—Que
sea la última vez que dejas entrar a tus amigos a mi casa. –dijo en mi oído
cuando cerré la puerta, después de que Chloe y Martin, su ligue, se fueran.
—Yo
no critico a tus amigos, así que deja los míos en paz. –los defendí.
—¿Sabes
lo que tenemos que hacer hoy, verdad?
—Si
no te refieres al coito o alguna otra actividad sexual, ni idea.
—Si
después de esto no me esperaran tres millones de dólares, te echaría a
patadas…-susurró más para sí que para mí. –Tenemos que ir a terapia de parejas.
Es una vez a la semana, ¿recuerdas?
—¿A
qué hora?
—Cinco.
–dijo y se dejó caer en el sofá.
Faltaban
quince minutos para las cuatro cuando salí de la ducha. Después de revolver
entre mi ropa, la que había dejado caer en la cama de otra habitación. Oí la
puerta cerrarse y me asomé a la ventana al acabar de calzarme. Harry corría
hacia su coche con la dirección de la psicóloga de parejas en la mano. Todavía
no eran las cuatro… ¿A sí que me has engañado con la hora, eh Styles? Sabía que
si yo no me presentaba, sería desacato al tribunal, por lo que el dinero sería
completamente para él.
¿Quieres
jugar sucio? Eché a correr hacia abajo y salí por la puerta antes de que le
diera tiempo a encender el coche. Me recosté sobre el capó de este, mirando
hacia Harry, el que no tardó mucho en salir.
—¿Te
apartas, por favor? Necesito hacer unos recados.
—Ya,
y esos recados no serán ir a ver a nuestra psicóloga, ahora –recalqué el ahora-
a las cuatro. –volví a recalcar la última palabra. Estuvo durante tres segundos
en silencio y luego echó a correr calle abajo. Solté una carcajada, ¿quería
jugar? Corrí tras de él agradeciendo haberme calzado un par de Converse. Llamó
al primer taxi que pilló, pretendiendo subir a él, pero lo alcancé y tiré de su
cuerpo, subiéndome yo a este.
—A
la 45 con Riberside, ¡rápido! –dije y el taxista arrancó rápidamente. Enseñé mi
dedo corazón por el cristal trasero a Styles, ya que se había quedado parado en
medio de la carretera. Solté una carcajada y en unos segundos oí el sonido de
mi móvil.
—¿¡Qué!?
–exclamé al descolgar, era él.
—Dudo
que puedas pagar al taxista sin tu cartera. –para luego oírlo reír cínicamente,
y por el cristal, lo vi con ella en la mano.
—Solo
cinco dólares…-susurré al ver la cantidad que llevaba en el bolsillo.- ¿¡Tienes
mi cartera!?
—¡Eh!
–se detuvo el taxista- ¿no lleva dinero, eh? Bájese.
—Vamos,
¿qué quieres? Podemos llegar a un acuerdo.
—Enséñeme
las tetas.
—¿¡Qué!?
—Te
sorprenderías de las veces que suele pasar. –observé a Harry corriendo hacia
aquí, y no tuve más remedio.
—Está
bien, una teta. ¡Solo una!
—De
acuerdo. –dijo lo más serio del mundo y vacilé, antes de descubrir uno de mis
pechos por el escote. No tardó mucho en arrancar y volver a poner rumbo a la
dirección establecida, dejando atrás a Styles.-¡No hay nada como unos bonitos
melones! –exclamó dando la vuelta a la calle.
—¿Qué
problema tiene?
—Ninguno,
me gustan las tetas. –añadió el, como mucho, treintañero taxista, bien
descuidado físicamente y con una barba de semanas. Muy a mi pesar, al dar la
vuelta a la manzana dónde se establecía el mercado, nos encontramos con un
atasco.
—¿Hay
algún modo de evitar esto? –pregunté esperanzada.
—¿Te
parece que hay algún modo de evitarlo?
Miré
hacia los lados a ver si de alguna manera avanzaba, y me sorprendí al volver a
ver a Styles, en monopatín, pasando por al lado derecho de mi taxi y riéndose e
imitando cómo si estuviera llorando.
—¡Me
bajo! –gruñí y eché a correr. Me acerqué a un puesto de fruta del mercado.
–¿Cuánto por diez naranjas? –grité metiéndolas en la bolsa rápidamente.
—Dos…
-no le dejé acabar, me largué de allí, persiguiendo a Styles con una bolsa
llena de naranjas y los gritos de un vendedor enfurecido, de fondo. Corrí tras
de él por medio de la carretera y asesté, con puntería, un golpe en su cabeza
con una de las naranjas, lo que hizo que se llevase una mano a esta. La naranja
rebotó en uno de los coches haciendo que se activase la alarma del mismo. Aun
así seguí lanzándole naranjas, asestando golpes que él intentaba esquivar.
Quejándose por cada uno que recibía, hasta que miró atrás y aproveché para
darle con una naranja en su bonita cara. Por lo que perdió en equilibrio
cayendo sobre uno de los puestos del mercado. Me reí al pasar por su lado y con
la última naranja le di un golpe en sus partes nobles y eché a correr hacia el
autobús de dos plantas, que estaba a punto de salir, sentándome en la superior.
Me
reí a más no poder, ya sentada en aquel asiento, hasta que sentí su cara a dos
centímetros de la mía, lo que me hizo dar un salto en el asiento.
—¿Está
ocupado? –se burló y se sentó a mi lado, no sin antes hacerme la vida
imposible, apretujándome contra el asiento.
—¡Lárgate
de aquí! –dije empujándolo con los pies, contra el borde del autobús.
—¿¡Central
Park, amigos, a que es precioso!? –oímos al guía del autobús y aproveché para
bajarme de este. Corrí por todo Cetral Park, perseguida por Harry. Robé una baguette
de pan a una de las familias que allí había, y para mi sorpresa, Harry hizo lo
mismo. Me detuve para propinarle el primer golpe, otra vez en sus partes y eché
a correr de nuevo. Esquivé la barra de pan que me había lanzado. Entonces
divisé a una familia, que parecían brindar, con copas de Smirnoff.
—¡Gracias!
–exclamé arrebatando una de ellas y bebiéndomela de un golpe, para acabar
dejando el vaso tirado por ahí. Seguí corriendo hasta llegar a uno de los
límites. Si no me equivocaba estaba cerca de la consulta. Harry me pisaba los
talones, e incluso me dio un leve empujón contra uno de los arbustos. Se acercó
a uno de los muros, que limitaba con el edificio donde ésta se encontraba.
Aproveché para tirarle de los pantalones, haciendo que cayese al suelo y yo
misma empecé a escalar. A la par llegamos a la cima del muro, con toda la ropa
llena de hojas y ramas. Corrí hacia la puerta dónde nos esperaba la psicóloga,
y entré lo más rápido que pude, pero él tiró de mi brazo dejándome rezagada y
echando a correr hacia el sofá de la sala. Salté sobre sus hombros ante la
perpleja mirada de la Doctora Twichard, y ambos caímos sobre el diván. Dejamos
la pelea a parte para centrarnos en la Doctora, quedándonos uno al lado del
otro.
No
tardamos en empezar a hablar a la vez, quejándonos de la conducta del
contrario.
—¡Es
una irresponsable!
—¡Ni
siquiera me quejo cuando me pone los cuernos con Aylin! ¡Y aun por encima que
hago las tareas de una buena esposa, no tiene huevos a presentarme ante su
jefe!
—¡No
piensa en nada más que en sexo, en sexo y en sexo!
—¡Intenta
obligarme a dormir en el salón!
—¡Está
bien! –exclamó la susodicha. –Ahora sí parecéis un matrimonio de verdad.
Cada vez estoy más enganchada en serio (: ¿Tienes tuenti o algo para poder hablar contigo? (:
ResponderEliminar¡Muchas gracias por leer!
ResponderEliminarY sí, tengo tuenti: Ally Love One Direction.
Agrégame o dame el tuyo y lo hago yo:P
¡Gracias otra vez! ♥
Te he mandado la petición ahora mismo, Paula Martos Fernández <3
ResponderEliminarNo hay de que (: