sábado, 2 de noviembre de 2013

CAPÍTULO 23.

—¡Adiós! Volveremos a visitaros de nuevo. –mis suegros sonrieron después de la despedida de mis padres. Luego ellos nos abrazaron también y vimos desde el umbral de la puerta como ambos coches partían en direcciones opuestas.
Ninguno de los dos cerró la puerta después. Se quedó abierta mientras mirábamos el exterior. ¡Y ya volvían los momentos incómodos! Justo como después de la fiesta de año nuevo.
Regresamos a casa, habitación, nos desnudamos, nos metimos en cama, apagué las luces y dormimos espalda contra espalda. Sin palabras de por medio. Y maldije mil veces que nuestros padres se fueran ya, porque ahora estábamos solos.
Fue la canción que tenía explícitamente para cuando ella me llamaba la que me hizo recordar que podía ignorar a Harry todo el día de hoy y gran parte de la noche. Fiesta con la mejor de las mejores.
—¡Chloe! –respondí y empecé el recorrido turístico por toda la casa.
—¡______! ¿Qué tal con tu hombre? ¿Ya tengo sobrino en camino?
—No por ahora, y me parece que después tampoco.
—Vaya por dios, ya veo que uno de los dos la ha fastidiado. Bueno, da igual, ¡hoy a las nueve estoy ahí para vestirnos al estilo Las Vegas!
—Oh, puedo intuir tus intenciones. –una carcajada sonó al otro lado mientras me dejaba caer al revés en el sofá. Al lado de Harry, que cambiaba de canal con el mando del televisor. Balanceé los pies, los cuales colgaban al otro lado del respaldo mientras miraba al techo.– La verdad es que lo estoy deseando.
—Ya somos dos, además te tengo una sorpresa.
—Me dan miedo tus sorpresas, a ver si adivino, Víctor está involucrado en ellas. –el nombre de su proveedor de éxtasis la hizo soltar un grito ahogado.
—¡Joder! Eres buena. Pero fliparás con esto.
—Espero que merezca la pena.
—Lo hará. Esto que te ofrezco va a quitarte el bajón por Harry. Te hará olvidarlo. Por olvidar, te olvidarás hasta de tu nombre.
—Ojalá así sea. Bueno, te dejo, hasta las nueve rubia tetona que tengo como mejor amiga.
—Yo también te quiero y todo eso. -contestó acompañado de una carcajada y corté la línea.
—¿Sigue en pié tu salida con Chloe esta noche? —me sorprendió la pregunta de Harry cuando me levanté del sofá con intención de irme a la habitación.
Adoraba cuando se ponía celoso, pero ahora mismo no estaba para gritos.
—Sí. —tampoco tardé más en emprender de nuevo el camino hacia las escaleras. Volvió a sorprenderme que me dirigiese la palabra antes de desaparecer del salón.
—Bueno, pues, ¿Cómo es eso que os decís entre vosotras? Ah, sí, folla bien.
[ ... ]
¿¡Cómo simplemente la idea de que yo follase esta noche le parecía posible!?
Y así llevaba toda la tarde, después de oír la última frase de Harry. No volví a salir de la habitación.
¡Agh! ¿Era idiota? Sí, claro que lo era.
Quizás solía tirarme a todo lo que tuviese cinco patas anteriormente, pero era consciente de mis responsabilida... No. En realidad no iba a tener sexo esa noche solo para que no ganase él todo el dinero y así poder seguir pagando a sus putas.
¡Ja! ¡Chúpate esa!
Oh, genial, me estoy volviendo loca.  Incluso me pareció oír unos pasos de tacones en las escaleras. ¿Imaginaciones mías?  
—¡________! —Chloe entrando rápidamente en mi habitación me confirmó que no lo eran.
—¿Chloe? ¿Ya son las nueve?
—Y cuarto. Me ha llevado mi tiempo convencer a tu hombre que lo más fuerte que harías sería meterte éxtasis. Y casi le da un ataque solo con eso.
—Ya, bueno, no estamos pasando un buen momento.
—Esta noche vas a olvidar eso. –sonrió y abrimos mi armario. Dos vestidos de cuero escote corazón más corto que las bragas y un par de tacones de mate después, estábamos terminando de maquillarnos en el baño.
