sábado, 27 de julio de 2013

CAPÍTULO 20.

—¡Mamá! ¡Papá! –Harry y yo nos la ingeniamos para decirlo a la vez.  Mientras mis dos progenitores se tiraban a mis brazos, los de Harry hacían lo mismo. Después de tanto apretujón y achuchón conseguí librarme de ellos.
—¿Qué hacéis aquí? –parecía que yo y el ricitos llevábamos un chip, porque no parábamos de hablar al unísono.
—¿No se suponía que llegabais mañana? ¿Para celebrar la noche vieja? –se adelantó, antes de que yo pudiese decir nada.
—Hemos pensado que, como tenemos que irnos la mañana del primer día para visitar a la demás familia, pues podíamos venir antes y así pasar un poco más de tiempo. Y ya nos hemos conocido. –señaló a mis padres. Harry automáticamente clavó la mirada en mí y lo entendí.
—¡Cuánto me alegro de que estéis aquí! –fingí entusiasmo, -el máximo que pude, después de que cortasen de lleno lo que seguramente se convertiría en el polvo de mi vida- y pasé los brazos sobre los hombros de ambas parejas.– ¿Por qué no pasáis al salón? Está al final del pasillo, ahora vamos nosotros ¿Sí? –caminaron siguiendo mis indicaciones, hablando entre ellos. Parecía que habían cuajado y por primera vez me pregunté cuán bocazas podría llegar a ser mi madre.– Tus padres no saben que nos casamos en Las Vegas, ¿verdad? –lo miré alzando el ceño y el negó con la cabeza, para luego suspirar.
—Piensan que nos casamos por…amor. Pero que lo hicimos en privado y solo para nosotros. –al oír la palaba “amor” saltó un chip en mi cabeza. ¿Qué es eso? Y lo más difícil sería actuarlo.
—De acuerdo, hablaré con mi madre para que no se vaya de la lengua, si no lo ha hecho ya… -dije, para encaminarme al salón, pero su mano tiró de la mía, pegándome a él y mordiéndose el labio mientras me miraba. Sus labios acabaron en mi oído, y me pareció oírle susurrar un “esta noche…” aunque no pude percibir el resto de la frase porque estaba más centrada en descifrar los dibujos que él trazaba con su lengua. Cuando se separó me libré rápidamente de la excitación y volvimos con nuestros padres.
—¡Qué casa más acogedora tienes, Harry! –mi madre sonreía sentada en uno de los sofás.
—Gracias señora Smith…
—¡Oh, por dios! Llámame Anabelle. ¡Ven aquí! –achuchó a Harry como su fuese un peluche, y me sorprendí de lo bien que sabían actuar mis padres y también descubrí de dónde había sacado mis dotes de actriz. Ellos sí sabían la verdadera parte de la historia y no les hacía mucha gracia. Les recordaba a mi escapada. Pensé que me libraría de los achuchones, pero los padres de Harry, que sonreían ante el panorama, me hicieron una seña a su lado para que me acercase.
—¿Así que tú eres ________? –asentí, algo cortada. No estaba preparada para mis “suegros”.– Nosotros somos Anne Cox y Robin Twist. -sonrió y le devolví la sonrisa mientras nos presentábamos. ¿Twist? ¿Harry no era Styles? ¿Qué coño…?
Robin me envolvió en un abrazo cariñoso, y me hizo sentir más cómoda.
—El viaje se nos ha hecho larguísimo…¿podríamos descansar? –Styles y yo asentimos a la vez y a la velocidad de la luz ante la propuesta de los padres de él. Los ayudamos con las maletas y dejamos a sus padres la habitación de invitados, justo en frente de la nuestra, y a mis padres la recién restaurada, del fondo del pasillo. Las ventanas estaban abiertas, por lo que el olor a pintura se había esfumado casi completamente. 
—Buenas noches. –dijeron ellos cuando Harry salió por la puerta y yo la cerré tan pronto lo hizo.
—Papá, mamá…–empecé a hablar, pero me cortaron.
—Bueno… –George, mi padre, fue el primero en dar su opinión.– No es tan malo como pensábamos…O por lo menos en apariencia. Cuando llegamos aquí creí que nos encontraríamos con un  drogadicto lleno de tatuajes y piercings, maleducado  que viviría en una pocilga. Esto es más que aceptable.
—¡Los tatuajes no están mal, George! Hacen sexy, –la opinión que tocaba ahora era la de mi madre– además Harry es muy mono. -me miró alzando las cejas.– Siempre que no sea un cabrón, lo que sería una pena, tiene mi aprobación. –alcé yo el ceño esta vez.
—¿Te gusta, mamá? –pregunté, y dando a entender que me refería a atracción física. Negó irónicamente por la presencia de mi padre, pero se acercó para hablar en susurros.
—¿Tiene tatuajes?
—Muchísimos.
—¿Qué tal es en la cama? –solté una carcajada. Y la gente se extrañaba de que yo saliese así.
—No tan bueno como yo, obviamente -rodé los ojos- Pero no está mal… –abrió los ojos como platos.
—¿“Está bien”? ¿Has dicho que está bien? Después de que me contases lo poco suficientes que eran los otros ciento y pico tíos, supongo que este será como un Dios.
—Que va. –quizás ahora mentía un poco.– Papá ha de saber hacértelo pasar mejor.
—Encantada te lo cambio por una noche. –alzó las manos, sincerándose.
—¡Os estoy oyendo, por Dios Anabelle! ¡Que es tu hija y debe de tener 20 años menos!
—Venga ya George, cómo si no estuvieras al tanto, y de sobra, de la vida sexual de ________.
—Ya… -no, a ningún padre le hacía gracia saber que su “dulce e inocente hijita” no tiene nada de dulce y mucho menos de inocente.- Pero no le voy preguntando las cosas que hace en la cama con su marido…Marido. No me puedo creer que mi hija de dieciocho años esté casada. –susurró lo último.
—¿Me dejarías repasar uno de sus tatuajes con la lengua? –vaciló mi madre a pesar de que mi padre seguía escuchando.
—Si él quiere…–alcé las manos, inocente.– Te recomiendo el de la cadera. -le guiñé un ojo y empezamos a reír como locas mientras mi padre se dejaba caer en la cama. – Pero no me he quedado para detallaros todo lo que he hecho con sus… tatuajes. –cambié la palabra que tenía en mente por esta última, recordando el propósito por el que me había quedado.– No podéis decir a los padres de Harry que nos casamos en Las Vegas. –añadí. No pareció impresionarles.
—Si miente a sus padres no creo que dude en mentirte a ti. –papá seguía buscándole defectos.
—¡Venga ya papá! De diez palabras que yo le digo, cincuenta son mentira. Pero ni se os ocurra iros de la lengua con lo de Las Vegas. Nos casamos por amor y en secreto, ¿entendido?
—Si eso es lo que queréis. –sonrió mamá– Sabes lo bien que se nos da actuar, mentir y fingir.
—Lo sé. ¿O si no de dónde crees que salí yo? –rodé los ojos.– ¡Gracias! –dejé un beso en la mejilla de cada uno y me dirigí a la puerta.
—En serio, ______, con protección.  –se despidió mi padre.

—¡Y no grites mucho! –entonces salí de allí, soltando una carcajada por el comentario de mi madre. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario