domingo, 23 de junio de 2013

CAPÍTULO 15.

Bajó la velocidad de sus embestidas, pero se hizo de rogar antes de abandonar de todo mi cuerpo.  Mi respiración no conseguía relajarse,  y mucho menos cuando el recorrió mi estómago hasta llegar a mi entrepierna.  Separó mis piernas y se colocó entre ellas, dejó suaves mordiscos sobre el exterior antes de alcanzar mi clítoris con la lengua. Mi espalda se arqueó instintivamente y llevé mis manos a sus rizos, acercándolo más a mí. Me hizo llegar al cielo en unos segundos. Volvió a ascender por mi estómago hasta mis labios. Me acurruqué en su pecho y me rodeó con sus brazos. Luché contra mis párpados para que no se cerrasen.
—Harry...-conseguí su atención- Esta noche, quédate.  -pedí que no se fuese a la habitación en la que normalmente dormía. - Y no me sueltes.  Por nada del mundo.
—Tranquila,  no lo haré.  -susurró contra mi pelo y besó mi frente.
[…]
Él ya no estaba en la cama cuando desperté. Me acerqué a la cómoda que había comprado para guardar todas mis cosas y, después de observar que volvía a nevar, escogí la ropa que me vestí después de una ducha rápida de agua fría en la gran bañera de Harry. Ya había leído el mensaje de Chloe, que llegaba de Los Ángeles en media hora y vendría directamente hacia aquí.
Al bajar, vi a Harry en el sofá, observando una revista de joyas. La reconocí, era de una colección de relojes carísima.
—Buenos días. -sonrió al verme y le devolví la sonrisa, dejándome caer boca abajo, por el respaldo del sofá, como siempre.- Llegó algo para ti. –se levantó para buscarlo. Aproveché para coger la revista y hojearla. La página con la colección de los doce relojes de Sara Lawrence era la que él había estado mirando. Los once primeros, de entre quinientos y mil doscientos dólares, estaban marcados con una cruz, supuse que ya los tenía y lo confirmé al recordar verlos en una gran caja de cristal dentro de su armario. Solo le faltaba uno para completarla. El último, con correa de cuero y oro, los números en plata y, en el centro de las agujas negras, un diminuto diamante, que costaba doce mil dólares. Mi padre también los coleccionaba hasta que se cansó de ellos, y ahora ya sabía qué regalarle a Harry por navidad.
—Aquí está. Es una postal de tus padres. -irrumpió en el salón, haciéndome soltar la revista. Observé aquel trozo de cartón, la imagen era la misma que mandábamos cada año por estas fechas, la única diferencia es que en la foto de la familia, este año, no estaba yo.
—Quieren que vayamos a pasar la noche de año nuevo a Los Ángeles. Excusa para conocerte, supongo.
—Tenemos un problema. Mis padres quieren que viajemos a Londres en fin de año.
—Pues volvamos a casa, cada uno por su lado.
—La idea era pasar estas navidades con mi mujer. -recalcó las últimas dos palabras  y me miró alzando las cejas.- Y presentársela a mis padres.
—Ya, entonces sí que hay un problema. A no ser…¿Tus padres están dispuestos a viajas a Los Ángeles?
—¿A la casa de tus padres?
—Es más grande, habría espacio para una gran cena y luego iríamos a celebrarlo al Queen Mary.
—¿El Queen Mary? –me miró alzando las cejas.- ¿Y cómo piensas que pagaremos las entradas para…? –entonces recordó que vengo de una familia en la que un millón de dólares parece tan poco dinero como para otros medio dólar.- Aun así, más grande no es mejor. ¿Y si los traemos aquí? Así lo celebraríamos con ambas familias, luego iríamos a Times Square y podríamos preparar la habitación de invitados y la del final del pasillo.
—¿Remodelar una habitación? Eso suena a recién casados con casa nueva. Bien, pues será rosa puta y tendrá una barra de Striptease.
—¿Y qué van a hacer tus padres con una barra de striptease? –alzó una ceja, vacilando.
—¿De dónde crees que saqué yo mis ganas constantes de sexo?
—Siempre creí que eras el proyecto fallido.
—Gracias cariño, yo también te…-el timbre no me dejó terminar.- ¡Chloe!
—¿Qué te dije de traer amigos a esta casa? No van a volver a practicar sexo en mi habitación. Tuve que tirar las otras sábanas, y estuve por cambiar el colchón. –me miró irónico.
—Nos vamos de compras, ¡exagerado!
—Ya me preguntaba el porqué de estar tan arreglada.
—Tiendas de ropa sexy con dependientes sexys. –dije mientras le mandaba un beso al acercarme a la puerta.
—¡Estás casada! –exclamó apoyado en el marco de la puerta mientras yo caminaba hacia el coche en el que Chloe me esperaba sonriente. Pero di la vuelta y volví a caminar hacia él.
—Cariño, sabes que yo solo tengo ojos para ti. –mentí descaradamente mientras me pasaba un brazo por la cintura y me acercaba a su cuerpo, dejándome derretir con el olor de su perfume.
