—¡Ven
aquí! ¡No huyas! ¡Vas a acabar pintada igual! -Harry me perseguía por toda la
habitación mientras yo me reía a carcajadas. Imposible no hacerlo cuando tenía
toda la cara pintada de beige. Cuando ya no había escapatoria, acorralada
contra una de las esquinas, e intentando retroceder lo máximo posible, era él
el que reía. Apoyó la mano con la brocha en un lado de la pared, y la otra mano
en el otro, y yo, encajada en aquella esquina y atrapada por su cuerpo. Limpié
toda la pintura de la zona de su boca y me acerqué a él, se inclinó hacia
delante para besarme, y justo cuando iba a rozar sus labios, ¡ZAS! Pincelada de
pintura por toda la cara.
Se
alejó, para volver a su sitio, entre carcajadas. Una inmensa rabia se apoderó
de mi cuerpo y el color rojo de mis mejillas seguramente resaltase bajo el
beige de la pintura, también volví a mi sitio.
—Vamos
_______, ¿Qué tal sabe la pintura? –siguió burlándose. Pasé automáticamente de
contestar. Me centré más en pintar mi pared que en los intentos de burla que
seguía haciendo. Hasta que no se había salido con la suya no había parado. Pero
él no sabía cuán competitiva podría ser y sobre todo, lo mal perdedora que era.
El
primer gruñido se escapó de mis labios tras mucho poner verde en mi mente a
Harry. No creí que hubiese dado de cuenta hasta que sentí sus brazos
alrededor de mi cintura.
—No
sabía que tenías tan mal perder.
—Pues
ahora ya lo sabes. -intenté soltarme de su agarre, pero acabé completamente
pegada a su cuerpo, con mi espalda apoyada en su pecho y su cabeza en mi
hombro.
—Tienes
unos cambios de humor preocupantes. ¿Quieres tomarte un descanso?
—No,
lo que quiero es que te alejes tres mil kilómetros de mí.
—De
acuerdo. –accedió a soltarme.– A ver si dices lo mismo esta noche. -gruñí y
seguí enfadada hasta que solamente quedaba una pared por pintar. Él se mantuvo
en su esquina y yo en la mía, y a medida que íbamos pintando, la distancia
entre nosotros se hacía menor. Hasta que acabamos pintando prácticamente codo
con codo.
—Me
molestas. –vacilé.- Así no puedo pintar.
—¡Vaya
mala suerte! –ironizó– Es mi cacho de pared, así que si no te gusta, te vas.
—Eres
la persona más idiota que conozco.
—Y
tú una zorra y una arpía y aun así, te aguanto todos los días. –lo miré
fingiendo secarme una lágrima inexistente.
—Gracias,
y estoy muy orgullosa de serlo. –dije todo con una mano en el pecho y continué
pintando, hasta acabar el diminuto cacho que nos quedaba.- Ahora te toca subir
todos los muebles mientras yo decido dónde colocarlos, venga. ¡Muévete! -me
miró con el ceño en alto, vacilante, hasta que se rindió y caminó escaleras
abajo.
—¡Esto
me pasa por casarme! Maldita sea, ¿¡Cómo pude estar tan ebrio!? –lo oí maldecir
mientras aparecía con el primer mueble.
—¿Es
muy pesado, Styles? –solté una carcajada.
—No
tanto como tú, Smith.
—¿Me
estás llamando gorda?
—Sabes
que no…
—¡Me
estás llamando gorda! –le corté. Claro que sabía que no iba por ese contexto.
—Pero
yo no…
—Cállate
Styles, has metido la pata. -fingí estar enfadada y no le dirigí la palabra en
ningún momento. Ni cuando acabé de colocar el último mueble, y la habitación
por fin estuvo lista, mostré algún indicio de volver a hablarle. Habíamos
acabado más tarde de lo planeado, así que casi era hora de cenar.
Apoyada
en la barra americana de la cocina, intentaba descifrar qué me apetecía para
cenar. Quizás podía pedir una pizza únicamente para que el repartidor
“buenorro” viniese a hacerme una visita. Alcancé el panfleto verde dónde había
anotados las diferentes pizzas a escoger y el número del local. El Totonno’s tenía las mejores pizzas y, sobre todo,
los mejores repartidores.
—¿Qué
haces? -las grandes manos de Harry se asentaron en mis caderas y su cabeza se
colocó sobre mi hombro. Dejándome escuchar su pausada respiración. Ignoré toda
la descarga de hormonas que empezaban a acelerar
mi cuerpo y seguí actuando. Fingiendo estar enfadada.
—Lo
que hacemos las gordas, comprar comida basura. –dije enseñándole el folleto.
Tampoco se movió de sitio. Tenía su cuerpo completamente pegado a mi espalda y
sus manos en mis caderas empezaron a dibujar formas irregulares. ¡Maldita sea
Harry! ¡Intento estar enfadada contigo!
—¿En
el Totonno’s? Tú no quieres pizza. Tú
lo que quieres es que Javi, el repartidor, siga babeando por ti desde la
puerta.
—Que
me conozcas tanto es una auténtica mierda. –di la vuelta sobre mis talones
quedándonos cara a cara.
—Lo
que es una auténtica mierda es que no me niegues lo del repartidor. –alzó el
ceño.
—Qué
bien se te da eso de fingir ser un marido celoso, ¿no?
—Tan
bien como a ti fingir estar enfadada conmigo.
—No
estaba fingiendo.
—Entonces
coge el móvil y llama al repartidor que tanto te gusta.
—¿Para
qué voy a llamar al tío ese si te tengo a ti en casa, eh? –le guiñé un ojo y
colocando las manos en sus mejillas lo atraje hacia mí. Sus labios se unieron
con los míos y sus manos pegaron mi cuerpo más al suyo de ser posible. Estas se
colaron bajo mi sudadera acariciando mi espalda, y justo cuando el beso se
volvió más apasionado e incitaba a subir a la habitación, el sonido del timbre
inundó completamente el lugar. A regañadientes me separé de Harry.
—¿Podemos
ignorarlo? –bufó el mientras me seguía hacia la entrada.
—No,
voy a dejarle una marca en la cara de por vida al subnormal que esté llamando,
y luego, seguimos. –le expliqué mientras abría la blanca puerta de la entrada y
ambos nuestros ojos se abrían como platos.
—¡Sorpresa!
Siguiente yaa!!
ResponderEliminarPasate x mi nueva nove pliss jiji aquí te dejo el link: http://dimequemequieresnove.blogspot.com.es/
Un beso