smith"
Así que agregadme a ese, si no no podré avisaros.
Lo siento y gracias ♥