domingo, 30 de junio de 2013

CAPÍTULO 16.


—¡Postre! ¡Amo hacer postres! -exclamé caminando hacia la cocina, seguida de Harry.- Y ya se me ocurrió el postre perfecto para hoy.
—¿Eh? ¿Qué decías? Perdona. -dijo sentándose apoyado en la barra americana de la cocina.
—Pon música y ven a ayudarme a hacer la base de brownie, míster ausente.
Scream & shout de Will.i.am y Britney sonó desde el equipo de música del salón, y el castaño se acercó por detrás.
—Yo bato los huevos, que se me da genial. -dije guiñándole un ojo, por el doble sentido que una mente tan enferma como la mía había sacado de aquellas palabras.- Tú funde el chocolate y la mantequilla juntos.- le indiqué los ingredientes con la cabeza- I wanna scream and shout, and let it all out. And scream and shout, and let it out. We saying “Oh wee oh wee oh wee oh!”, we saying “Oh wee oh wee oh wee oh!”…
—¿Bates los huevos o cantas? -preguntó irónico mientras troceaba el chocolate.
—Por si se te olvidaba, soy mujer, con tetas, culo y capacidad para hacer dos cosas a la vez.
—Créeme que con ese vestido no se me va a olvidar que eres mujer, y ninguna de tus capacidades… -susurró para sí, lo suficientemente alto como para que lo escuchase y soltase una carcajada.
—¿Dónde está la harina? No me jodas que no hay. -dije buscándola por toda la alacena.- Me cago en la put…
—¿Buscas esto? -me miró con el ceño en alto, con el paquete de harina en la mano.
—Gracias. -dije después de abrirlo, mientras le echaba un pequeño montón de harina a la cara.
—¿No querrás iniciar una guerra? -ironizó.
—Quizás. -volví a echarle la misma cantidad, mientras sacudía el pelo para eliminar la harina, con ese movimiento tan sexy que me había hecho querer llevármelo a la cama en Las Vegas.- ¡No hagas eso! -dejé la harina sobrante en el paquete, sobre la encimera, y metí al horno los moldes con la masa.
—¿Y me dejo toda la harina en el pelo? -rió cínicamente.- ¿Por qué no debería hacerlo?
—¡Porque es sexy! -cuando me levanté el paquete de harina ya no estaba, y pronto muchísimo polvo blanco cayó sobre mí.- ¡Styles voy a matarte! -exclamé mientras me limpiaba la harina de la cara, y sacudía levemente el pelo para no deshacer el peinado. Echó a correr por toda la casa y me vi obligada a perseguirlo escaleras arriba, hasta que llegó a la habitación del final, cerrada con llave y sin escapatoria.- Vas a morir, Styles.
—¿Y cómo vas a matarme? ¿Echándome la harina que tienes por todo el cuerpo? Aunque la del escote puedo quitártela yo sin problemas.
—¿Harry? -pregunté graciosa- Últimamente estás muy salido, para ser tú. Normalmente soy yo la que lanza las indirectas para el sexo.
—Todo lo malo se pega, y yo me paso las veinticuatro horas del día contigo. A saber qué más me has cambiado.
—Primero, vamos a montar la nata antes de que se me quemen los brownies. Segundo, asume que la venganza va a ser terrible. -di media vuelta, caminando hacia la cocina.- ¿Quieres dejar de mirarme el culo y caminar hacia la cocina?
—La verdad, no. -solté una carcajada al oírlo.  La cocina seguía llena de harina cubriendo el suelo, pero ninguno de los dos parecía querer recogerla.
Detuve la batidora cuando creí que la nata ya estaba bien montada y al ver a Harry tanto tiempo con la cabeza, literalmente, dentro del frigorífico.
—¿Harold?
—¿Qué? -dijo mientras terminaba de comerse aquella fresa.
—¡Deja eso donde estaba! ¡Escúpelo! ¡Forma parte de mi amado postre! ¡Y créeme que si no quieres tener problemas con tu masculinidad durante el resto de tu vida, es mejor que lo sueltes!
—Tranquila mujer, que hay de sobra. -sacó el recipiente de cristal con las fresas y las colocó sobre la mesa.- Mmm, nata. -aprovechó para comerse una fresa recubierta de nata mientras yo lo miraba con odio.
—¿Quieres nata, mi amor? -dije cínicamente.- Pues toma nata. -limpié con el dedo el borde del plato en el que la había montado y se la unté por toda la cara.
—Así está más dulce. -ironizó mientras se limpiaba y lamía la que estaba cerca de sus labios.
—Deja de comerte el postre, Harry. -dije sacando ya los brownies del horno- Y ayúdame a decorarlos. -iba a echar mano a una fresa, pero lo detuve.- No, mejor yo decoro los brownies, que soy capaz de hacerlo sin comérmelos mientras. -empecé a echar nata sobre el primero de ellos, para luego colocar una fresa sobre él. Decoré el segundo y los dejé sobre la cake board.- ¿Deberíamos limpiarlo todo? -pregunté esperanzada, por las pocas ganas que tenía.
—Tranquila, mañana llamo a Marie.
—¿Otra de tus putas? -alcé el ceño, ¿cuántas tenía?
—La señorita de la limpieza.
—¡Anda ya! Te aviso de que en mí cama no vais a hacer nada. Ni en esta casa.
—No voy a acostarme con Marie, _______.
—Sé sincero, Harry. ¿Cuántas veces te la has tirado antes de estar casado conmigo?
—Tres.
—¿¡Ya no estoy paranoica, eh!?
—Y ahora sé sincera tú, _______.  ¿Con cuántos te has acostado antes de casarte conmigo? -ahí me había pillado.
—Tengo una lista, y creo que tú ocupabas el número 116 de este año.
—¿¡Solo de este año!? -incluso se atragantó.- ¿Ves? Yo tengo más motivos que tú para enfadarme. O para tener cuidado de que no te acuestes con el primero que veas por la  calle. Tú estás casada con un hombre normal, yo con Smith, la adolescente más deseada de los cinco continentes.
—¡Tampoco soy una ofrecida! -lo corté.
—Entonces no te enfades. -ignoré su último comentario cruzada de brazos.- Y al final lo has hecho. -seguí ignorando lo que decía.- ¿No me hablas? Tú lo has querido, Smith.  -fruncí los labios hasta que sentí agua impactar contra mi vestido.
—Haroldo Styles, ¡prepárate para la muerte! -le grité.
—¿Ahora ya me hablas? -rió. ¿Se lo tomaba a broma? - Vaya…-acabó por susurrar, cuando me levanté con el vestido completamente empapado y pegado a mí, sin dejar de recorrer mi cuerpo con la mirada.
—Mierda, no puedo estar enfadada contigo si estás pensando en follarme. Es imposible. Voy a quitarme esto, y tú limpias la barra americana. Por… por ser tú. -sonrió mientras yo subía a la habitación, para dejar el vestido sobre la cama al quitármelo. Sonreí con malicia a aquel espejo, al verme con el corsé y la ropa interior de encaje. Una idea retumbó veloz en mi mente, como una estrella fugaz. Me calcé de nuevo aquellos altísimos tacones y bajé hacia la cocina en ropa interior.
—Ni se te ocurra. -dije, haciendo que diese un brinco por el susto, cuando pretendía coger uno de los brownies. Había limpiado la cocina y ahora relucía todo, menos el suelo, que estaba más blanco por la harina que una estación de esquí.
—¡Joder, ______! -exclamó cuando se giró para verme, atragantándose con el mismísimo aire.- Vas a matarme.
—¿No es una pena que ninguna de tus dos amantes te dé esto?
—Aylin no tiene tus tetas.
—¿Me quieres por las tetas? -bromeé.
—En realidad son tus tatuajes.
—Venga ya, dime algo que te guste de mí. -seguía apoyada en el marco de la puerta, con la mirada de Harry recorriéndome de arriba abajo.
—Acabaría muchísimo antes diciéndote qué es lo que no me gusta de ti. Pero supongo que lo que más me gusta es tu espontaneidad, eres una persona diferente a cada segundo del día, y, sobre todo, me gusta tu carácter. Todo lo contrario a una santa.
—Qué profundo Harry. -sonrió y a los dos segundos los dos empezamos a reír a carcajadas al sacar el sentido doble de la palabra.
—¿Planes para la cena? Ya casi son las diez. -se acercó a mí, y sabía que lo que ambos queríamos comer no era precisamente comida.  Una de sus manos se colocó a un lado de mi cabeza, en la pared, su cuerpo aprisionaba el mío contra esta y su otra mano se colocó en mi cadera.
—Un polvo como cena y luego, el postre.
—Lo apoyo. -dijo llevando su mano al nudo de mi corsé, mientras uno por uno, descruzaba los lazos de delante. Llevé mis manos a su cinturón y solté la hebilla, lo mismo hice con el botón. Me arrodillé ante él al tiempo que bajaba sus pantalones. Él se encargó de quitárselos por los pies, mientras yo subía se nuevo hasta sus bóxer y se los bajaba. Dejé un recorrido de besos, subiendo por sus piernas y pasando por sus músculos de la cintura, mientras él se quitaba su camiseta. Me alzó contra la pared, colocándose entre mis piernas. Llevó sus manos a mis pechos y soltó el corsé, librándome de él. Arqueé mi espalda para que pudiese soltar mi sujetador, el que acabó junto mi corsé. Mientras atrapó mis labios, una de sus manos avanzaba hasta la tela de encaje de mi tanga, introdujo dos de sus dedos bajo esta y se colaron en mi feminidad. Gemí, entretanto él seguía introduciendo dedos y besando mis pechos. Torpemente y entre besos conseguimos llegar a la habitación, me dejó caer en la cama y se colocó encima de mí. Mi tanga se había quedado en algún lugar del pasillo, por lo que me penetró tan pronto estuvo entre mis piernas. Yo me sujetaba a su espalda mientras irrevocables gemidos escapaban, veloces, de mis labios. Los ahogué en su cuello, cosa que pareció gustarle, y aumentó la velocidad de sus embestidas. Sentía su sexo contra el mío, de nuevo, sin protección. Aunque ciertamente eso era lo que menos me importaba ahora. Sus manos jugaban con mis senos, hasta que hubo un cambio de posiciones, sentada encima de él apoyando las manos en su pecho. Ya no me molestaba en ahogar los gemidos y dejaba que saliesen de mi boca sin impedimentos. La velocidad se detuvo, hasta que con la última de las embestidas su miembro salió de mi cuerpo, y empecé a besar su pecho, descendiendo, hasta llegar a los bien marcados músculos que tenía en la cintura. Repasé con la lengua la frase “Might as well…” que tenía tatuada, antes de mirarlo por última vez, guiñarle un ojo, para después introducir su miembro en mi boca repetidas veces. Los gemidos también salieron de entre sus labios y sus ojos se entrecerraron. Volví a ascender por su cuerpo cuando me reclamó, hasta volver a quedarme sentada sobre él, sintiendo su masculinidad bajo mi sexo, y dejarme caer a su lado en la cama. Se recostó de lado, mirándome.
—Amo este tatuaje. -dije repasando el “17BLACK” que tenía en su hombro.- Es el número de la suerte en los juegos de ruleta, así que me recuerda a Las Vegas.
—Lugar que amas.
—Y lugar en el que te dije el primer “¿Quieres verme las tetas?” al conocerte. -soltó una carcajada.
—Cierto. -dijo besando la comisura de mis labios, que yo aproveché para atrapar sus labios, y quedarme pegada a su cuerpo, mientras ambas lenguas jugaban. Apoyó su cabeza en mi cuerpo desnudo y no tardó en quedarse dormido.

[ … ]

—________. -oí susurrar mi nombre y una lengua perfilar el tatuaje que tenía en la zona baja de la espalda.- _________. -volví a oír y abrí los ojos.
—¿Buenos días? ¿Ya es mañana? -pregunté aturdida.
—Van a ser las doce, aún. Por cierto, nunca me había fijado en este tatuaje. ¿Qué dice?
—Son letras griegas, dice “Cómo me gustaría que estuvieras aquí.” -soltó una carcajada.
—¿Lo has puesto por el segundo significado o por el romanticismo de la frase? -dijo entre risas.
—Por el segundo significado, por supuesto. -volvió a subir hasta quedar a mi altura. Y entonces recordé el reloj.- Cariño, ¡tengo algo para ti! -salté de la cama ignorando mi cuerpo desnudo y saqué del segundo cajón de la cómoda el regalo.
—¿En serio me has…? -lo interrumpí sentándome sobre él, y mostrándole la pequeña bolsa verde de aquella relojería.
—Calla y ábrelo. -su cara al abrir aquella caja negra y ver fue un completo mapa.
—No puedo creerlo, este reloj es…-susurró.
—El último que te falta para completar la colección.
—Pero cuesta…
—No cuesta nada. -dije y lo cogí de la barbilla, celosa de que prestase más atención a aquel reloj que a mí, y lo obligué a mirarme.- ¿Te gusta?
—¿Cómo no me iba a gustar? -se inclinó para besar mis labios.- Te quiero. -susurró, sobre ellos, después. Haciéndome abrir los ojos de golpe.
—¿Qué?
—Me has oído perfectamente. -sonrió de lado.
—Lo sé, pero quiero volver a oírlo.
—Te quiero.
—Te compraré un reloj como ese durante el resto de tus días, pues. -soltó una carcajada.
—Cierra los ojos, por favor. -así hice y no tardé en sentir algo colgar de mi cuello. Colocó mi pelo sobre uno de los hombros para poder ajustar el cierre y con una caricia me indicó que abriese los ojos. Aquel colgante con forma de corazón estaba hecho de diamantes que supe identificar al instante, y, dentro de él, colgaba el número trece en romano.
—Harry… -musité al ver aquello. Aquel colgante debía de valer una pasta, por los numerosos diamantes.- Y el trece es el día en que nos declararon marido y mujer, hace más de tres meses. -sus brazos rodearon mi cintura y me presionaron contra su cuerpo.- ¿Sabes que el día en el que me casé contigo, no estando en plenas facultades de mi uso mental, por supuesto, y gritándole al cura que nos casase, era el día de mi cumpleaños?
—¿El 1 de Junio?
—Ese mismo.
—Te hacías mayor, cariño.
—Si tú dices “cariño” suena raro. -me levanté de sus piernas y caminé hacia el armario. Sonreí al ver nuestro reflejo, antes de abrirlo.- Pillo una de tus camisetas prestada, yo quiero mi brownie.
—Gran postre después de una gran cena. -salió de la habitación detrás de mí y con unos pantalones de chándal grises, holgados.
Se sentó en una de las sillas de la alta barra, esperando a que colocase los brownies sobre la mesa. El fatídico sonido del timbre inundó la casa. A las doce de la noche.
—¿Quién llama esa estas horas? -vacilé mientras Harry se dirigía a la puerta. Coloqué sobre los platos los bizcochos de chocolate. Tarareé una cancioncita alegre de navidad por primera vez en mi vida, sorprendiéndome, hasta que me pareció oír su voz. La voz de la rubia, zorra, repipi y puta de mi Harry, Aylin. 
—¡Feliz Navidad, Harry! -sí, era su voz- Vaya, ahora abres la puerta ya sin ropa. -supe que lo recorría con la mirada al salir de la cocina y apoyarme en el marco de la puerta de esta.

—¿Y a mí? ¿No me das el feliz Navidad, Aylin?

4 comentarios:

  1. Awwwwwww!!! sisi siguiente
    me diste hambre cn los brownie *-* jajaja xDD

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  2. Siguiente! k buena pinta los brownies xD escribes muy bn está muy interesante ;)

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  3. ¡Capítulo 17 publicado!
    Gracias por comentarme en el blog! *-*
    Sois aasdfghkhñ*-*

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