—Sé que pillaste. Dime qué.  -ella se aplicaba el delineador aún,  cuando yo ya terminaba de cubrir mis labios de un fucsia neón.
—Tenemos éxtasis y...
—¿Y?
—Pedí a Víctor que nos trajese LSD.
—Guau, que yo soy una mujer casada, guapa.
—¿De verdad eso te importa hoy?
—Mmmm... -vacilé- No.
Soltamos una carcajada mientras bajábamos por las escaleras con los bolsos en la mano y pisando fuerte con los tacones.
Entramos en la cocina mientras Harry hacía algo de espaldas a nosotras. Ambas nos apoyamos en la encimera, insinuando el pecho.
—Eh, nos vamos. –al oírme se dio la vuelta, abrió la boca sorprendido, dejando caer el vaso que tenía en la mano al suelo, el cual estalló en mil pedazos.- Volveré tarde, así que procura no romper toda la vajilla mientras no estoy.
Chloe soltó una carcajada y chocamos las palmas en alto al salir de la cocina, aún sintiendo la mirada de Harry en mi cuerpo.
[...]
—Cómo deseaba esto. -sonreí en la puerta de Greenhouse y no tardamos más en entrar.
Todo estaba ambientado en colores fucsias y negros. Y las luces parpadeantes alternaban al ritmo de la música.
La gente ya se agolpaba en la pista y delante de la barra. Seguí a Chloe, la que dio dos golpes en uno de los hombros de una ancha espalda, proveniente de un tío con rastas sujetas a la espalda en una coleta baja. Cuando se giró, soltó una sonrisa ladeada.
—¡Chloe! -un abrazo, dos besos en las comisuras y una sonrisa cómplice.
—Víctor. -había oído hablar de él. Y no sólo en boca de mi amiga. Este tipo era capaz de pasar cualquier substancia entre fronteras sin que aduanas siquiera lo sospechase.
—¿Quién es tu amiga? -pensé que pasaría desapercibida entre su rollo traficante, pero su mirada recorriendo mi cuerpo me dijo que me tenía calada hasta los huesos.
Por segunda vez en mi vida la mirada de un hombre hacía que mis nervios recorriesen todo mi cuerpo y ni estómago se dedicase a saltar a sus anchas.
—Ella es ________. –Chloe siguió diciendo cosas sobre mí pero yo dejé de escucharla cuando el enorme cuerpo del rasta acortó el espacio con el mío. Hice una mueca, ya me veía secuestrada y vendida a un mafioso italiano, o peor aún, a un jeque árabe como una de sus mil prostitutas particulares. El traficante solo me dio dos besos al tiempo que situaba su mano en la parte baja de mi espalda. Aun así no bajé la guardia.
¡Joder, estaba nerviosa!
Y más cuando pasó un brazo por mis hombros y los de Chloe, empujándonos hacia la barra. Él pagó las primeras bebidas y nos condujo hasta una esquina apenas iluminada por la luz ultravioleta del suelo.
Cuando mi vaso estuvo vacío por fin me había vuelto a acostumbrar a la sensación del alcohol inutilizar los sentidos y distorsionar la realidad.
—Después de esto, –volví a centrarme en Víctor, luego en una diminuta bolsa de plástico con un par de redondas pastillas color blanco dentro.– debéis esperar mínimo quince minutos para meteros LSD al ser vuestra primera vez. –me miró ahora a mí.– Sé que ya habéis probado el éxtasis antes, pero ahora vais a mezclar. Y realmente espero que tengáis un buen seguro médico.
Del bolsillo de su chaqueta de cuero sacó una lámina roja de no más de un dedo de largo y extremadamente fina. Chloe se encargó de guardarla en la bolsa también.
—Ni se os ocurra consumir todo eso hoy, o la próxima vez que nos veamos será mientras llevo flores a vuestras tumbas. –la rubia rió y dejó un beso en la mejilla del traficante como despedida. Yo también me acerqué.
—Morir drogada está en último lugar de mi lista de cosas que hacer antes de fallecer. –confesé y mis labios rozaron la diminuta barba de sus mejillas. Soltó una risa leve.
