domingo, 21 de julio de 2013

CAPÍTULO 19.

—¡Ven aquí! ¡No huyas! ¡Vas a acabar pintada igual! -Harry me perseguía por toda la habitación mientras yo me reía a carcajadas. Imposible no hacerlo cuando tenía toda la cara pintada de beige. Cuando ya no había escapatoria, acorralada contra una de las esquinas, e intentando retroceder lo máximo posible, era él el que reía. Apoyó la mano con la brocha en un lado de la pared, y la otra mano en el otro, y yo, encajada en aquella esquina y atrapada por su cuerpo. Limpié toda la pintura de la zona de su boca y me acerqué a él, se inclinó hacia delante para besarme, y justo cuando iba a rozar sus labios, ¡ZAS! Pincelada de pintura por toda la cara.
Se alejó, para volver a su sitio, entre carcajadas. Una inmensa rabia se apoderó de mi cuerpo y el color rojo de mis mejillas seguramente resaltase bajo el beige de la pintura, también volví a mi sitio.
—Vamos _______, ¿Qué tal sabe la pintura? –siguió burlándose. Pasé automáticamente de contestar. Me centré más en pintar mi pared que en los intentos de burla que seguía haciendo. Hasta que no se había salido con la suya no había parado. Pero él no sabía cuán competitiva podría ser y sobre todo, lo mal perdedora que era.
El primer gruñido se escapó de mis labios tras mucho poner verde en mi mente a Harry. No creí que hubiese dado de cuenta hasta que sentí sus brazos alrededor  de mi cintura.
—No sabía que tenías tan mal perder.
—Pues ahora ya lo sabes. -intenté soltarme de su agarre, pero acabé completamente pegada a su cuerpo, con mi espalda apoyada en su pecho y su cabeza en mi hombro.
—Tienes unos cambios de humor preocupantes. ¿Quieres tomarte un descanso?
—No, lo que quiero es que te alejes tres mil kilómetros de mí.
—De acuerdo. –accedió a soltarme.– A ver si dices lo mismo esta noche. -gruñí y seguí enfadada hasta que solamente quedaba una pared por pintar. Él se mantuvo en su esquina y yo en la mía, y a medida que íbamos pintando, la distancia entre nosotros se hacía menor. Hasta que acabamos pintando prácticamente codo con codo.
—Me molestas. –vacilé.- Así no puedo pintar.
—¡Vaya mala suerte! –ironizó– Es mi cacho de pared, así que si no te gusta, te vas.
—Eres la persona más idiota que conozco.
—Y tú una zorra y una arpía y aun así, te aguanto todos los días. –lo miré fingiendo secarme una lágrima inexistente.
—Gracias, y estoy muy orgullosa de serlo. –dije todo con una mano en el pecho y continué pintando, hasta acabar el diminuto cacho que nos quedaba.- Ahora te toca subir todos los muebles mientras yo decido dónde colocarlos, venga. ¡Muévete! -me miró con el ceño en alto, vacilante, hasta que se rindió y caminó escaleras abajo.
—¡Esto me pasa por casarme! Maldita sea, ¿¡Cómo pude estar tan ebrio!? –lo oí maldecir mientras aparecía con el primer mueble.
—¿Es muy pesado, Styles? –solté una carcajada.
—No tanto como tú, Smith.
—¿Me estás llamando gorda?
—Sabes que no…
—¡Me estás llamando gorda! –le corté. Claro que sabía que no iba por ese contexto.
—Pero yo no…
—Cállate Styles, has metido la pata. -fingí estar enfadada y no le dirigí la palabra en ningún momento. Ni cuando acabé de colocar el último mueble, y la habitación por fin estuvo lista, mostré algún indicio de volver a hablarle. Habíamos acabado más tarde de lo planeado, así que casi era hora de cenar.
Apoyada en la barra americana de la cocina, intentaba descifrar qué me apetecía para cenar. Quizás podía pedir una pizza únicamente para que el repartidor “buenorro” viniese a hacerme una visita. Alcancé el panfleto verde dónde había anotados las diferentes pizzas a escoger y el número del local. El Totonno’s  tenía las mejores pizzas y, sobre todo, los mejores repartidores.
—¿Qué haces? -las grandes manos de Harry se asentaron en mis caderas y su cabeza se colocó sobre mi hombro. Dejándome escuchar su pausada respiración. Ignoré toda la descarga de hormonas que empezaban a  acelerar mi cuerpo y seguí actuando. Fingiendo estar enfadada.
—Lo que hacemos las gordas, comprar comida basura. –dije enseñándole el folleto. Tampoco se movió de sitio. Tenía su cuerpo completamente pegado a mi espalda y sus manos en mis caderas empezaron a dibujar formas irregulares. ¡Maldita sea Harry! ¡Intento estar enfadada contigo!
—¿En el Totonno’s? Tú no quieres pizza. Tú lo que quieres es que Javi, el repartidor, siga babeando por ti desde la puerta.
—Que me conozcas tanto es una auténtica mierda. –di la vuelta sobre mis talones quedándonos cara a cara.
—Lo que es una auténtica mierda es que no me niegues lo del repartidor. –alzó el ceño.
—Qué bien se te da eso de fingir ser un marido celoso, ¿no?
—Tan bien como a ti fingir estar enfadada conmigo.
—No estaba fingiendo.
—Entonces coge el móvil y llama al repartidor que tanto te gusta.
—¿Para qué voy a llamar al tío ese si te tengo a ti en casa, eh? –le guiñé un ojo y colocando las manos en sus mejillas lo atraje hacia mí. Sus labios se unieron con los míos y sus manos pegaron mi cuerpo más al suyo de ser posible. Estas se colaron bajo mi sudadera acariciando mi espalda, y justo cuando el beso se volvió más apasionado e incitaba a subir a la habitación, el sonido del timbre inundó completamente el lugar. A regañadientes me separé de Harry.
—¿Podemos ignorarlo? –bufó el mientras me seguía hacia la entrada.
—No, voy a dejarle una marca en la cara de por vida al subnormal que esté llamando, y luego, seguimos. –le expliqué mientras abría la blanca puerta de la entrada y ambos nuestros ojos se abrían como platos.

—¡Sorpresa! 

1 comentario:

  1. Siguiente yaa!!
    Pasate x mi nueva nove pliss jiji aquí te dejo el link: http://dimequemequieresnove.blogspot.com.es/
    Un beso

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