Comenzaré
desde el principio, mucho antes de aquel viaje en el que acabé casada con un
desconocido y con el que ahora estoy en juicio. Todo se remonta tres meses
atrás, un 28 de mayo, cuatro días antes de mi dieciocho cumpleaños:
—¡Papá! -grité desde el recibidor- ¡Papá!
—¿Qué pasa, cariño?
—A ver si adivinas quién cumple dieciocho años en cuatro días.
—Ya te me haces mayor… ¿Y bien? ¿Qué quieres por tu cumpleaños?
—Quiero irme de vacaciones a Las Vegas. Con Chloe.
—Pero cariño… puedes pedirme lo que quieras, ¿no hay nada que te apetezca? No puedo dejarte ir sola con Chloe a Las Vegas.
—Pero ¡yo quiero ir allí!
—Lo siento, piensa en otra cosa, eres demasiado joven.
—¡Tú no me quieres! ¡Nunca me haces caso ni me das nada de lo que te pido! ¡Eres el peor de los padres! ¡Ya no te quiero!
—¡Entiende que una niña de dieciocho años recién cumplidos no puede ir sola por las calles de Las Vegas! He dicho no. -dijo dando por finalizada la discusión.
Y ese fue mi primer intento por conseguir viajar a Las Vegas, pero se quedó en un capricho más, no consentido. Mi cumpleaños lo pasaron sin saber de mí en todo el día, como si no supieran que _____Smith siempre se salía con la suya. Mientras mis padres pensaban que estaba enfadada y me había ido durante una semana a casa de mis tíos lejanos para aclarar las ideas, yo y mi amiga Chloe cogíamos un vuelo hacia la ciudad del pecado. Mis padres me habían enseñado demasiado bien, y con una generosa cantidad de dinero que me permitiría vivir cual reina durante la semana que pasaría allí, me despedí de mi ciudad natal.
—¡Eres la puta ostia, tía! -exclamó ella cuando llegamos a primera clase- ¿Pero tus padres no se darán cuenta de tanto gasto?
—Estoy pagando en efectivo, cariño.
—Te han enseñado demasiado bien -rió.
Eso había sido su error número uno, debían haberse imaginado que lo podría haber utilizado para escaparme.
Después de un par de horas de vuelo, aterrizamos. Con las maletas en la mano, subimos a la limusina que había mandado reservar.
—¡Rumbo al Bellagio! -exclamó mi amiga nombrando uno de los hoteles más lujosos del lugar.
—Lo siento guapa, pero me temo que no iremos a ese hotel -dije y la limusina se detuvo. Guiñé un ojo al guapo conductor y este nos dejó el viaje gratis.
—Pero... ¿entonces dónde nos hospedaremos? -se mostró desilusionada mi rubia amiga.
—Buscaremos un hotel en el que mis padres no sospecharían que me hospedaría. Y acaba de ocurrírseme uno perfecto.
—Oh, no. Creo que te estoy leyendo la mente, no te referirás al...
—Flamingo.
—Lo sabía -dijo llevándose una mano a la cabeza- ¡Pero es un jodido hotel de lesbianas!
—Y espero que sepas actuar como tal.
—Estás de broma.
—Vamos "cariñín". -añadí guiñándole un ojo.
Con una cara de horror, fingida, entramos en el llamativo hotel cogidas de la mano.
—Buenos días señor -dije apoyándome en el mostrador- Mi pareja y yo queremos una suite.
—Ahora les asigno una habitación -dijo tecleando en el ordenador.
—No sé si no me ha escuchado bien, pero a menos que no quiera que le corte el pene y le quite los ojos con el, quiero una suite, con vistas a todo Las Vegas, un gran balcón y todos los lujos imaginables.
—Supongo que la suite presidencial será de su gusto... señorita. Y déjeme adivinar, registro anónimo, ¿cierto?
—Veo que es inteligente, y si puede darse prisa, mucho mejor -exigí buscando con la mirada un botones que llevase nuestro equipaje a la habitación.
No me imaginaba todo lo que iba a pasar en aquella habitación esa misma noche, y las consecuencias que desencadenaría ello.
—¡Papá! -grité desde el recibidor- ¡Papá!
—¿Qué pasa, cariño?
—A ver si adivinas quién cumple dieciocho años en cuatro días.
—Ya te me haces mayor… ¿Y bien? ¿Qué quieres por tu cumpleaños?
—Quiero irme de vacaciones a Las Vegas. Con Chloe.
—Pero cariño… puedes pedirme lo que quieras, ¿no hay nada que te apetezca? No puedo dejarte ir sola con Chloe a Las Vegas.
—Pero ¡yo quiero ir allí!
—Lo siento, piensa en otra cosa, eres demasiado joven.
—¡Tú no me quieres! ¡Nunca me haces caso ni me das nada de lo que te pido! ¡Eres el peor de los padres! ¡Ya no te quiero!
—¡Entiende que una niña de dieciocho años recién cumplidos no puede ir sola por las calles de Las Vegas! He dicho no. -dijo dando por finalizada la discusión.
Y ese fue mi primer intento por conseguir viajar a Las Vegas, pero se quedó en un capricho más, no consentido. Mi cumpleaños lo pasaron sin saber de mí en todo el día, como si no supieran que _____Smith siempre se salía con la suya. Mientras mis padres pensaban que estaba enfadada y me había ido durante una semana a casa de mis tíos lejanos para aclarar las ideas, yo y mi amiga Chloe cogíamos un vuelo hacia la ciudad del pecado. Mis padres me habían enseñado demasiado bien, y con una generosa cantidad de dinero que me permitiría vivir cual reina durante la semana que pasaría allí, me despedí de mi ciudad natal.
—¡Eres la puta ostia, tía! -exclamó ella cuando llegamos a primera clase- ¿Pero tus padres no se darán cuenta de tanto gasto?
—Estoy pagando en efectivo, cariño.
—Te han enseñado demasiado bien -rió.
Eso había sido su error número uno, debían haberse imaginado que lo podría haber utilizado para escaparme.
Después de un par de horas de vuelo, aterrizamos. Con las maletas en la mano, subimos a la limusina que había mandado reservar.
—¡Rumbo al Bellagio! -exclamó mi amiga nombrando uno de los hoteles más lujosos del lugar.
—Lo siento guapa, pero me temo que no iremos a ese hotel -dije y la limusina se detuvo. Guiñé un ojo al guapo conductor y este nos dejó el viaje gratis.
—Pero... ¿entonces dónde nos hospedaremos? -se mostró desilusionada mi rubia amiga.
—Buscaremos un hotel en el que mis padres no sospecharían que me hospedaría. Y acaba de ocurrírseme uno perfecto.
—Oh, no. Creo que te estoy leyendo la mente, no te referirás al...
—Flamingo.
—Lo sabía -dijo llevándose una mano a la cabeza- ¡Pero es un jodido hotel de lesbianas!
—Y espero que sepas actuar como tal.
—Estás de broma.
—Vamos "cariñín". -añadí guiñándole un ojo.
Con una cara de horror, fingida, entramos en el llamativo hotel cogidas de la mano.
—Buenos días señor -dije apoyándome en el mostrador- Mi pareja y yo queremos una suite.
—Ahora les asigno una habitación -dijo tecleando en el ordenador.
—No sé si no me ha escuchado bien, pero a menos que no quiera que le corte el pene y le quite los ojos con el, quiero una suite, con vistas a todo Las Vegas, un gran balcón y todos los lujos imaginables.
—Supongo que la suite presidencial será de su gusto... señorita. Y déjeme adivinar, registro anónimo, ¿cierto?
—Veo que es inteligente, y si puede darse prisa, mucho mejor -exigí buscando con la mirada un botones que llevase nuestro equipaje a la habitación.
No me imaginaba todo lo que iba a pasar en aquella habitación esa misma noche, y las consecuencias que desencadenaría ello.
Primera en comentar *_* Solo he leído esto y ya se que me va a encantar :)) Tu no dejes de escribir eh ;) Besos.
ResponderEliminarMuchas gracias por comentar<3
ResponderEliminarSubo los domingos así que prepárate por que pasado mañana hay nuevo capítulo!
Gracias por leer! Besos (:
Hola! Bueno lo primero decirte que hoy estoy empezando a leer la novela y he leído la introducción y el primer capítulo y ya estoy enamorada de la novela.
ResponderEliminarMe encanta como escribes, no dejes la novela va? Voy a seguir enamorandome de tu novela.
Besitos amor!