—Me caes bien, _____. –sentenció.– Y me encargaré de que nos veamos pronto. –guiñó un ojo antes de perderse entre la gente, provocando un escalofrío recorrer mi espina dorsal.
—¡Vamos, escoge! –Chloe me dio un empujón en mi espalda y pronto estuvimos pegadas de nuevo a la barra, para terminar con dos chupitos de negrita solo delante de nosotras. – Después de esto nada volverá a ser lo mismo hasta mañana por la mañana.
—Ni se te ocurra volver a dejarme sola, no quiero volver a acabar con un tatuaje de “Viva las Vegas” en la pierna. –soltó una carcajada seguramente al recordar que tuve que tapármelo con mi tatuaje del liguero porque era penoso.
—Prometido, ahora… –una de las pastillas terminó sobre la palma de mi mano.– Padre nuestro que estás en los cielos, por favor que no salgamos demasiado mal paradas de esto, no nos dejes ver lo suficientemente mal para acabar en la cama con un feo, líbranos de caer en la tentación de mezclar Jack, amén. –rezó y después las redondas píldoras resbalaron por nuestras gargantas seguidas del ron.
Y entonces el mundo alrededor de mí se calló. Sentí mis ojos expandirse y las luces convirtiéndose en humo. Mis mejillas, como mecanismos, se estiraron en una sonrisa. Los latidos de mi corazón se aceleraron de tal manera que podía sentirlos hasta en el palpitar de los dedos, y los colores oscuros se volvieron brillantes, y los claros se encendieron como luz de Neón. Todo lo que acaparaba mi visión se había vuelto refulgente y sentí el ya conocido vuelco de cerebro antes de que la música volviese a encenderse con más fuerza y con golpes secos.
Chloe seguía delante de mí, experimentando los mismos efectos que yo en su cuerpo. Sus carcajadas sonaron fuertes cuando clavó su vista en la mía.
—¡Guau tía, ¿dónde están tus iris?! –siguió riéndose y supe que mis ojos ahora eran un enorme círculo negro. No hablé hasta estar segura de que había perdido completamente la cabeza.
—No lo sé, –observé mi alrededor. No había caído en el montón de gente bailando, y al fondo, cerca de la tarima, había un hombre demasiado perfecto moviéndose– pero voy a buscarlos en los pantalones de aquel tío.
Me perdí entre la gente, caminando hacia aquel hombre que no debería de estar moviéndose así, a menos que quiera que lo empotre contra la pared. Antes de poder llegar a mi objetivo, un brazo tiró de mí.
—Recuerdo haber dicho que no te dejaría sola. –Chloe me sonreía.– Además estás casada, así que… Si vas tú, voy yo también.
Carcajeó, y como consecuencia yo también. Risas y risas, las luces daban vueltas y la habitación se volvía en blanco y negro por momentos gracias a los focos alternativos.
Los ojos eran claros, a diferencia de su pelo. O eso me pareció cuando empecé a bailar pegada mi objetivo. Chloe también se pegó a él, provocando que se confundiese y no supiese a cuál de las dos prestar atención. Sentí una de sus manos en las caderas, suponiendo que la otra estaba en la de mi rubia amiga, y mis recuerdos viajaron casi ocho meses atrás, el día de mi dieciocho cumpleaños, haciéndome ver como la protagonista de mi propia película, reviviendo ese día, esa noche. La noche en la que Harry me había tocado de esta misma manera, manos en la cintura, moviéndose pegado a mí al compás de la música, y cinco minutos después, sus manos seguían en mis caderas pero ya no estábamos bajo unos focos, sino bajo unas sábanas.
Y mi cerebro activó ese chip que yo luchaba por enterrar siempre, el remordimiento. Estaba casada y chocando mis caderas con un desconocido. Tan nítida se volvió la imagen de Harry en mi cabeza que me impidió seguir pegada a aquel playboy.
Lo maldije antes de tirar del brazo de Chloe, despegándola también de él, y caminar hacia el baño. Iba a necesitar estar mucho más que levemente adormecida por los efectos de una pastilla. Esto requería algo más, pedía a gritos morfina recorriendo por mis venas. Necesitaba estar drogada a fondo,  o no iba a poder mirar a ningún hombre a la cara sin ver la de mi marido.
Tenía que llegar a alucinar.
—Sácalo. –exigí cuando me cercioré de que estábamos solas. Ella dejó en mi mano la tira de papel roja. Mi reflejo estaba borroso en el espejo y no era precisamente porque este estaba sucio.
—Según las indicaciones de Víctor, un trozo pequeño y lo colocas en el interior del párpado inferior. Pestañeas y después no vuelves a ser tú hasta despertar. Eso sí, nunca una dosis mayor que la uña del dedo meñique, si no ese despertar nunca llega.
—¿Me estás diciendo que si me meto este papel en el ojo no voy a controlar mi cuerpo hasta mañana por la mañana?
—El tiempo es indefinido, pero sí. Y no es un cacho de papel, son microgramos de dietilamida comprimida.
—Lo que tú digas, experta en química. –vacié antes de arrancar mi pedazo de la lámina roja.
—Eh, eh, ______, eso es mucha dosis. Y no creo que yo esté lo suficientemente bien para evitar que jodas tu vida el minuto después de habértelo metido. –se quejó mientras yo me inclinaba hacia el espejo. La miré antes de nada.
—Es para olvidar a Harry, ¿vale? No quiero pasarme toda la noche pensando en lo infiel que puedo llegar a serle. Y si por casualidad ocurre, nadie va a saberlo. Ni siquiera yo estaré segura de ello. –sentencié y separé el párpado inferior, lista para introducir la droga.
—Esto me pasa por salir con una casada. –fue lo último que oí de ella después de soltar la piel, con el trozo de papel haciendo cosquillas dentro al disolverse. Y justo después, todo colapsó en negro.

[ … ]
—¿Perdona, has visto a Chloe? –pregunté a alguien alto que pasó por mi lado.  Se detuvo a mirarme, y sujetó más fuerte su vaso, luego desapareció entre el humo.
¡Guau, un truco de magia! ¿Alguien puede hacerlo otra vez?
—¡Chloe! –por fin la había encontrado. Después de horas de búsqueda, una persona alta y con media melena rubia se giró hacia mí.
—¿Qué has dicho, preciosa? –su voz era demasiado grave.
—¿Cuánto has bebido para tener esa voz? ¿Cuándo has crecido? Creo que deberíamos irnos a casa. –hablé de corrido para aquella sombra que bailaba ante mí. ¡Era impresionante, aquí todo el mundo sabía hacer magia!
—¿Quieres venirte a mi casa? –el tono era algo entre vacilante y picarón. Una enorme sonrisa apareció entre las sombras.
¿¡Desde cuando estaba hablando con el gato de Alicia en el país de las Maravillas!?
—¿Chloe? ¿Desde cuando eres lesbiana? A menos que consigas otro tío no voy a hacer nada contigo. Lo siento, no me gusta el rollo bollo. –entonces la sonrisa de Chesire desapareció.– Mierda, ya se me ha escapado el gato.
—Nena, creo que estás muy mal. –la voz disminuyó de tono y luego aquella sombra gris desapareció.
—¡Pero Chloe! ¡No me dejes! –grité, pero fue inútil. Ella me había abandonado. Lágrimas se acumularon en mis ojos, ¡era mi mejor amiga! ¡No puede enfadarse si no quiero nada con ella! Llevé las manos a mis ojos mientras rápidas y abundantes lágrimas caían.
Genial, ahora me llovía en la cara.
Un hombre con una camiseta azul pasó por delante de mí. ¿O era una mujer? Volvió a convertirse en niebla.
—¡Eh! ¡Niebla dentro de una habitación! ¡Vamos a tocarla!  –solté una carcajada mientras corría. Pero ya no había rastro de humos azules.
Como un fogonazo, una copa de un líquido rosa Neón volaba delante de mí, manteniéndose en el aire. Empezaría a golpear a todo el mundo hasta que los puñeteros magos se dignasen a contarme cómo lo hacían.
—¡¿Por qué?! –le grité a la copa.– ¿¡Por qué yo no sé hacer eso!? ¿¡Por qué tu puedes flotar!? ¡¿Me discriminas por ser persona!? –la señalé amenazante.– ¡Te odio! –volví a sentir gotas chocar con mis labios. Cuando las tragué me dejaron el regusto salado.– Ahora hasta llueve por tu culpa. –reclamé y acerqué la mano para cogerla,  fue cuando la tuve en la mano que oí su voz. Esta me estaba hablando.
—¿Qué se supone que haces, idiota? ¡Ese es mi vodka, consíguete uno! –dos parpadeos me permitieron ver a una morena caminar furiosa hacia mí. Luego todo se convirtió en el país de los huevos de pascua con conejitos saltando.
Sentí un golpe en mi lado derecho de la cara, después de que me quitasen el vaso, lo cual me hizo volver a la realidad por unos segundos.
—No sabes con quién te has metido, zorra asquerosa. –dije a la diminuta morena de antes. Mi carácter, más la furia provocada por su tono de bruja, y más los efectos de las drogas, me hicieron volverme roja, literalmente.
Un tacón acabó en mi mano, y no estaba segura de si era el mío, pero sí que era condenadamente alto. La morena retrocedió nerviosa, y no tuve más remedio que lanzárselo cuando echó a correr asustada. Maldije que este no llegase a darle en la cabeza.
Descubrí un círculo de personas con cabezas de perro como caretas que me miraba en silencio. Como si estuviese loca, ¡ja!
—¿Qué coño estáis mirando? –miré hacia abajo.Y esto era lo que se sentía al ver tu par de pies multiplicado por diez.– Volved a lo vuestro, ¡aún tengo otros nueve tacones por lanzar! –ante mi grito todo el mundo se dispersó. Supe que tenía que salir de allí. Con o sin Chloe. Y como buena amiga llamarla la mañana siguiente, averiguar en qué cuneta terminó y mandarle unas flores.
Me pegué a la pared y la recorrí pasando mi mano por ella, intentando dar con la puerta. Pegué puñetazos sin ton ni son a todas esas parejas que se daban el lote, a las cuales yo interrumpía.
Cuando puse un pié fuera y el aire me dio en la cara me sentí como si hubiese abandonado el mundo ocho de Mario Bros después de pasarlo y me hubiese caído en la ciudad de Spiderman. Con la excepción de que ningún tío bueno en traje de arácnido me cogió al vuelo.
Y mejor para él, porque odio las arañas y voy armada con dos cuatro puños y nueve tacones.
De todas las luces que se movían delante de mí como estrellas fugaces a ras del suelo, intentaba averiguar cuál de ellas sería la carroza que me dejase tirada en la acera de delante de mi casa.
Mi mano izquierda pesaba más que la derecha y la miré. ¿Un bolso? ¿Desde cuándo yo tenía bolso? Dejé de buscar respuesta cuando escuché una voz a mi lado.
—¿______? –cuando lo vi, sentí mis ojos abrirse como platos y mi boca casi cae al suelo si pudiese tan siquiera separar los labios.
—¿Víctor? –pregunté, porque me pareció ver largas rastas castañas caer por su espalda.
—Te has pasado con el LSD, ¿verdad? –dijo y ladeé la cabeza, ¿me había drogado? ¿Cuándo? –Estás fatal, déjame llevarte a casa. –mis pies caminaron solos, o quizás por la presencia de su mano sobre mi trasero tirando hacia delante. Me acerqué más a él, y demasiado pronto llegamos a un coche gris. No era capaz de identificar la marca y el modelo, pero di un gran avance visual al no confundirlo con un avión.
Me tumbé en el asiento de atrás y me acurruqué, lista para dormir hasta el día del juicio final. El coche se incluyó al tráfico y mascullé la dirección. Tan siquiera sabía si él me había entendido.
El viaje se sumió en un balanceo rápido, como si estuviese flotando en el agua mientras mariposas vuelan alrededor de mi cabeza. Y cuando el coche se detuvo y unas manos me ayudaron a bajar de él, fue como si un tiburón acabase de tragarme sin tan siquiera masticar.
Prefería los dichosos conejitos cagando huevos de chocolate entre nubes de niebla con purpurina.
Su mano en mi cadera no se despegó hasta que estuve delante de la puerta y fui capaz de meter la llave en la cerradura.
—Gracias. –mascullé.
—De acuerdo, pero la próxima vez dímelo a mí y no a la planta, ¿vale? –su risa sonó como un canto angelical. Estaba lista para desmayarme. Tuve la sensación de que me había besado la sien.– Nos vemos muy pronto, ________.
Solo asentí antes de entrar y cerrar la puerta detrás de mí. Froté los ojos y me centré hasta conseguir un poco de visión y racionalidad. Cuando estuve segura de que podría llegar arriba sin chocarme con las paredes, me encaminé al salón.
Una mirada verde y otra azul se toparon con la mía cuando entré. El sonido de la televisión emitiendo una película pasó a segundo plano mientras mis hormonas, dopadas al máximo con la morfina de ambas drogas, me hacían enfurecer al máximo, dotándome de una visión perfecta y unas ganas de pelea de gatas en barro enormes. Pero me orgullo salió a relucir del fondo de donde quiera que estuviese enterrado y me mantuve firme.
—¿______? –la voz de Harry fue acallada cuando la rubia, también conocida como Aylin habló, incluyendo más mierda en el paquete.
—Perfecto, ______, llegas más que ebria, sin un tacón y con el maquillaje corrido. Créeme que presentaré esto en la próxima vista con el juez. –sonrió con sorna e insinuó su lugar, sentada al lado de mí puñetero marido con unos shorts muy cortos y sobándolo todo lo que quiso. Iba a gritarle, ¡a gritarle y a matarla! Pero no hoy porque los efectos del éxtasis y LSD empezaban a desvanecerse y necesitaba llegar a la habitación antes de caer al suelo medio muerta.
—¿Sabes qué? –hablé para los dos.– No tengo ganas ni de gritarte a ti, –señalé con la cabeza a Harry.– ni de echarte a ti, –ahora señalé a la asquerosa que tenía al lado.– así que buenas noches.
No volví a mirarlos en todo el tramo a las escaleras y agradecí llegar rápidamente  la habitación. El tacón quedó por el camino a la cama y me tiré en ella con vestido y todo. Me tomé un momento para reflexionar, sentándome y apoyándome en la pared.
Maldito Harry, maldita Aylin y maldito el momento en el que no me metí de golpe toda la puñetera dosis de LSD.
Fue un grito proveniente de la planta de abajo lo que me hizo dejar de gritar en mi mente. Era la voz de Aylin. Y gritaba el nombre de Harry. No me moví hasta estar segura de que había oído bien y no habían sido imaginaciones mías.
El segundo chillido me corroboró que ella estaba gritando el nombre de mi marido. Mis labios entreabiertos apenas aspiraron aire la siguiente vez que respiré. ¿Se la estaba…? Ni siquiera iba a decir la palabra.
Los efectos bipolares de la droga hicieron que mis ojos volviesen a derramar lágrimas, y esta vez dolieron más que las anteriores.
¿Cuándo se iba a pasar esta puta sensación? Porque no debería de estar llorando ya que lo que hiciese Harry no me importaba en lo absoluto.

O eso es lo que en el fondo deseaba. 


________________________________________________________
¡Buenas!
Siento haber tardado, pero como anteriormente he dicho, subí el día de mi cumpleaños. 
Tarde, casi se termina, pero hoy. 
Espero que os haya gustado y es un capítulo muuuuy largo. 
Pero (y esto lo siento) la espera que vais a tener que pasar por el siguiente lo compensa. 
¡Gracias a las dos(?) lectoras que aún me quedan! 
Besitos <3

2 comentarios:

  1. Oh dios mio, no me digas que vas a tardar mucho en subir cap? Porque no puedo esperarrrrr por saber qué pasa. Puta Aylin.

    Bueno que aunque hayas tardado mucho en subir otro cap, yo sigo fiel a tu nove. Besis ♡

    ResponderEliminar
  2. Tía me estas matando. El capítulo es jodidamente perfecto, como siempre, pero me haces sufrir haciéndome esperar. Me avisas cuando subas plis? Besos y como le dije a Vi, se buena y sube rápido. ��

    ResponderEliminar