—¿Debería preocuparme?
—No. Volveré a la tarde para preparar la cena. –propiné un beso en su mejilla.
—¡Me encanta lo bien que finges! –exclamó mientras yo entraba en el coche.
—¡Te quiero! –bromeé mientras Chloe encendía el motor y conducía hacia el centro.
—¿Qué ha sido eso? –preguntó graciosa.
—¿El qué?
—Tú y Styles…Parecíais incluso una pareja de verdad.
—¿Qué dices? ¿No me conoces o qué?
—Pues ahora mismo no, no te reconozco. La ________ de hace unos meses llevaría un vestido más corto que su tanga y estaría más bebida que una stripper. Ahora mismo le habría gritado a Harry más de veinte insultos distintos en tres idiomas y, luego, estaría gritando por la ventanilla. Y no lo niegues, porque sabes que es verdad. ¡Ni que no lo hubieras hecho antes!
—Sigo siendo la misma.
—Eso no te lo crees ni tú. –la miré con el ceño en alto.- El amor duele, ________, recuerda mis palabras.
—Amor, amor… Anda, Chloe, conduce y calla.
Pronto llegamos al gran centro comercial, y lo primero que hizo fue contar el número de tíos buenos, para luego señalarlos y guiñarles un ojo.
—¿Ya sabes lo que le vas a regalar a tu marido? –preguntó mientras miraba descaradamente a un moreno y seguía en su trece de guiñar ojos a todo lo que tuviese pene.
—Sí, así que deja de buscar sexo y acompáñame a esa relojería.
—¿Un reloj? Astuta, _______. –dijo cuándo entramos y me dirigí a aquella dependienta bajita.
—Buenos días. -sonrió- ¿Puedo ayudarla en algo?
—Me interesa uno de los relojes de la colección Sara Lawrence. –sacó el mismo catálogo que tenía Harry, de debajo del mostrador.
—Estos son los doce relojes, supongo que será para regalo, puesto que son de hombre, así que le recomiendo estos de entre quinientos y quinientos setenta dólares. –señaló los dos primeros.
—A mí me gusta el negro de la correa de plata. Es muy sexy. –Chloe ya se había enamorado del primero de ellos.
—Quiero el último, el de doce mil dólares.
—¿¡Qué!? –ambas exclamaron al unísono.
—¿Está segura?
—¡Que sí! Muévase y démelo ya. –me desesperé mientras iba a buscarlo.
—Tía, creo que te has tomado muy enserio lo del regalo…No creo que Harry de sexo por muy caro que sea. –sonreí ante la ocurrencia de mi amiga.
—Aquí está. –volvió a aparecer la encargada, entregándome el reloj. Lo observé bien, sorprendentemente no era para nada pesado. La correa de oro y cuero brillaba reflejándome en ella. El regalo perfecto.
—Envuélvalo, me lo llevo. –saqué la cartera y dudé entre cuál de las veinte tarjetas escoger, así que me decanté por la azul, la que le entregué cuando volvió con la bolsa con el reloj.
—¿Pero tú cuántas tarjetas tienes? –alzó el ceño mi rubia amiga.
—Una distinta por cada escapada secreta.
—¿Y no me llamabas, cacho guarra?
—¿¡Que no lo hacía!? ¿¡Cuántas veces me has dicho que no porque estabas “ocupada” –entrecomillé la palabra con los dedos- con un “trabajo” –seguí entrecomillando- de clase!? ¡Y hasta me lo decías en medio de uno de tus orgasmos!
—Ya…cierto. –salimos de la relojería, deseaba que llegase la hora de cenar.
—¿Cómo le entregarás el regalo? –alzó una ceja descaradamente.
—Supongo que llegaré a casa, cenaremos y después de las doce nos daremos los regalos con el típico “feliz navidad”.
—Pues supones mal. Llegarás a casa con el vestido más sexy que el cerebro de abajo de Harry podría imaginar, con lencería transparente, que lo incitará a hacerte suya allí mismo, y, de paso, un nuevo peinado.
—¿Sabes que él va a estar en camiseta y converse?
—¿Y qué? ¡Tú eres la que tiene que estar despampanante! Y con el súper, y caro, regalazo que le has comprado, más le vale dejarte satisfecha. Mueve tu culo a esa tienda de lencería antes de que te lleve arrastro. –me tiró del brazo de todos modos hasta estar en el interior, en el que enloqueció. Empezó a coger prendas transparentes, ligueros y tangas. Algún que otro culote y sujetadores que enseñaban más de lo que tapaban.
—Al probador. Ahora. –me lanzó la montaña de prendas, que cogí y sin más remedio me probé.- ¿Necesitas relleno?
—Creo que mis naturales senos serán suficientes.
—¡Nunca se tienen demasiadas tetas! –irrumpió en el probador.- Vale, quizás tú no necesites más. Y vaya… -observó, embelesada como yo, el único de los conjuntos que me gustaba. Un sujetador blanco de encaje, con su tanga blanco con el mismo lazo rosa, a juego. Esta tenía sujeción para medias o ligueros.- Cuando te pongas esto por encima, serás automáticamente la tía más buena que he visto nunca. –dijo lanzándome un corsé rosa con el encaje a juego.- Tu Styles va a morir con esto. –rió como una desquiciada.
No tardó en volver a arrastrarme entre las tiendas para buscar un dichoso vestido que se ajustase a lo que ella quería. “Tiene que ser corto, tiene que ser sexy, lo que todo hombre quiere quitar” había dicho, y ninguno de los cientos que me había probado le gustaban. Hasta que la detuve, no dejé que siguiese tirando de mi brazo. Me quedé quieta delante de aquel escaparate.
—No sé si es lo que quieres o no, -le dije cuando se colocó a mi lado.- pero es lo que voy a llevarme.
Me probé aquel ajustado vestido ciruela grisáceo, de media manga y espalda recubierta de transparencias. Algo parecido al vestido de mis sueños.
—Pensé que ibas a celebrar navidad, no una fiesta nudista. –sonrió socarronamente al verme. Era corto, muy muy corto, pero la cosa más sexy que había visto nunca.
Después del vestido de mis sueños, unos zapatos a juego y una visita obligada al salón de belleza, nos sentamos en un restaurante.
—Lo que llevas ahí es un arma letal, si con ella no consigues sexo… dejarás de ser mi ídolo.
—Buenos días, belleza. –nos interrumpió el camarero, hablando para mí.
—¿No ves que está casada? Largo y que nos atienda otro. –Chloe sacó a relucir su lado de celestina.
—Pero… -el confundido camarero dio media vuelta, y entonces eché a reír.
—¡Cómo te pasas! No estaba haciendo nada malo.
—Tienes a Harry, no lo tires todo por la borda por un mediocre como ese tío.
—Wow, qué sincero y fiel te ha quedado, para ser una zorra calienta pantalones.
—A veces tengo mis momentos… -le quitó importancia, hasta que pareció recordar algo- Necesito un favor. –añadió.
—Habla. –la miré con el ceño en alto, cuando quería algo, o era organizar la fiesta más grande del siglo, o que la acompañase a junto su suministrador de LSD y éxtasis, o simplemente quería hacer otra de nuestras escapadas.
—Quiero que le pidas a tu marido que invite a su amigo moreno, Zayn, a vuestra casa. Luego tú me invitas a mí. Del resto ya me encargo yo. –sonrió de lado.
—¿Quieres añadirlo a tu lista? –reí con ironía.
—Te envidio, tú ya has encontrado el amor, yo quiero encontrar el mío. –entonces estallé en carcajadas.
—¿Yo? ¿Encontrar el amor? –seguí riéndome como una loca- Yo lo que encontré fueron tres millones de dólares. Sabes que cuando acabe el año que tengo que estar con él querrá irse con alguien responsable, alguien como él. Y yo soy de todo menos eso. Me gusta salir, no tengo miedo de lo que esconde la noche y, sobre todo, soy abierta a todos los problemas que pueda traer. ¿Quién querría quedarse con alguien como yo? Él seguramente, no. Harry busca otra cosa, algo que poder presentar a los demás sin morirse de vergüenza, no un matrimonio falso que solo se mantiene en pié para conseguir un poco de dinero. –en ese momento agradecí no ser de lágrima fácil y poder controlar la expresión de mi cara, y colocar una sonrisa.
—He decidido quedarme aquí, en Nueva York, si necesitas algo, ya no estaré en la otra parte del país. Así que espero que ese tío no te digas cosas así, porque le dejaré los testículos más negros que el carbón. Y no precisamente del que se convierte en diamante. Y, por cierto, el primer día del año cuadra en sábado. Tú y yo solas, fiesta de las nuestras, piénsalo. –le sonreí a la que siempre sería mi mejor amiga, aceptando claramente su propuesta.
[…]
—Recuerda, movimientos sexys y lentos y esta noche hay sexo fijo.
—¡Por favor! ¡Qué estás hablando conmigo! –dije mirándole desde la acera de enfrente del departamento, mientras me sonreía desde su coche.
—Cierto, casi se me olvida que no te has acostado con Styles desde que te casaste con él…-me guiñó un ojo, vacilante. Le sonreí pícaramente hasta que lo entendió.- ¡Guarra! ¿Cuándo pensabas decirme que te lo estabas tirando?
—Algún día, en medio de una borrachera, en nuestra última fiesta antes de la muerte, te diría, “Sabes, me he estado follando a Harry durante todo el tiempo que estuvimos casados.”
—Mala amiga oculta secretos…-farfulló, para luego, sonreír de nuevo- Ahora sí, ¡folla bien! –se despidió, encendiendo el coche.
—¡Y ahora yo no te digo lo mismo! –grité antes de entrar en casa- ¡Ya estoy de vuelta! –exclamé y oí sus pasos hasta que vi sus rizos aparecer por la entrada al recibidor.

—Por fin…-empezó, pero se detuvo al verme, y después de recorrerme con la mirada, solo fue capaz de continuar entrecortadamente- estás en casa. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario