—¡Adiós!
Volveremos a visitaros de nuevo. –mis suegros sonrieron después de la despedida
de mis padres. Luego ellos nos abrazaron también y vimos desde el umbral de la
puerta como ambos coches partían en direcciones opuestas.
Ninguno
de los dos cerró la puerta después. Se quedó abierta mientras mirábamos el
exterior. ¡Y ya volvían los momentos incómodos! Justo como después de la fiesta
de año nuevo.
Regresamos
a casa, habitación, nos desnudamos, nos metimos en cama, apagué las luces y
dormimos espalda contra espalda. Sin palabras de por medio. Y maldije mil veces
que nuestros padres se fueran ya, porque ahora estábamos solos.
Fue
la canción que tenía explícitamente para cuando ella me llamaba la que me hizo
recordar que podía ignorar a Harry todo el día de hoy y gran parte de la noche.
Fiesta con la mejor de las mejores.
—¡Chloe!
–respondí y empecé el recorrido turístico por toda la casa.
—¡______!
¿Qué tal con tu hombre? ¿Ya tengo sobrino en camino?
—No
por ahora, y me parece que después tampoco.
—Vaya
por dios, ya veo que uno de los dos la ha fastidiado. Bueno, da igual, ¡hoy a
las nueve estoy ahí para vestirnos al estilo Las Vegas!
—Oh,
puedo intuir tus intenciones. –una carcajada sonó al otro lado mientras me
dejaba caer al revés en el sofá. Al lado de Harry, que cambiaba de canal con el
mando del televisor. Balanceé los pies, los cuales colgaban al otro lado del
respaldo mientras miraba al techo.– La verdad es que lo estoy deseando.
—Ya
somos dos, además te tengo una sorpresa.
—Me
dan miedo tus sorpresas, a ver si adivino, Víctor está involucrado en ellas. –el
nombre de su proveedor de éxtasis la hizo soltar un grito ahogado.
—¡Joder!
Eres buena. Pero fliparás con esto.
—Espero
que merezca la pena.
—Lo
hará. Esto que te ofrezco va a quitarte el bajón por Harry. Te hará olvidarlo.
Por olvidar, te olvidarás hasta de tu nombre.
—Ojalá
así sea. Bueno, te dejo, hasta las nueve rubia tetona que tengo como mejor
amiga.
—Yo
también te quiero y todo eso. -contestó acompañado de una carcajada y corté la
línea.
—¿Sigue
en pié tu salida con Chloe esta noche? —me sorprendió la pregunta de Harry
cuando me levanté del sofá con intención de irme a la habitación.
Adoraba
cuando se ponía celoso, pero ahora mismo no estaba para gritos.
—Sí.
—tampoco tardé más en emprender de nuevo el camino hacia las escaleras. Volvió
a sorprenderme que me dirigiese la palabra antes de desaparecer del salón.
—Bueno,
pues, ¿Cómo es eso que os decís entre vosotras? Ah, sí, folla bien.
[
... ]
¿¡Cómo
simplemente la idea de que yo follase esta noche le parecía posible!?
Y
así llevaba toda la tarde, después de oír la última frase de Harry. No volví a
salir de la habitación.
¡Agh!
¿Era idiota? Sí, claro que lo era.
Quizás
solía tirarme a todo lo que tuviese cinco patas anteriormente, pero era
consciente de mis responsabilida... No. En realidad no iba a tener sexo esa
noche solo para que no ganase él todo el dinero y así poder seguir pagando a
sus putas.
¡Ja!
¡Chúpate esa!
Oh,
genial, me estoy volviendo loca. Incluso me pareció oír unos pasos de
tacones en las escaleras. ¿Imaginaciones mías?
—¡________!
—Chloe entrando rápidamente en mi habitación me confirmó que no lo eran.
—¿Chloe?
¿Ya son las nueve?
—Y
cuarto. Me ha llevado mi tiempo convencer a tu hombre que lo más fuerte que
harías sería meterte éxtasis. Y casi le da un ataque solo con eso.
—Ya,
bueno, no estamos pasando un buen momento.
—Esta
noche vas a olvidar eso. –sonrió y abrimos mi armario. Dos vestidos de cuero
escote corazón más corto que las bragas y un par de tacones de mate
después, estábamos terminando de maquillarnos en el baño.
—Sé
que pillaste. Dime qué. -ella se aplicaba el delineador aún, cuando
yo ya terminaba de cubrir mis labios de un fucsia neón.
—Tenemos
éxtasis y...
—¿Y?
—Pedí
a Víctor que nos trajese LSD.
—Guau,
que yo soy una mujer casada, guapa.
—¿De
verdad eso te importa hoy?
—Mmmm...
-vacilé- No.
Soltamos
una carcajada mientras bajábamos por las escaleras con los bolsos en la mano y
pisando fuerte con los tacones.
Entramos
en la cocina mientras Harry hacía algo de espaldas a nosotras. Ambas nos
apoyamos en la encimera, insinuando el pecho.
—Eh,
nos vamos. –al oírme se dio la vuelta, abrió la boca sorprendido, dejando caer
el vaso que tenía en la mano al suelo, el cual estalló en mil pedazos.- Volveré
tarde, así que procura no romper toda la vajilla mientras no estoy.
Chloe
soltó una carcajada y chocamos las palmas en alto al salir de la cocina, aún
sintiendo la mirada de Harry en mi cuerpo.
[...]
—Cómo
deseaba esto. -sonreí en la puerta de Greenhouse y no tardamos más en entrar.
Todo
estaba ambientado en colores fucsias y negros. Y las luces parpadeantes
alternaban al ritmo de la música.
La
gente ya se agolpaba en la pista y delante de la barra. Seguí a Chloe, la que
dio dos golpes en uno de los hombros de una ancha espalda, proveniente de un
tío con rastas sujetas a la espalda en una coleta baja. Cuando se giró, soltó
una sonrisa ladeada.
—¡Chloe!
-un abrazo, dos besos en las comisuras y una sonrisa cómplice.
—Víctor.
-había oído hablar de él. Y no sólo en boca de mi amiga. Este tipo era capaz de
pasar cualquier substancia entre fronteras sin que aduanas siquiera lo
sospechase.
—¿Quién
es tu amiga? -pensé que pasaría desapercibida entre su rollo traficante, pero
su mirada recorriendo mi cuerpo me dijo que me tenía calada hasta los huesos.
Por
segunda vez en mi vida la mirada de un hombre hacía que mis nervios recorriesen
todo mi cuerpo y ni estómago se dedicase a saltar a sus anchas.
—Ella
es ________. –Chloe siguió diciendo cosas sobre mí pero yo dejé de escucharla
cuando el enorme cuerpo del rasta acortó el espacio con el mío. Hice una mueca,
ya me veía secuestrada y vendida a un mafioso italiano, o peor aún, a un jeque
árabe como una de sus mil prostitutas particulares. El traficante solo me dio
dos besos al tiempo que situaba su mano en la parte baja de mi espalda. Aun así
no bajé la guardia.
¡Joder,
estaba nerviosa!
Y
más cuando pasó un brazo por mis hombros y los de Chloe, empujándonos hacia la
barra. Él pagó las primeras bebidas y nos condujo hasta una esquina apenas
iluminada por la luz ultravioleta del suelo.
Cuando
mi vaso estuvo vacío por fin me había vuelto a acostumbrar a la sensación del
alcohol inutilizar los sentidos y distorsionar la realidad.
—Después
de esto, –volví a centrarme en Víctor, luego en una diminuta bolsa de plástico
con un par de redondas pastillas color blanco dentro.– debéis esperar mínimo
quince minutos para meteros LSD al ser vuestra primera vez. –me miró ahora a
mí.– Sé que ya habéis probado el éxtasis antes, pero ahora vais a mezclar. Y
realmente espero que tengáis un buen seguro médico.
Del
bolsillo de su chaqueta de cuero sacó una lámina roja de no más de un dedo de
largo y extremadamente fina. Chloe se encargó de guardarla en la bolsa también.
—Ni
se os ocurra consumir todo eso hoy, o la próxima vez que nos veamos será
mientras llevo flores a vuestras tumbas. –la rubia rió y dejó un beso en la
mejilla del traficante como despedida. Yo también me acerqué.
—Morir
drogada está en último lugar de mi lista de cosas que hacer antes de fallecer.
–confesé y mis labios rozaron la diminuta barba de sus mejillas. Soltó una risa
leve.
—Me
caes bien, _____. –sentenció.– Y me encargaré de que nos veamos pronto. –guiñó
un ojo antes de perderse entre la gente, provocando un escalofrío recorrer mi
espina dorsal.
—¡Vamos,
escoge! –Chloe me dio un empujón en mi espalda y pronto estuvimos pegadas de
nuevo a la barra, para terminar con dos chupitos de negrita solo delante de
nosotras. – Después de esto nada volverá a ser lo mismo hasta mañana por la
mañana.
—Ni
se te ocurra volver a dejarme sola, no quiero volver a acabar con un tatuaje de
“Viva las Vegas” en la pierna. –soltó una carcajada seguramente al recordar que
tuve que tapármelo con mi tatuaje del liguero porque era penoso.
—Prometido,
ahora… –una de las pastillas terminó sobre la palma de mi mano.– Padre nuestro
que estás en los cielos, por favor que no salgamos demasiado mal paradas de
esto, no nos dejes ver lo suficientemente mal para acabar en la cama con un
feo, líbranos de caer en la tentación de mezclar Jack, amén. –rezó y después
las redondas píldoras resbalaron por nuestras gargantas seguidas del ron.
Y
entonces el mundo alrededor de mí se calló. Sentí mis ojos expandirse y las
luces convirtiéndose en humo. Mis mejillas, como mecanismos, se estiraron en
una sonrisa. Los latidos de mi corazón se aceleraron de tal manera que podía
sentirlos hasta en el palpitar de los dedos, y los colores oscuros se volvieron
brillantes, y los claros se encendieron como luz de Neón. Todo lo que acaparaba
mi visión se había vuelto refulgente y sentí el ya conocido vuelco de cerebro
antes de que la música volviese a encenderse con más fuerza y con golpes secos.
Chloe
seguía delante de mí, experimentando los mismos efectos que yo en su cuerpo.
Sus carcajadas sonaron fuertes cuando clavó su vista en la mía.
—¡Guau
tía, ¿dónde están tus iris?! –siguió riéndose y supe que mis ojos ahora eran un
enorme círculo negro. No hablé hasta estar segura de que había perdido
completamente la cabeza.
—No
lo sé, –observé mi alrededor. No había caído en el montón de gente bailando, y
al fondo, cerca de la tarima, había un hombre demasiado perfecto moviéndose–
pero voy a buscarlos en los pantalones de aquel tío.
Me
perdí entre la gente, caminando hacia aquel hombre que no debería de estar
moviéndose así, a menos que quiera que lo empotre contra la pared. Antes de
poder llegar a mi objetivo, un brazo tiró de mí.
—Recuerdo
haber dicho que no te dejaría sola. –Chloe me sonreía.– Además estás casada,
así que… Si vas tú, voy yo también.
Carcajeó,
y como consecuencia yo también. Risas y risas, las luces daban vueltas y la
habitación se volvía en blanco y negro por momentos gracias a los focos
alternativos.
Los
ojos eran claros, a diferencia de su pelo. O eso me pareció cuando empecé a bailar
pegada mi objetivo. Chloe también se pegó a él, provocando que se confundiese y
no supiese a cuál de las dos prestar atención. Sentí una de sus manos en las
caderas, suponiendo que la otra estaba en la de mi rubia amiga, y mis recuerdos
viajaron casi ocho meses atrás, el día de mi dieciocho cumpleaños, haciéndome
ver como la protagonista de mi propia película, reviviendo ese día, esa noche.
La noche en la que Harry me había tocado de esta misma manera, manos en la
cintura, moviéndose pegado a mí al compás de la música, y cinco minutos
después, sus manos seguían en mis caderas pero ya no estábamos bajo unos focos,
sino bajo unas sábanas.
Y mi
cerebro activó ese chip que yo luchaba por enterrar siempre, el remordimiento.
Estaba casada y chocando mis caderas con un desconocido. Tan nítida se volvió
la imagen de Harry en mi cabeza que me impidió seguir pegada a aquel playboy.
Lo
maldije antes de tirar del brazo de Chloe, despegándola también de él, y
caminar hacia el baño. Iba a necesitar estar mucho más que levemente adormecida
por los efectos de una pastilla. Esto requería algo más, pedía a gritos morfina
recorriendo por mis venas. Necesitaba estar drogada a fondo, o no iba a poder mirar a ningún hombre a la
cara sin ver la de mi marido.
Tenía
que llegar a alucinar.
—Sácalo.
–exigí cuando me cercioré de que estábamos solas. Ella dejó en mi mano la tira
de papel roja. Mi reflejo estaba borroso en el espejo y no era precisamente
porque este estaba sucio.
—Según
las indicaciones de Víctor, un trozo pequeño y lo colocas en el interior del
párpado inferior. Pestañeas y después no vuelves a ser tú hasta despertar. Eso
sí, nunca una dosis mayor que la uña del dedo meñique, si no ese despertar
nunca llega.
—¿Me
estás diciendo que si me meto este papel en el ojo no voy a controlar mi cuerpo
hasta mañana por la mañana?
—El
tiempo es indefinido, pero sí. Y no es un cacho de papel, son microgramos de
dietilamida comprimida.
—Lo
que tú digas, experta en química. –vacié antes de arrancar mi pedazo de la
lámina roja.
—Eh,
eh, ______, eso es mucha dosis. Y no creo que yo esté lo suficientemente bien
para evitar que jodas tu vida el minuto después de habértelo metido. –se quejó
mientras yo me inclinaba hacia el espejo. La miré antes de nada.
—Es
para olvidar a Harry, ¿vale? No quiero pasarme toda la noche pensando en lo
infiel que puedo llegar a serle. Y si por casualidad ocurre, nadie va a
saberlo. Ni siquiera yo estaré segura de ello. –sentencié y separé el párpado
inferior, lista para introducir la droga.
—Esto
me pasa por salir con una casada. –fue lo último que oí de ella después de
soltar la piel, con el trozo de papel haciendo cosquillas dentro al disolverse.
Y justo después, todo colapsó en negro.
[ …
]
—¿Perdona,
has visto a Chloe? –pregunté a alguien alto que pasó por mi lado. Se detuvo a mirarme, y sujetó más fuerte su
vaso, luego desapareció entre el humo.
¡Guau,
un truco de magia! ¿Alguien puede hacerlo otra vez?
—¡Chloe!
–por fin la había encontrado. Después de horas de búsqueda, una persona alta y
con media melena rubia se giró hacia mí.
—¿Qué
has dicho, preciosa? –su voz era demasiado grave.
—¿Cuánto
has bebido para tener esa voz? ¿Cuándo has crecido? Creo que deberíamos irnos a
casa. –hablé de corrido para aquella sombra que bailaba ante mí. ¡Era impresionante,
aquí todo el mundo sabía hacer magia!
—¿Quieres
venirte a mi casa? –el tono era algo entre vacilante y picarón. Una enorme
sonrisa apareció entre las sombras.
¿¡Desde
cuando estaba hablando con el gato de Alicia en el país de las Maravillas!?
—¿Chloe?
¿Desde cuando eres lesbiana? A menos que consigas otro tío no voy a hacer nada
contigo. Lo siento, no me gusta el rollo bollo. –entonces la sonrisa de Chesire
desapareció.– Mierda, ya se me ha escapado el gato.
—Nena,
creo que estás muy mal. –la voz disminuyó de tono y luego aquella sombra gris
desapareció.
—¡Pero
Chloe! ¡No me dejes! –grité, pero fue inútil. Ella me había abandonado.
Lágrimas se acumularon en mis ojos, ¡era mi mejor amiga! ¡No puede enfadarse si
no quiero nada con ella! Llevé las manos a mis ojos mientras rápidas y
abundantes lágrimas caían.
Genial,
ahora me llovía en la cara.
Un
hombre con una camiseta azul pasó por delante de mí. ¿O era una mujer? Volvió a
convertirse en niebla.
—¡Eh!
¡Niebla dentro de una habitación! ¡Vamos a tocarla! –solté una carcajada mientras corría. Pero ya
no había rastro de humos azules.
Como
un fogonazo, una copa de un líquido rosa Neón volaba delante de mí,
manteniéndose en el aire. Empezaría a golpear a todo el mundo hasta que los
puñeteros magos se dignasen a contarme cómo lo hacían.
—¡¿Por
qué?! –le grité a la copa.– ¿¡Por qué yo no sé hacer eso!? ¿¡Por qué tu puedes
flotar!? ¡¿Me discriminas por ser persona!? –la señalé amenazante.– ¡Te odio!
–volví a sentir gotas chocar con mis labios. Cuando las tragué me dejaron el
regusto salado.– Ahora hasta llueve por tu culpa. –reclamé y acerqué la mano
para cogerla, fue cuando la tuve en la
mano que oí su voz. Esta me estaba hablando.
—¿Qué
se supone que haces, idiota? ¡Ese es mi vodka, consíguete uno! –dos parpadeos
me permitieron ver a una morena caminar furiosa hacia mí. Luego todo se
convirtió en el país de los huevos de pascua con conejitos saltando.
Sentí
un golpe en mi lado derecho de la cara, después de que me quitasen el vaso, lo
cual me hizo volver a la realidad por unos segundos.
—No
sabes con quién te has metido, zorra asquerosa. –dije a la diminuta morena de
antes. Mi carácter, más la furia provocada por su tono de bruja, y más los
efectos de las drogas, me hicieron volverme roja, literalmente.
Un
tacón acabó en mi mano, y no estaba segura de si era el mío, pero sí que era
condenadamente alto. La morena retrocedió nerviosa, y no tuve más remedio que
lanzárselo cuando echó a correr asustada. Maldije que este no llegase a darle
en la cabeza.
Descubrí
un círculo de personas con cabezas de perro como caretas que me miraba en
silencio. Como si estuviese loca, ¡ja!
—¿Qué
coño estáis mirando? –miré hacia abajo.Y esto era lo que se sentía al ver tu
par de pies multiplicado por diez.– Volved a lo vuestro, ¡aún tengo otros nueve
tacones por lanzar! –ante mi grito todo el mundo se dispersó. Supe que tenía
que salir de allí. Con o sin Chloe. Y como buena amiga llamarla la mañana
siguiente, averiguar en qué cuneta terminó y mandarle unas flores.
Me pegué
a la pared y la recorrí pasando mi mano por ella, intentando dar con la puerta.
Pegué puñetazos sin ton ni son a todas esas parejas que se daban el lote, a las
cuales yo interrumpía.
Cuando
puse un pié fuera y el aire me dio en la cara me sentí como si hubiese
abandonado el mundo ocho de Mario Bros después de pasarlo y me hubiese caído en
la ciudad de Spiderman. Con la excepción de que ningún tío bueno en traje de
arácnido me cogió al vuelo.
Y
mejor para él, porque odio las arañas y voy armada con dos cuatro puños y nueve
tacones.
De
todas las luces que se movían delante de mí como estrellas fugaces a ras del
suelo, intentaba averiguar cuál de ellas sería la carroza que me dejase tirada
en la acera de delante de mi casa.
Mi
mano izquierda pesaba más que la derecha y la miré. ¿Un bolso? ¿Desde cuándo yo
tenía bolso? Dejé de buscar respuesta cuando escuché una voz a mi lado.
—¿______?
–cuando lo vi, sentí mis ojos abrirse como platos y mi boca casi cae al suelo
si pudiese tan siquiera separar los labios.
—¿Víctor?
–pregunté, porque me pareció ver largas rastas castañas caer por su espalda.
—Te
has pasado con el LSD, ¿verdad? –dijo y ladeé la cabeza, ¿me había drogado?
¿Cuándo? –Estás fatal, déjame llevarte a casa. –mis pies caminaron solos, o
quizás por la presencia de su mano sobre mi trasero tirando hacia delante. Me
acerqué más a él, y demasiado pronto llegamos a un coche gris. No era capaz de
identificar la marca y el modelo, pero di un gran avance visual al no
confundirlo con un avión.
Me
tumbé en el asiento de atrás y me acurruqué, lista para dormir hasta el día del
juicio final. El coche se incluyó al tráfico y mascullé la dirección. Tan
siquiera sabía si él me había entendido.
El
viaje se sumió en un balanceo rápido, como si estuviese flotando en el agua
mientras mariposas vuelan alrededor de mi cabeza. Y cuando el coche se detuvo y
unas manos me ayudaron a bajar de él, fue como si un tiburón acabase de
tragarme sin tan siquiera masticar.
Prefería
los dichosos conejitos cagando huevos de chocolate entre nubes de niebla con
purpurina.
Su
mano en mi cadera no se despegó hasta que estuve delante de la puerta y fui
capaz de meter la llave en la cerradura.
—Gracias.
–mascullé.
—De
acuerdo, pero la próxima vez dímelo a mí y no a la planta, ¿vale? –su risa sonó
como un canto angelical. Estaba lista para desmayarme. Tuve la sensación de que
me había besado la sien.– Nos vemos muy pronto, ________.
Solo
asentí antes de entrar y cerrar la puerta detrás de mí. Froté los ojos y me
centré hasta conseguir un poco de visión y racionalidad. Cuando estuve segura
de que podría llegar arriba sin chocarme con las paredes, me encaminé al salón.
Una
mirada verde y otra azul se toparon con la mía cuando entré. El sonido de la
televisión emitiendo una película pasó a segundo plano mientras mis hormonas,
dopadas al máximo con la morfina de ambas drogas, me hacían enfurecer al
máximo, dotándome de una visión perfecta y unas ganas de pelea de gatas en
barro enormes. Pero me orgullo salió a relucir del fondo de donde quiera que
estuviese enterrado y me mantuve firme.
—¿______?
–la voz de Harry fue acallada cuando la rubia, también conocida como Aylin
habló, incluyendo más mierda en el paquete.
—Perfecto,
______, llegas más que ebria, sin un tacón y con el maquillaje corrido. Créeme
que presentaré esto en la próxima vista con el juez. –sonrió con sorna e
insinuó su lugar, sentada al lado de mí puñetero marido con unos shorts muy
cortos y sobándolo todo lo que quiso. Iba a gritarle, ¡a gritarle y a matarla!
Pero no hoy porque los efectos del éxtasis y LSD empezaban a desvanecerse y
necesitaba llegar a la habitación antes de caer al suelo medio muerta.
—¿Sabes
qué? –hablé para los dos.– No tengo ganas ni de gritarte a ti, –señalé con la
cabeza a Harry.– ni de echarte a ti, –ahora señalé a la asquerosa que tenía al
lado.– así que buenas noches.
No
volví a mirarlos en todo el tramo a las escaleras y agradecí llegar
rápidamente la habitación. El tacón
quedó por el camino a la cama y me tiré en ella con vestido y todo. Me tomé un
momento para reflexionar, sentándome y apoyándome en la pared.
Maldito
Harry, maldita Aylin y maldito el momento en el que no me metí de golpe toda la
puñetera dosis de LSD.
Fue
un grito proveniente de la planta de abajo lo que me hizo dejar de gritar en mi
mente. Era la voz de Aylin. Y gritaba el nombre de Harry. No me moví hasta
estar segura de que había oído bien y no habían sido imaginaciones mías.
El
segundo chillido me corroboró que ella estaba gritando el nombre de mi marido.
Mis labios entreabiertos apenas aspiraron aire la siguiente vez que respiré.
¿Se la estaba…? Ni siquiera iba a decir la palabra.
Los
efectos bipolares de la droga hicieron que mis ojos volviesen a derramar
lágrimas, y esta vez dolieron más que las anteriores.
¿Cuándo
se iba a pasar esta puta sensación? Porque no debería de estar llorando ya que
lo que hiciese Harry no me importaba en lo absoluto.
O
eso es lo que en el fondo deseaba.
________________________________________________________
¡Buenas!
Siento haber tardado, pero como anteriormente he dicho, subí el día de mi cumpleaños.
Tarde, casi se termina, pero hoy.
Espero que os haya gustado y es un capítulo muuuuy largo.
Pero (y esto lo siento) la espera que vais a tener que pasar por el siguiente lo compensa.
¡Gracias a las dos(?) lectoras que aún me quedan!
Besitos <3
Oh dios mio, no me digas que vas a tardar mucho en subir cap? Porque no puedo esperarrrrr por saber qué pasa. Puta Aylin.
ResponderEliminarBueno que aunque hayas tardado mucho en subir otro cap, yo sigo fiel a tu nove. Besis ♡
Tía me estas matando. El capítulo es jodidamente perfecto, como siempre, pero me haces sufrir haciéndome esperar. Me avisas cuando subas plis? Besos y como le dije a Vi, se buena y sube rápido. ��
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